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Editorial Abril 2019

En los últimos tiempos, y de forma más intensa en esta convocatoria de Elecciones Generales para el 28 de abril, se ha abierto un debate sobre España que es expresión de la profunda crisis por la que transita el bloque histórico de poder en nuestro país. Ese debate se escenifica dando un renovado protagonismo a la franquista, y fascista, bandera bicolor, “la estanquera” cómo se le conoce popularmente.

Coinciden en este manejo todas las formaciones políticas estatales con presencia en el Parlamento. Pareciera un resurgir de aquél Santiago Carillo que forzó al Comité Central del PCE, en función de sus traicioneros pactos, a aceptar ese denostado símbolo, para después colocarlo, en abril de 1977, en una rueda de prensa de su Comité Ejecutivo, ante el asombro de toda su militancia.

Hoy, quizás más que nunca, la rojigualda representa de forma exclusiva a la España del viejo, rancio y fracasado proyecto burgués. No es posible reconocerla como símbolo de un proyecto nacional diferente porque bajo ella se desarrollaron todas las violencias contra la clase obrera, contra los pueblos y contra la misma democracia y las libertades. Su aceptación es propia de los sectores burgueses más reaccionarios, de la aristocracia, de la monarquía, del integrismo religioso y de la violencia militar fascista.

Frente a ese proyecto, decrépito y reaccionario, la propuesta política del PCPE es la de un nuevo proyecto histórico para España, que surge de las luchas obreras y populares, y de las legítimas aspiraciones de los pueblos a protagonizar su propio destino. Este proyecto liberador es republicano y socialista, y se ha de construir como unión voluntaria de pueblos libres.

REPUBLICANO porque la lucha por la república es una de las señas de identidad de la clase obrera y de los sectores populares en el Estado Español, que protagonizaron una gesta heroica en la defensa de la II República frente al golpe de estado monárquico-burgués, y frente al fascismo de ese golpe de Francisco Franco, que derramó ríos de sangre de los mejores hijos e hijas de la clase obrera.

Esa identidad republicana la reivindicamos cuando aún hay más de 140.000 personas desaparecidas por esa violencia criminal de la clase dominante, como deuda con su heroísmo y porque reclamamos que la lucha contra el fascismo en España sea declarada Fiesta Nacional, eliminando la racista y genocida Fiesta del 12 de Octubre. Esa es una deuda pendiente que el PCPE tiene el empeño en resolver con una victoria sobre el bloque reaccionario de poder.

Un proyecto republicano para liquidar y desaparecer la parasitaria dominación Borbónica, y expulsarlos de este país, ya de una forma definitiva.

SOCIALISTA porque el desarrollo histórico, y en concreto el carácter imperialista de la formación capitalista española, coloca el objetivo del socialismo como una necesidad concreta en la agenda de la lucha revolucionaria en nuestro país.

Cuando repúblicas como la francesa o la italiana son gobernadas como una eficaz forma de dominación burguesa contra la clase obrera no es el objetivo del PCPE el sumarse a ese marco político como fase de tránsito hacia la sociedad socialista. Hoy la burguesía española no tiene ya ningún recorrido democrático que ofrecer a la clase obrera y a los sectores populares. Su anclaje en la UE y en la OTAN la coloca como una clase social inexorablemente marcada por la más violenta dictadura del capital, el terrorismo de Estado y la guerra imperialista. Ese fue el ejemplo cercano de François Hollande, Presidente de la república francesa que, nada más tomar posesión de su cargo tras las elecciones, inició una despiadada guerra imperialista contra Mali, para garantizar el saqueo de sus minas de uranio con destino a las centrales nucleares francesas.

Hoy la necesidad del socialismo se deriva del altísimo desarrollo de las fuerzas productivas en nuestro país, de su irreconciliable contradicción con las relaciones de producción capitalistas, y porque esas fuerzas productivos han creado ya la base material necesaria para el tránsito a la sociedad socialista. Hoy el posible desarrollo de esas fuerzas productivas está bloqueado por las actuales relaciones de producción capitalistas, y solo será con el inicio de la construcción socialista cuando esas fuerzas productivas se liberarán multiplicando todas sus capacidades, y ofreciendo a toda la sociedad un altísimo, y hasta ahora desconocido, nivel de satisfacción de sus necesidades.

