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La tarea, levantar un nuevo proyecto histórico

El proyecto de emancipación de la clase obrera española necesita dotarse de una matriz de interpretación que le permita desentrañar la compleja lógica interna del actual sistema de dominación, de su bloque de poder hegemónico, y de sus antecedentes, que determinan, desde sus particulares orígenes, a la formación sociohistórica que es el capitalismo español realmente existente.

Sin esa construcción teórica buena parte de la acción política del proyecto emancipador se pierde por los caminos de la retórica y de la “acción sin proyecto” (el juego), porque no alcanza tan siquiera a la capacidad de saber en qué lugar golpear, con quien golpear y en qué momento golpear. Siendo la acción de golpear al contrincante algo consustancial a la lucha de clases, al debilitamiento y acorralamiento del contrario.

Comprender lo que hoy ocurre en este país, que tiene sus fronteras con Francia, Portugal, Marruecos y la RASD, requiere de esa previa elaboración política para que los destacamentos de avanzada no desarrollen su praxis política al albur de la ideología dominante, y tampoco sobre clichés ajenos a nuestras condiciones más concretas y a nuestro concreto proceso histórico (ni calco ni copia).

El capitalismo español, como formación socio-económica, nació determinado por un proceso histórico donde se da una inusual alianza entre burguesía y nobleza, habiendo actuado esa naciente burguesía, en momentos determinantes, hipotecada por sus renuncias a una parte de sus objetivos revolucionarios. Ello dio lugar al nacimiento de un capitalismo deforme que, cuando se dio la coyuntura histórica de una posible recuperación en el tránsito de la II República, fue brutalmente abortada por el bloque histórico de poder más cavernario, sumiendo al país en un baño de sangre de dimensiones absolutamente dantescas.

El fuerte impulso a la concentración y centralización del capital, que se desarrolló bajo la férrea bota de los militares del norte de África y del Opus Dei, en la fase final de la dictadura anterior, aceleró los ritmos para quitarse de encima a la momia que, aún hoy día, se niega a abandonar la mayor fosa común de Europa que es el llamado Valle de los Caídos.

La hipócrita Transición fue uno de los mayores errores/traiciones de quienes nunca entendieron las capacidades del capitalismo europeo para reconvertirse y recomponerse, y, por ello, terminaron en las posiciones del pantano eurocomunista. La clase obrera, traicionada su heroica resistencia frente a la barbarie de las hordas franquistas, sufrió el robo de su gesta de cuatro décadas de lucha heroica, lucha que no tuvo parangón en ningún otro país del continente europeo.

Una larga crisis del proyecto histórico del capitalismo español

Los acontecimientos de este largo período, que se inicia con la muerte en la cama del mayor asesino de la historia moderna de España, ponen de manifiesto una crisis profunda del proyecto histórico de dominación de la burguesía en nuestro país.

En los primeros años el bloque dominante de poder tiene un respiro, producto del éxito inicial de la maniobra de la Transición, la reconversión de Adolfo Suárez y la llegada de Felipe González/Guerra. El país se moderniza, se realiza una brutal reconversión del sistema de acumulación de capital, y se avanza de forma acelerada en la integración en el capitalismo internacional. Para ello fue necesario, en ese proceso, destruir todo el acumulado organizativo y político del bloque obrero y popular. El referéndum para la entrada en la OTAN fue el cierre de este ciclo, el imperialismo español obtuvo su homologación internacional. El cerco al movimiento de liberación nacional vasco fue el paso último para el cierre de la Transición. En este caso el bloque dominante no recurrió a maniobras y consensos, sino que el recurso fundamental para imponer su poder absoluto fue el terrorismo de Estado. Los presos/as han quedado como rehenes.

Después de ese período inicial de recomposición, y cierto respiro, en el contexto de profundas transformaciones económicas marcadas siempre por la obstinada presencia de las crisis cíclicas, lo que vino a continuación fue un proceso de resurgimiento de la España más reaccionaria, que fue sacando de nuevo a la superficie sus fantasmas históricos.

