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Para los EE.UU., desde que, como potencia capitalista comenzó a finales del siglo XIX a expandir su dominio militar con el objetivo de hegemonizar el control de los recursos naturales y materias primas e imponer su orden económico en la totalidad de nuestro planeta en favor del capital corporativo transnacional, el Archipiélago Canario ha sido una pieza codiciada para anexionarla a su ámbito de soberanía e influencia. El que fue ministro de la presidencia con el presidente del gobierno español Adolfo Suárez, José Manuel Otero Novas, en los momentos iniciales de la restauración de la dinastía monárquica borbónica en España, que sobrevino a la dictadura franquista, ya reconoció en sus memorias dichas pretensiones anexionistas por el imperialismo: "Estados Unidos nos envió el mensaje de que si no entrábamos en la OTAN se harían con Canarias".

El Archipiélago Canario dista apenas 100 Km. de la costa noroccidental del continente africano; el cual tiene grandes recursos naturales y es fuente abundantísima de materias primas (petróleo, gas, fosfatos, pesquerías y minerales estratégicos). Por eso, dentro de la expansión y ofensiva del imperialismo, el Archipiélago Canario, su territorio, aeropuertos y puertos, se suma hoy, con una extensa infraestructura militar, a las mil bases militares que los EE.UU. han diseminado por el planeta. Siendo hoy Canarias una plataforma y base logística para operaciones de intervención imperialistas para el saqueo y expolio de sus recursos naturales y materias primas.

Esta anexión militar de Canarias por los EE.UU. se ha hecho paulatinamente por los sucesivos gobiernos españoles, tanto de la dictadura franquista como los de la restauración monárquica, subordinando el territorio del archipiélago a los intereses geoestratégicos y militares de los EE.UU. Formalizándose esta dependencia jurídica de anexión con la integración del estado español en la OTAN, a pesar que el pueblo canario dijo NO a la OTAN en el referéndum estatal celebrado el 12 de marzo de 1986. La OTAN es el gendarme global de los EE.UU.

La militarización de las Islas Canarias se acrecienta y es cada vez más asfixiante para el pueblo canario; pues para para tal objetivo se aplican políticas económicas que conllevan a que más del 40 por ciento de población canaria esté en riesgo de pobreza y exclusión social, favoreciendo su mayor dominación y opresión; configurando, además, a Canarias como un paraíso fiscal. Para ello, también, se las ha dotado de un estatuto de autonomía que es más bien una carta otorgada; totalmente desconocido para el pueblo canario, con un injusto sistema electoral y aprobado sin su participación mediante referéndum. Además, amplias superficies y extensiones de territorio, incluso parajes naturales (Pájara, en Fuerteventura y la Isleta, en Gran Canaria), bases militares, incluso de drones, puertos y aeropuertos, están bajo dominio y normativa militar de interés “para la defensa nacional” – con origen franquista-, donde los despliegues militares, las exhibiciones de armamento y gigantescas maniobras bélicas son cada vez más frecuentes en espacios cívicos (las últimas, la denominadas “Gruflex 2018”).

Los EE.UU. en el año 2007 creó el mando militar específico para África, AFRICOM, siendo operativo en octubre de 2008 para acciones armadas o de intervención directas o indirectas en África, para favorecer a sus corporaciones privadas transnacionales; a veces en coordinación o no con países de la OTAN, que, también, tienen intereses neocoloniales en África. Siendo Libia y el genocidio -con el magnicidio de su presidente- perpetrado contra su pueblo su “bautismo de fuego”.

En esa línea de entregar Canarias, ya más concretamente a los EE.UU., deben incardinarse las reclamaciones del líder derechista español, Pablo Casado, de que Canarias sea sede del AFRICOM, que tuvo su resonancia en la alocución, dos días después, en la denominada “pascua militar” de 6 de enero de 2019, del jefe del mando militar de Canarias anunciando la mayor extensión e intensidad de la presencia del ejército en los espacios públicos de los pueblos y ciudades del Archipiélago Canario.

Sólo la salida de la OTAN y la consecución de un estatuto de neutralidad para el Archipiélago Canario, como zona de Paz, desnuclearizado, en la que se desarrolle una cultura de Paz y la prohibición de utilizar la fuerza por ejército alguno desde su territorio para agredir a otros pueblos o contra el pueblo canario, reconociéndose y siendo efectivo el derecho a la autodeterminación de los pueblos, posibilitaría que no fuéramos considerado por otros pueblos y naciones como una amenaza a aniquilar.

José Manuel Rivero