Compartir

El debate feminista está atravesado en muchas ocasiones por posturas antagónicas ante un hecho. El ejemplo más en boga quizá sea la prostitución; pero la propia concepción de la maternidad enfrenta también al feminismo (para mí es obvio que estas oposiciones son fruto de la lucha de clases dentro del feminismo). Sin tomar yo partido en este debate, hoy quisiera escribir sobre La lactancia materna. Política e identidad de Beatriz Gimeno.

La lactancia materna comienza con una genealogía de la lactancia, muy -como el resto del texto- al estilo Foucault, que desgrana las claves del uso histórico de la lactancia. Destacaría de esta genealogía que la lactancia era una profesión específica de las mujeres pobres, que no amamantaban a sus crías para amamantar a las de la nobleza, hasta el siglo XVIII cuando la división del espacio privado/público favorece la dedicación exclusiva de la mujer burguesa a la crianza (la historia de las mujeres de las clases populares es otra y no se menciona apenas).

Pero, lo que ha hecho que escriba sobre el libro de Beatriz Gimeno es cómo se configura ideológicamente la lactancia hoy. Para Beatriz Gimeno se ha promocionado la lactancia materna por dos razones: la lactancia sustituiría, como ejercicio de responsabilidad individual, a los cuidados del Estado, es decir, la maternidad es una cuestión privada y la garantía de éxito se cifra en la entrega. Sacrificio y entrega cuya esencia es la lactancia. La segunda, el patriarcado que, en el difuso uso de Beatriz Gimeno, lo deja inane políticamente. No debemos olvidar la presión que eso supone para las mujeres de clase obrera que no pueden optar por una entrega absoluta.

¿Cómo se sostiene la lactancia materna ideológicamente? ¿Qué la hace asumible para sectores del feminismo? ¿Qué elementos permiten considerar liberador que una mujer abandone la vida laboral varios años para dedicarse en exclusiva a la crianza? La lactancia materna, de manera oblicua, va desgranando tres de los ejes de la ideología liberal: la vida auténtica (natural), el experiencialismo y el propietarismo.

La vida auténtica (natural). La lactancia es una forma de alimentación natural, auténtica, que establece un vínculo esencial y distinto con el bebé. La leche de fórmula o cualquier otra alimentación alienaría porque separaría al ser humano de su ser primigenio. De este modo, si no amamantas estás deshumanizando la relación con el bebé. Eres una mala madre, una madre desnaturalizada.

El experiencialismo. Todo en esta vida ha de ser considerado una experiencia. Vean cualquier anuncio de coche o lo que sea en la televisión. Si no amamantas, no experimentas realmente la maternidad. Sería una actividad degradada que no vives en toda su intensidad. Este eje es necesario para la retirada del espacio público de la mujer: si no te entregas en cuerpo y alma a la crianza, no llegarás a saber qué es realmente la maternidad.

El propietarismo. Amamantar implica que la alimentación del bebé no puede ser compartida. Tú y tu bebé compartís un espacio único e inviolable. El bebé durante su alimentación te pertenece. Es tuyo en exclusiva. Tuyo y de nadie más. No es sólo que como en el relato del reloj de Cortázar al final tú seas propiedad del bebé, sino que, en el caso de no participar de ella, no quieres suficiente al bebé eres una madre egoísta. Es decir, en una paradoja tragicómica, si no te apropias del bebé, eres egoísta.

Aunque de esto ya no habla Beatriz Gimeno, quiero recalcar principalmente la relevancia de la presión de esta configuración ideológica sobre las madres de las clases trabajadoras que en ningún caso puede asumir el mandato ideológico hecho también para los intereses de otra clase social.

JARM