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El mantenimiento de las pensiones públicas es una reivindicación y lucha de todo el pueblo trabajador, de toda la clase. No una reivindicación exclusiva de los actuales pensionistas.

El enemigo de clase no descansa. Por lo que en plena bufonada poselectoral (esa en la que sin ningún pudor muestran para qué sirve su aclamado sistema parlamentario representativo, convirtiéndolo en una estrafalaria farsa a la que con desfachatez siguen llamando democracia), los que de verdad saben por donde deben ir los tiros imponen no dar respiro a su ansiado objetivo de despejar ese fondo colosal de beneficios que emergería si liquidaran el sistema público de pensiones.

Dos andanadas, dos, han disparado casi sin tregua amedrentando al personal, otra vez, con la danza macabra de la "insostenibilidad": la mochila austríaca y los préstamos del gobierno a la Seguridad Social.

Esto último es una cruel burla a la clase trabajadora. Que es el único conjunto social que casi exclusivamente contribuye con sus cotizaciones al sostenimiento de un sistema universal sanitario y el único al que se le exige que ingresos y gastos estén equilibrados o con superávit.

El tribunal de cuentas del estado se ha despachado días atrás con un informe, 600 páginas, en el que insisten en la situación deprimida de la Seguridad Social, que, a sus males sin remedio, añade el débito al estado de 23.000 millones € por préstamos recibidos.

Esa argumentación, además de promover los intereses de la clase dominante por el espanto que introduce, es una verdadera sinvergonzonería. Claro que ambas cosas vienen a ser lo mismo.

Es un artificio contable simple: lo que debe financiarse con aportaciones del Estado y ser soportado por los presupuestos, se registra como préstamo a la Seguridad Social. De esa forma no computa como gasto no financiero del Estado y no se suma al déficit del Estado, sino como déficit de la Seguridad Social. Una triquiñuela contable consentida por la Unión Europea con lo que demuestra también por ese camino cuáles son los intereses de clase que sirve.

Este artificio da mucho juego para la campaña de atacar al sistema público de protección social de la clase trabajadora, ya que alarma aún más sobre la "insostenibilidad futura del sistema público de pensiones".

Es de suma importancia desvelar la trampa de este tipo de ataques contra la sostenibilidad del sistema público; por supuesto, afecta a las pensiones actuales sea cual sea la situación por la que se percibe la pensión (jubilación, viudedad, etc.) e incluso aún más a las pensiones futuras que verdaderamente son las que sufrirán crecientemente las ansias de beneficios de las " benéficas entidades financieras" .

Hemos de intervenir para que la reivindicación y lucha por un sistema público de pensiones no sea exclusiva de los actuales pensionistas y jubilados. Es una batalla que afecta a todo el pueblo trabajador, a la clase trabajadora en su conjunto sea cual sea su situación y su edad en el mercado laboral.

Hay que combatir ese incongruente estado de (des)ánimo por una gran porción de la juventud trabajadora consistente en admitir que como no van a tener pensiones cuando llegue su tiempo, no hay razón para intervenir en las luchas que desarrollan los actuales pensionistas.

No olvidemos que una de las consignas más proclamadas y una de las más persistentes reivindicaciones de las coordinadoras y mareas de pensionistas es: PENSIONES DE HOY, PENSIONES DE MAÑANA.

Hay que llenarse de argumentos y explicar en todas las situaciones y lugares donde se encuentre la clase que la actual batalla lo es de clases y que la explotadora clase enemiga, la capitalista, está al acecho del enorme volumen económico de las pensiones públicas para transformarlas en un nuevo Potosí: los planes privados de pensiones.

El sistema público de pensiones es una batalla de toda la clase trabajadora.

Julio Mínguez