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Desahuciada una familia de la vivienda en alquiler en la que residía y activistas de la Plataforma Stop Desahucios tratan de evitar que se haga efectivo el desalojo, sin lograrlo debido a la intervención policial.

En la España de la crisis y los 6.200.000 de parados/as, situaciones como ésta suceden a diario, pero, por habituales, son muy pocas las ocasiones en las que consiguen hacerse un hueco en las portadas de los periódicos y sumarios de los informativos televisados. En Alacant, el pasado 7 de Mayo sí consiguió hacerse un hueco, en la parrilla de todos los medios de comunicación, una situación exactamente igual a la descrita ¿Cuál fue la diferencia? Los desalojados eran una familia de “disidentes del régimen castrista” y hubo dos detenidos acusados de atentado a la autoridad.

Hablamos de una familia del grupo de 685 disidentes y presos políticos cubanos que, por acuerdo del gobierno Zapatero con el de Cuba e intermediación de la Iglesia católica, se trajeron en 2010 para España al grito de libertad y democracia y con la promesa de mantenerlos durante un tiempo a costa de las arcas del estado. Gestión con la que el gobierno cubano aliviaba en gran medida la campaña mediática orquestada en torno al grupo de mercenarios detenidos en 2003 y, de paso, se libraba de un buen número de delincuentes comunes y lumpen con vínculos familiares con estos mercenarios. Un pequeño Mariel que, una vez más, demuestra la audacia y el saber hacer de la diplomacia cubana.

Llegados a España, estos vendepatrias, contradiciendo sus postulados ideológicos de exaltación del libre mercado y la competitividad, pensaban vivir toda su vida sin trabajar y llegando a fin de mes gracias a la sopa boba. Objetivo que, ciertamente, han logrado durante los meses en los que estaba comprometida la ayuda por parte del estado español, pero que, una vez vencida ésta y con los presupuestos sociales reducidos al mínimo, les es imposible mantener, dándose de bruces con la verdadera cara de su soñado paraíso capitalista. Pena ninguna, pues sólo tienen lo que se merecen y lo que han cosechado toda su vida. Querían capitalismo, ahí lo tienen, que conozcan la realidad de este sistema y acaben añorando la vida que, por dinero y mezquindad, abandonaron en la Cuba Socialista.

Pero, lógicamente, no todo el mundo piensa así y las personas que conforman la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Alacant, con el apoyo de organizaciones como IU y Republicanos decidieron salir en apoyo de estos miserables que reclaman una atención social preferente por su condición de “refugiados políticos de la dictadura comunista de los hermanos Castro”. No, ellos no denunciaron su caso como un ejemplo más de la dura realidad que viven millones de trabajadores y trabajadoras en España, que no pueden hacer frente al pago del alquiler o la hipoteca de su vivienda; ellos no pueden hacerlo porque no son trabajadores y el lumpen es incapaz de sentir como una persona que vive de su esfuerzo y su trabajo. Ellos viven de estafar y, en su último y desesperado intento por seguir viviendo del pesebre imperialista, tiraron mano de la Solidaridad. Ellos que, en toda su vida, no han hecho más que despreciar ese alto valor humano, ahora hablan de él y llaman a incautos a que lo ejerzan con ellos. Su desvergüenza sin límites sólo es comparable a la pérdida total de posición política de quienes, insertos totalmente en la derrota y en la renuncia a la lucha por el Socialismo, se olvidan de la necesaria lucha ideológica que debemos librar los revolucionarios y las revolucionarias, y no dudan en amparar a personas tan despreciables como éstas. Si encima alguno de ellos se llama comunista, la vergüenza está servida.

Julio Díaz.