Empezando por la monarquía de los Borbones, corrupta, misógina, golpista e integrista religiosa, y continuando por el sistema judicial señorial, el sistema de partidos y su vinculación a la corrupción generalizada, para terminar (cómo no, una vez más) en la crisis territorial. Mil mujeres asesinadas desde que se inició el recuento esconden a cientos de miles de violencias y maltratos. Al tiempo, y sin que se le oponga ningún tipo de resistencia, el capital monopolista transnacional se va apropiando de sectores crecientes de la economía del país: comunicaciones, industria, energía, turismo, automóviles, etc. La reducción de los salarios, la precariedad y la más explícita sobreexplotación extienden la pobreza y la marginalidad social a sectores cada día mayores del pueblo. Como complemento inseparable la soberanía nacional queda entregada a las bases militares y a la OTAN, cada día más.

¿Puede la clase dominante resolver esta profunda crisis dentro de las coordenadas del sistema? Solo mediante la violencia, la represión, el aparato policial y la amenaza del ejército. Es decir, un nuevo fracaso en su intento de establecer los necesarios mecanismos sociales de legitimación de cualquier clase dominante. La base material de la dominación capitalista en España no tiene capacidad de respuesta si no es a través de la violencia. Esa clase dominante, insertada en el proyecto imperialista europeo como única opción de futuro, no tiene ninguna posibilidad de vuelta a atrás en su lógica antisocial. Así, después de que estallara la última crisis en el verano de 2007, el resultado hoy es una situación de desigualdad mayor que la existente diez años atrás. No olvidemos que la principal causa por la que las mujeres deciden abortar en nuestro país es por el miedo a la pérdida del puesto de trabajo, otra idiosincrasia de este capitalismo que se reclama del integrismo religioso.

El histriónico panorama de pactos de estas semanas últimas, después de las recientes convocatorias electorales, solo es posible por el crisol en el que se coció este capitalismo que padecemos. Capitalismo dirigido por una rancia y decadente burguesía, que no tiene ninguna capacidad para cambiar este rumbo histórico.

Un nuevo proyecto histórico

Se muere un proyecto histórico viejo y caduco, el de la burguesía española, que ha entrado en clara contradicción con el acelerado e imparable desarrollo de las fuerzas productivas. Alguien tiene que abrir la puerta de salida de este antro de horror, injusticia social y sufrimiento. No serán las fuerzas del bloque histórico de poder quienes inicien ese camino nuevo, pues su único fin es tratar de sobrevivir y perpetuarse,.

Hoy, un amplísimo bloque obrero y popular, que nada va a ganar ya dentro del sistema vigente, tiene que tomar el mando.

La tarea que tiene que abordar es la de poner en marcha un nuevo proyecto histórico para este país, proyecto que ha de ser república socialista que se construya como unión voluntaria de pueblos libres y soberanos.

Es precisamente el altísimo desarrollo de las fuerzas productivas el factor que ha creado ya la base material para el tránsito a la sociedad socialista. Base material que ya es imposible gestionar en clave capitalista, pero que en clave socialista pondría a disposición de la mayoría social unas condiciones de bienestar nunca conocidas antes.

Nuestra tarea es convencer a la mayoría social, y a un cualificado destacamento de vanguardia, de que estas son las coordenadas del momento, y que su responsabilidad histórica es la intervenir aquí y ahora para abrir camino a tiempos nuevos, fuera de los límites del actual caduco sistema de dominación.

Solo con grandes ideas se pueden realizar grandes transformaciones históricas. El camino no está en retoques “sociales” a este capitalismo de la barbarie. Ese camino está mil veces probado y mil veces fracasado. No perdamos el tiempo detrás de fantasmas e ilusiones que nos vende la misma clase dominante que nos explota. Iniciemos nuestra tarea con el pertrecho de nuestras propias armas, nuestra inmensa potencialidad revolucionaria.

Carmelo Suárez
Secretario General del PCPE


Publicado el 24 de junio en https://contrainformacion.es