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“La esperanza revolucionaria se encuentra en las mujeres que son abandonadas por la historia” Angela Davis.

La realidad capitalista impone una situación de violencia estructural a la clase trabajadora pero dicha violencia es especialmente profunda contra las mujeres en cualquier aspecto de su vida. En el Día Internacional de la Mujer Trabajadora es importante entender como el mundo del trabajo con sus leyes de explotación capitalista pero también con las de opresión patriarcal estructura la vida de las mujeres del mundo, en función de su clase pero también de su género o raza.

Las desigualdades de género hacen que las mujeres estén en puestos de trabajo peor remunerados, de menor cualificación y mayor temporalidad e inseguridad laboral; a nivel mundial, las mujeres sólo ganan 77 céntimos por cada dólar que ganan los hombres por un trabajo de igual valor. Esto supone un limitado acceso a las prestaciones sociales, en particular a las pensiones de vejez.

El trabajo no remunerado sustenta la economía y suple la falta de gasto público en servicios sociales e infraestructuras públicas. El trabajo de cuidados alcanza un valor equivalente a entre un 10% y un 39% del PIB. Esto significa que puede contribuir más a la economía que la industria o el comercio. Desde limpiar y cocinar hasta recoger agua y leña o cuidar de niñas/os y personas dependientes,  las mujeres asumen una carga desproporcionada de este trabajo en el mundo. En África Subsahariana y Asia Meridional, la brecha salarial de género es de un 31% y un 35%, respectivamente, para las mujeres con hijas/os, "la penalización de la maternidad", en comparación con el 4% y el 14% de las mujeres sin hijas/os. Siguen existiendo restricciones legales para el empleo y el emprendimiento de las mujeres en 155 países; en 18, los esposos pueden impedir legalmente que sus esposas trabajen; y solamente existen leyes contra la discriminación de género en la contratación en 67 países.

La violencia también en el mundo laboral afecta a las mujeres con independencia de su edad, nivel de ingresos o condición social. Las mujeres sufren acoso o agresión sexual en el trabajo o en el trayecto.  En la Unión Europea, un 55% de las mujeres han experimentado acoso sexual en al menos una ocasión desde los 15 años, un 32% lo sufrió en el trabajo.

Las mujeres migrantes tienen un peso mayor en la fuerza de trabajo global que las mujeres no migrantes; el mercado laboral capitalista y racista, obliga a que se concentren en sectores feminizados de la economía informal, como el del cuidado y el sector servicios. Uno de los grupos más vulnerables son las empleadas del hogar; que se ven sometidas a precarias condiciones laborales, largas jornadas de trabajo y un acceso limitado o nulo a la protección social. A escala mundial, un 57% de las/os trabajadoras/es del hogar carecen de limitaciones en cuanto a la duración de su jornada laboral. Las personas migrantes y jóvenes tienen mayor probabilidad de caer en las redes de trata internacional de personas, incorporándolas a los mayores niveles de explotación y a otras muchas vulneraciones de sus derechos humanos y laborales en las economías desarrolladas. La trata se ha convertido en el segundo negocio mundial, en el que las mujeres son usadas como mercancía para el lucrativo negocio de las redes de explotación sexual y laboral. Las niñas de entre 13 y 18 años de edad constituyen el grupo más numeroso en la industria del sexo.

Este escueto repaso de la situación de las mujeres, nos dibujan una realidad de desigualdad, opresión y explotación contra las que millones de mujeres en el mundo se están organizando y movilizando, y saldrán a la calle el 8 de marzo no para reivindicar el feminismo del “techo de cristal”, el feminismo burgués de las privilegiadas, sino para reivindicar los derechos de las que tienen los pies en el lodo, de las que día a día se levantan, organizan, enfrentan y luchan por cambiar este sistema.