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El 5G va a cambiar el mundo y la forma en que interactuamos con él.

Quién no ha oído hablar de los beneficios tecnológicos que eso puede llegar a suponer. Automóviles o tráfico automatizado completamente, cirujías robotizadas y dirigidas de un punto al otro del planeta, generalización de vuelos no tripulados, conectividad total de los elementos domóticos y producción industrial dirigida por inteligencia artificial, etc.

Se cuenta algo menos de su uso armamentístico. El 5G o “el Internet en las cosas”, también en el ámbito militar supondrá cambios radicales, haciendo obsolescente el armamento actual. El nuevo e inimaginable armamento tendrá una capacidad de destrucción sin precedentes, mucho más precisa y rápida.

Económicamente, la tecnología 5G, se estima que generará más de 1,2 billones de dólares en menos de 10 años y una dependencia absoluta de todos los sectores productivos a la red. En 2035 generará 12 billones de dólares.

La capacidad de acceso a datos privados, también será sustancialmente mayor, puesto que la conectividad afectará a todos los elementos que nos rodean y la capacidad de acumular, analizar y clasificar datos no tendrá límite. Se abrirá pues, un periodo en el que el “Gran Hermano”, será omnipresente. El control social puede ser total. Todo en nombre de la seguridad. El ciber-terrorismo pasará de inutilizar la WEB de un banco a provocar un ciber-apagón eléctrico o hackear un vehículo para cometer un atropello masivo.

Quien controle la red, controlará el mundo. El poder sobre las redes 5G supondrá la primacía mundial a nivel económico, político y militar.

Si las pugnas interimperialistas del pasado fueron capaces de llevarnos al borde del abismo en aras del expolio del petróleo, del coltán..., qué no harán para hacerse con el control global de la información, las telecomunicaciones, la inteligencia artificial y por tanto conquistar la hegemonía mundial.

Los conflictos por el control del 5G están siendo escenificados principalmente por EEUU y China. El resto de potencias solo pueden ser actores secundarios de esta batalla y recoger alguna migaja.

La guerra comercial arancelaria de los últimos meses entre Estados Unidos y China obedece al esfuerzo mutuo por debilitar al contrario. La Administración Trump ha prohibido a Huawei y a ZTE, los dos gigantes chinos de tecnología, participar en las redes de los operadores americanos e incluso han vetado el uso de sus móviles a cualquier funcionario federal.

La agresividad del imperialismo norteamericano con los pueblos en general y en América Latina en particular, se incrementa. A la rapiña de recursos “tradicionales” se suma el factor 5G y la creación de espacios de influencia para controlar las nuevas redes.

El anuncio de Rusia de crear un Internet propio y aislarse del resto demuestra su incapacidad para competir en la nueva carrera. Se trata de un proteccionismo absoluto, de autodefensa o una posición de fuerza para conseguir que algún contrincante ofrezca más que el otro en una futura alianza.

EEUU ya cuenta con el apoyo de Australia o Japón e insta al resto de aliados a que retiren a Huawei de sus redes 5G. En Europa aún no es posible. Movistar y Vodafone dependen de Huawei, aunque trabajan para lograr la autonomía.

Nos situamos ante un futuro de fricciones interimperialistas sin precedentes. Los cambios sociales y económicos serán notables, desplazando millones de empleos y tensando la lucha de clases. La oligarquía ya está preparando el control social en medio mundo a través de la nueva extrema derecha que está situando estratégicamente. De nuevo la tecnología al servicio de unos pocos. De la clase obrera depende un mundo en el que podamos disfrutar de un desarrollo para la mayoría social o de un mundo de distopía al estilo de “1984” de George Orwell.

Kike