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Los dueños de todo se apropian de nuestro lenguaje, de nuestra memoria, de nuestros instrumentos de lucha…la fecha del 8 de marzo se nos devuelve domesticada y funcional para las clases dominantes, convertida en efeméride interclasista. También la huelga, vaciando de forma interesada su contenido clasista y presentada como un mero espectáculo mediático.

El 8 de marzo es el día internacional de las mujeres trabajadoras, no hay comunidad de intereses de las mujeres por razón de sexo. Vivimos en una sociedad dividida en clases y el feminismo siempre estará dividido y conjugará las reivindicaciones de género con los intereses de la clase social a la que se pertenece. En una fecha tan significativa para nosotras y en los momentos donde la violencia capitalista arrasa las conquistas del pueblo trabajador, denunciar las discriminaciones de clase y género, así como el uso de las mujeres como arma de guerra y como excusa para los  ataques de la OTAN, es imprescindible.

Somos las mujeres trabajadoras, pobres, las que sufrimos el peso múltiple de la subordinación, la discriminación de género, la explotación de clase, el racismo y el sexismo. El 8 de marzo, conmemoración que nació indisolublemente unida al movimiento obrero, tenemos que hacer hincapié en las duras condiciones laborales a las que se enfrentan las trabajadoras y poner de manifiesto y denunciar cómo la división sexual del trabajo guarda relación directa con dichas pésimas condiciones precarias en nuestros empleos y cómo, en momentos de crisis general del sistema, se profundiza todo ello pues se carga sobre nuestras espaldas el trabajo socialmente necesario, de cuidados, crianza etc., y no para visibilizar sino para hacer avanzar la lucha de las mujeres contra un sistema, el capitalista, que nos quiere sumisas y esclavas.

Nuestra mayor sobreexplotación, la de las mujeres trabajadoras, categoría en la que no se encuentran las mujeres de la oligarquía y las burguesas, se evidencia en multiples datos. Hay feminización del empleo a tiempo parcial, precario, usado por las empresas para aumentar la flexibilidad y ajustar la masa salarial en función de la demanda. Afecta principalmente a las mujeres mayores de 60 años y a las menores de 30 años, en ningún caso busca la conciliación y conlleva en la mayoría de los casos la intensificación del ritmo de trabajo, infracotización de cara a la jubilación y una seria limitación a la hora de acceder a los subsidios por desempleo. Hay diferencias salariales asociadas al género, que persisten en todos los países de la U.E., en los que la mujer trabajadora sufre una mayor tasa de explotación que el proletariado masculino. Tenemos mayor tasa de paro y menores prestaciones. Menos posibilidades de participar en el mercado laboral. Y ¿hablamos de conciliación? Mientras la burguesía resuelve los problemas de conciliación a través de otras mujeres, pagando -mal- una ayuda doméstica que está netamente feminizada, en el caso de las trabajadoras, las decisiones sobre nuestra incorporación al trabajo asalariado se ven altamente determinadas por las circunstancias familiares. Abocadas al trabajo a media jornada o al abandono laboral cuando no es posible compatibilizar la vida laboral con la familiar. Tenemos pensiones más bajas y percibiendo mayoritariamente las no contributivas. Pobreza, acoso, feminicidios…múltiples discriminaciones las de las mujeres que pertenecemos a la clase obrera y, no, no son únicamente por el hecho de ser mujeres. Son discriminaciones por el hecho de ser mujeres y trabajadoras.

Pero las trabajadoras somos también sujetos activos que luchamos y lucharemos contra la opresión, combatiendo un orden social que aprovecha y necesita nuestra opresión como engranaje de su dominación y como válvula de escape de las tensiones que tal orden social crea. Por eso, siendo la huelga general el instrumento del que dispone la clase obrera para mostrar su poder y hacer que se escuchen y cumplan sus reivindicaciones, una convocatoria de Huelga General de toda la clase, coincidiendo con el día 8 de marzo, habría sido un excelente oportunidad para dimensionar el aporte y el trabajo que las mujeres hacemos que, además de necesario e imprescindible, tiene cuantificación económica y para denunciar nuestra explotación como clase y opresión por razón de género. Una huelga con contenido de clase. No será este año…Por eso, desde nuestra militancia feminista y comunista, conscientes de nuestra opresión de género y clase, llamamos a las mujeres del pueblo trabajador a sembrar las bases para una nueva sociedad y a organizarse en la lucha por ello.