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El gobierno instalado en Kiev, de carácter y medidas fascistas, muestra nuevamente su artillería anticomunista al “prohibir al Partido Comunista y a otras dos formaciones comunistas de participar en la vida política del país, incluidos los procesos electorales” (sic), palabras, nada más y menos que fueron transmitidas por Alexánder Turchínov, jefe del Consejo de ¿Seguridad y Defensa? de Ucrania.

La violenta política que se está imponiendo en Ucrania desde el golpe de estado de 2014, continúa su andadura de la mano del imperialismo norteamericano y de la Unión Europea (UE). Entonces, los sangrientos actos en la Plaza de Maidán provocaron un golpe de estado de facto que abrió la secesión de Crimea y la zona de Donbass.

La actitud fascista del gobierno de Kiev ha continuado con su política hostil hacia las organizaciones comunistas, encabezadas por el Partido Comunista de Ucrania, que han sido vilipendiadas y perseguidas desde el golpe, por la proyección anticomunista del imperialismo yanqui y de la UE. Desde el mismo golpe de estado, tanto gobierno, como las organizaciones derechistas y hasta reformistas, trabajaron por la ilegalización de los comunistas en todos los órdenes. Se han estado empleando no sólo en la ilegalización de los PC, sino también expulsando de la Rada (Parlamento) a los diputados elegidos, y hasta en la persecución de las ideas.

Los vientos anticomunistas soplan por Europa cada vez con más fuerza. La crisis capitalista refuerza esta posición por el miedo a que la salida sea a través de la recuperación de la memoria del pasado socialista que vivió Ucrania en su pertenencia a la URSS.

Son varios gobiernos de los países del antiguo campo socialista de los países del Este de Europa los que centran su política reaccionaria en la persecución a los comunistas. El Parlamento Europeo acaba de aprobar una resolución cínica e hipócrita, en la que identifica al nazismo y al comunismo, al agresor y a la víctima; al que practicó el racismo y el genocidio, con el que sacrificó a 27 millones de soviéticos para detener a la bestia.

Miedo, mentira, falsedad y violencia, son las armas del imperialismo contra los pueblos. La lucha de clases en determinados momentos, depara estos episodios a lo largo de la Historia. Los pueblos, con la dirección de su partido comunista, sabrán afrontarlos.