UNIÓN VOLUNTARIA DE PUEBLOS LIBRES, porque la alianza fundante de la burguesía con la aristocracia, la monarquía y la Iglesia, y amparada por la fuerza violenta del ejército y las policías, nunca avanzó en la superación histórica de esa España plurinacional, y fue incapaz de dar nacimiento a una instancia superior de unidad de sus pueblos en un proyecto común libremente aceptado. Que hoy esa unidad de sus pueblos sea posible, o no, depende de las condiciones del desarrollo histórico, del protagonismo de las clases sociales en el contexto de su enfrentamiento emancipador y de la capacidad de la clase obrera para encabezar una propuesta democrática que la haga posible. Unión voluntaria va directamente asociada al libre ejercicio del derecho de autodeterminación de forma irrenunciable. Que la violencia del actual bloque de poder haga imposible esa unidad de todos los pueblos es un riesgo permanente, que en estas fechas se expresa en el juicio político que se celebra en el Tribunal Supremo contra los protagonistas del referéndum del 1 de Octubre en Catalunya, y también en el encarcelamiento de centenares de presos/as vascos que son mantenidos como rehenes de la monarquía en las cárceles, a pesar de haber finalizado el conflicto armado.

UNA NUEVA IDENTIDAD PARA UN NUEVO PROYECTO HISTÓRICO. Ese proyecto histórico de futuro para España tiene sus señas de identidad en lo que reivindicamos como acumulado histórico de las luchas obreras y populares, del laicismo y de las expresiones más avanzadas del conocimiento y de la cultura.

La lucha obrera más significativa de la historia de España fue la heroica defensa de la II República frente al golpismo fascista, que tuvo su continuidad primero en la valiente y generosa resistencia del maquis, y después en las importantes huelgas convocadas durante la dictadura franquista, y más tarde las grandes huelgas generales del período más reciente. El movimiento obrero organizado será la fuerza rectora de la futura república socialista.

La lucha por la paz, y contra la organización terrorista OTAN, es otro de los hitos del futuro que queremos construir, y donde ya existe un importante acumulado en el que destaca la gran movilización popular con ocasión del referéndum de 1986 y contra las guerras imperialistas.

Una república internacionalista, que se relacione con todos los pueblos en condiciones de igualdad y de ayuda mutua. Construyendo un sistema de relaciones internacionales de solidaridad y fraternidad entre los pueblos, que en primer lugar se comprometerá con el camino a la independencia del pueblo saharaui.

Una república laica, donde las creencias religiosas sean una cuestión personal ajena al Estado. Que, entre otras cosas, facilitará la lucha por la emancipación de las mujeres trabajadoras, una vez liberadas de la camisa de fuerza de la fe religiosa. Dando continuidad al camino iniciado por Dolores Ibárruri, Margarita Nelken, Clara Campoamor, María Zambrano o Tina Modotti.

Una república culta, que elevará las capacidades de conocimiento del pueblo a niveles superiores, terminando con la estrategia alienadora de la actual clase dominante y sus miserias culturales. Nuestras mejores tradiciones serán situadas como protagonistas de un proceso emancipador integral de toda la base social, arrancando de creadores tan significativos como Goya, Galdós, Rosalía de Castro o Cervantes, y llegando a la modernidad con Celaya, Lorca, Mª Teresa León, el grupo El Paso, José Luis Sert, Ovidi Montllor, Gutiérrez-Solana, Alberto, etc.

Ese nuevo proyecto histórico será el que llevará a la clase obrera al poder, y pondrá fin al trágico período de la dominación burguesa en España. Ese proyecto se desarrollará con un amplio bloque de alianzas, en el Frente Obrero y Popular por el Socialismo, liderado por el proletariado y con un papel decisivo del Partido Comunista.