Compartir

Si tuviera que salvar de las llamas algunas de mis películas preferidas, salvaría, junto a la obra cinematográfica de Sergei Eisenstein, la trilogía que dirigió Roberto Rossellini (1906-1977) en el segundo lustro de la década de 1940 sobre los horrores de la IIª Guerra Mundial y los años inmediatamente posteriores: “Roma ciudad abierta” (1945), “Camarada” (1946) y “Alemania año cero” (1947). En este orden son películas que, además de significar el nacimiento del neorrealismo italiano, se erigen en testimonios impresionantes del terror fascista sobre la población civil y en su lucha contra la resistencia italiana. Una trilogía que califico en conciencia de inmortal porque, tras 74 años desde la realización de la primera de las cintas evocadas, su impactante fuerza plástica, su enorme intensidad dramática y narrativa, su defensa de la vida y su denuncia del nazi-fascismo permanecen intactas, como en las grandes obras maestras del 7º arte. Una muestra cinematográfica revolucionaria que los/as comunistas y los/as antifascistas consecuentes no debemos desconocer.

Y sin embargo, nada hacía suponer que un cineasta procedente de una familia burguesa de Roma, formado en el ambiente del fascismo y realizador (años 1930 y primer lustro de 1940) de algunas películas bajo su influencia, evolucionaría hacia posiciones antifascistas o de experto en materialismo histórico y dialéctico, como lo fue en su última etapa como realizador de televisión. El caso es que con la inestimable colaboración de los guionistas Sergio Amadei y Federico Fellini, las películas que nos ocupan, realizadas con escasos medios económicos, en escenarios naturales y con actores improvisados, muestran con un verismo temático y formal de corte documentalista las vivencias y el sufrimiento de los pueblos italiano y alemán ante los desastres de la guerra.

Luchar por la vida

En “Roma ciudad abierta”, Rossellini, inspirándose en hechos que ocurrieron realmente, narra la historia ejemplar de unos romanos (el comunista Manfredi y el sacerdote antifascista Luigi Morosini) que no aceptaron, hasta sus últimas consecuencias, la consentida ocupación nazi de la capital italiana. Una lucha que en, “Camarada”, Roberto Rossellini amplía a través de 6 episodios independientes uno del otro por su estilo narrativo, y en los que, mientras describe la situación de angustia y desamparo en la que vive el pueblo italiano, cuenta el avance de las tropas aliadas y su colaboración con la resistencia transalpina. En la última entrega de la trilogía, “Alemania año cero”, Roberto Rossellini filma con desgarro las ruinas en las que quedó Berlín después del fin de la contienda mundial, así como la lucha desesperada por sobrevivir de la mayoría de sus habitantes. Una película en la que en su prólogo, el cineasta italiano precisa que “me daría por satisfecho, si, en Alemania, alguien después de verla siente deseos de luchar por la vida”.

Después vendrían años de un cine más íntimo, hasta que hastiado del cine tradicional, Rossellini se dedicó en la TV a explicar la evolución de la sociedad a través de la historia. Un periodo cinematográfico que debió culminar con “Trabajar para la humanidad”, una película sobre la vida y la obra de Carlos Marx, pero que la muerte inesperada de Roberto Rossellini, en 1977, malogró.

Rosebud