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Los mineros, los obreros mineros que extraen el carbón, han protagonizado desde el 2010 hasta hoy diferentes etapas de una misma lucha: la lucha por el mantenimiento del sector, del empleo y de los derechos. Muchas fueron las trabas hasta hoy y mucha también la evolución en la conciencia de clase de los mineros. Como punto álgido del conflicto todos recordamos la huelga del verano del 2012, con la marcha minera a Madrid, pero si nos fijamos en la última etapa de la lucha de la minería es ésta la menos reconocida mediáticamente pero también la más importante, pues es la que nos ha dado una contundente victoria a los mineros y por ende a toda la clase obrera. Es una lucha y digo es, porque aún no ha finalizado, por dos razones que cada vez más compañeros comprenden. La primera porque aún quedan puntos muy concretos de esta lucha y la segunda porque la lucha nunca acaba, pues no es otra cosa que la lucha de clases y mientras exista el capitalismo como sistema no vamos a estar en paz, ni los mineros ni nadie. Como decía es una lucha que no sólo ha elevado la conciencia sino que ha supuesto toda una escuela. Para los mineros comunistas ha supuesto la puesta en práctica de los análisis del partido comunista, los cuales han sido elaborados con un margen de error ínfimo. El marxismo – leninismo como ciencia nos ha permitido conducir políticamente el conflicto.

Como bien apuntaba José Iván (Tote) en el artículo escrito en el Propuesta Comunista sobre la huelga del 2012 “ A pesar de que la huelga ha sido desconvocada sin alcanzar los objetivos propuestos……la clase obrera ha salido fortalecida de esta batalla, ha sido la estrategia del pacto social y la colaboración de clases lo que se ha desacreditado” En efecto, esto lo corrobora esta última etapa de lucha que se ha centrado en las cuencas de León y Asturias y cuyo epicentro es la explotación de Cerredo. Es ahí donde se formó el CUO de la minería, donde las asambleas arrancaron la soberanía y asumieron la dirección del conflicto tirando abajo las estrategias del Pacto, donde la mayoría hacía lo que en asamblea se decidía independientemente de la afiliación sindical, donde la confrontación obrero-empresa se tornó ofensiva. Todo esto, las asambleas en los pozos de Humosa, la empresa pública y el acto solidario de los CUO del Caudal supuso un hito en la historia de la minería ya que abrió una grieta en el castillete cuya hegemonía reposaba sobre los hombros de una aristocracia obrera asentada en las cúpulas sindicales, que lejos de confrontar con el capital de las empresas mineras y los monopolios mineros gestionaban sus necesidades, como se pudo ver en UMINSA donde los dirigentes del SOMA-UGT (mayoría en el comité de empresa), y de CCOO, firmaron las exigencias del monopolista Victorino Alonso.

De hecho, ahora que hablamos de UMINSA, aunque las comparaciones parecen odiosas son necesarias como ejemplos y puntos de referencia. Y es que mientras en UMINSA se traicionaba a los compañeros, en Cerredo la correlación de fuerzas se inclinaba a favor de los mineros gracias a un tipo de lucha que, como vemos, conduce a victorias.

Pero ¿cuáles son las victorias concretas? -se preguntará quien esto lea- Son en primer lugar el mantenimiento de la mina con actividad, la defensa del estatuto del minero, aplicable a todo el sector, no aceptando aumentos de jornada y la reincorporación de todos los despedidos. Expulsando al monopolista Victorino Alonso de la explotación de Cerredo y exigiendo su nacionalización como estrategia para conquistar mayores cotas de poder obrero.

Por otra parte recientemente se ha firmado el plan general de minería, el cual aboca al cierre a la mayoría de las explotaciones mineras si (según su lenguaje) no son competitivas, o sea, que el reto que a la clase obrera minera le espera no es otro que la lucha, identificar el papel de la socialdemocracia y del reformismo como enemigos de la clase obrera, y la construcción del socialismo, eso o directamente la miseria.

Saúl Carcarosa