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Fem República Catalana, la consigna de la manifestación del 11 de septiembre de 2018, comparece ahora, escuálida, sin concreción alguna, es una soflama para mitigar la depresión del imaginario colectivo. La frustración es profunda en el conglomerado independentista. La movilización de masas contra la muralla del Estado Monárquico ya no es útil y las “huelgas” (convocadas sin participación real del movimiento sindical) no son necesarias. Estamos en un contexto de marcha atrás, de aceptación de un fracaso, la coyuntura obliga a aterrizar una vez más en el espacio autonomista, los pasos postelectorales así lo indican. PSC y Junts per Catalunya consuman su pacto en la Diputación de Barcelona.

La reacción contraria al derecho de autodeterminación es violenta. El modelo monárquico es un fortín, diseñado para cobijar los intereses de la Oligarquía Franquista y rendir vasallaje al imperialismo otánico. Este Estado Burgués no da tregua y criminaliza las acciones movilizadoras de la Generalitat y de los movimientos sociales que apoyan el Procés Catalá. Es el acoso-represivo para encapsular o finiquitar el proyecto independentista. Es previsible esta violencia, acostumbradas las élites a ejercer su dominación con represión a los desafectos del sistema. La muestra son los 805 videos realizados el día del Referéndum del 1 de octubre de 2017 que podemos ver en las redes sociales. Con la invasión de miles de agentes de la Guardia Civil y Policía Armada en Catalunya, no pretendían dar una respuesta proporcional a una “acción ilegal”, era la primera advertencia seria y represiva a la aventura secesionista.

¿En realidad el órdago (hegemonizado por la burguesía catalana) podía hacer temblar los cimientos del sistema? ¿La aventura contaba con apoyos inconfesables? Para algunos próceres del proyecto rupturista era evidente que sí. Se frotaban las manos los conferenciantes del “Nuevo Orden Catalán” con ofertas de puestos de trabajo en la fabricación de helicópteros artillados para las intervenciones imperialistas en el Mediterráneo, o jugosos dividendos en la construcción de bases militares de EE.UU. en territorio catalán. Vaya augurios para una sociedad que votó OTAN NO en el referéndum trampa de Felipe González. Estos y otros anuncios nos mostraban una vez más, cómo los burgueses se adueñan del imaginario colectivo para sus intereses de clase. El pueblo sueña con la quimérica libertad y los burgueses buscan el apadrinamiento de la potencia imperialista más agresiva del planeta.

Estos acontecimientos tienen un hilo conductor. La burguesía catalana fue hábil a la hora de eludir sus responsabilidades en la pasada Crisis Capitalista, y muy inteligente al aglutinar a importantes sectores populares, por el agravio que supuso la Sentencia del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de 2006, que fue hecha pública el 28 de junio de 2010, cuatro años después de la presentación del recurso de inconstitucionalidad interpuesto por el Partido Popular sobre 114 de los 223 artículos del Estatut, refrendado por los catalanes en el referéndum celebrado el 18 de junio de 2006. El Tribunal Constitucional por ocho votos contra dos, declaró inconstitucionales 14 artículos y sujetos a la interpretación del tribunal otros 27 (por seis votos contra cuatro). Además, el tribunal estimó que "carecen de eficacia jurídica" las referencias que se hacen en el preámbulo del Estatuto a Cataluña como nación y a la realidad nacional de Cataluña. El fallo se conoció el 9 de julio de 2010, un día antes de la celebración en Barcelona de la manifestación de rechazo a la sentencia bajo el lema Som una nació. Nosaltres decidim. Con el descontento popular de unas masas sin referente de clase y alimentadas con un discurso étnico y decimonónico que no se ajusta a la realidad del desarrollo histórico en Catalunya, determinado este, por la Revolución Industrial y el antagonismo de clases, ¡era la oportunidad!, y, como en 1789, la burguesía lanzó contra la fortaleza del monarca Borbón a los sin calzones (los sans-culottes) al grito de ¡Madrid nos roba!.

Catalunya es una nación, La respuesta está en el ejercicio del derecho a la autodeterminación. El pueblo catalán en su mayoría es partidario de ejercer este derecho. Más allá del relato medieval de los Condados Catalanes y de la Marca Hispánica del imperio carolingio. Generación tras generación se acrisola con la incorporación de nuevas migraciones una conciencia nacional, también se fragua el combate por las libertades y los derechos sociales. La confrontación contra el estado monárquico-burgués no es solo una cuestión identitaria, es principalmente una lucha de clases. En Catalunya se asedió el Parlament en los primeros compases de las movilizaciones de los Indignados. Las políticas de recortes en los servicios públicos eran inaceptables, y lo son ahora cuando se van aplicando por la ausencia de movilización y organización de la clase obrera.

En esta crisis sistémica, donde el porvenir para la clase obrera es incierto, se consolida la argamasa del “Espíritu Constitucional” y el alquimista Sánchez es el encargado de transformar los materiales ruinosos en abalorios dorados para cegar a las masas. La puesta en escena, es un brindis al sol, ¡es la negación de la política! Sin propuesta alguna para acometer reformas de calado, son los réditos electorales su táctica y estrategia, dos por una. En un contexto de ataque sin precedentes a los derechos sociales y libertades de los trabajadores los “Representantes del Pueblo” como avezados trileros se juegan nuestro futuro. ¡No hay! ¡ni habrá! respuesta del Estado Español a las demandas del derecho de autodeterminación, “España es Una, Grande y Libre” y se ajusta a los planes imperialistas de la U.E. La superación de este régimen no está en manos de la aportación nacionalista por importante que sea, está fundamentalmente en la determinación de la Clase Obrera. No habrá acuerdos parlamentarios o cambios en la constitución monárquica que satisfagan las necesidades de las clases subyugadas. Los planes de la U.E. Para empobrecer a las masas, requerirá de una alianza de fuerzas populares y revolucionarias, una evolución de la conciencia de clase de partidos, movimientos sociales y organizaciones sindicales en todo el Estado para la ruptura del statu quo y la consecución de la República Socialista y Confederal. Sus avances o retrocesos dependerán de la correlación de fuerzas que exista en cada momento.

El Proceso Constituyente de la Republica Catalana es una entelequia, es una operación cosmética, sin una participación real de la ciudadanía, es un input para mantener el ánimo de unas fuerzas cada vez más maltrechas. La burguesía ya tiene un plan elaborado y diseñado para mantener sus privilegios de clase. Aquellos que vieron en los CDRs. una posibilidad de participación y de cambio, se encuentran con un instrumento organizativo restringido, descoordinado y poco democrático, incapaz de generar debates de calado ni de tejer alianza alguna, es un organismo al servicio de la causa burguesa. Se explora un acuerdo con el Estado y no se está interesado en organizar a la clase obrera como motor de la movilización. El conglomerado independentista cuenta con los “suyos”, un movimiento transversal donde conviven elementos reaccionarios con movimientos de la izquierda independentista. En estas condiciones no puede haber programa para los derechos de las capas oprimidas, ni para la autodeterminación de los pueblos.

La clase obrera alienada por los medios de comunicación al servicio del capital, es rehén de oportunistas, que demagógicamente opacan el conflicto de clases. No hay intención de caminar hacia la República. El proyecto de los oportunistas, transversal, poliédrico y plural es un instrumento inútil para la movilización sostenida. Este modelo organizativo, que es asumido por organizaciones tan dispares como los CDRs o los comunes de Ada Colau está en confrontación con el Frente Obrero y Popular al Socialismo. El proyecto para la participación democrática de las masas y la elevación de la Conciencia Revolucionaria.

Enric Lloret