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Los españoles vivieron en días recientes un episodio más de subordinación de su país al Imperio y la truculencia de un Gobierno carente de principios.

Despertamos un día 4 de septiembre con la noticia de que la Ministra de Defensa había resuelto entregar a Arabia Saudí las 400 bombas de guiado laser, de alta precisión, retractándose así de su anterior decisión de suspender la operación de entrega, movida por escrúpulos de conciencia humanistoide, propios de la socialdemocracia filistea y santurrona.

Este incidente palaciego desveló el engaño de una venta, cuyo contrato se había firmado en secreto por el Gobierno de Rajoy en mayo o junio de 2015 y acababa de pagarse en enero de 2018. Las bombas pertenecían a la reserva de guerra del Ejército del Aire, que luego tendría que reponer volviéndolas a comprar por un precio superior al de la venta, de 92 millones de euros.

Aquello significaba, internacionalmente y en términos políticos, no una mera venta de armamento, sino la manera ladina como secretamente España contribuía a la intervención de la coalición árabe, liderada por Arabia Saudí, contra Yemen. Una intervención bélica criminal que Estados Unidos y Reino Unido apoyan abiertamente.  El pueblo español se hallaba ignorante de la sucia operación que cocinaban entre bambalinas, de espaldas a la legalidad de la que tanto se ufana la democracia occidental, dos Estados mercaderes de la guerra.

Por supuesto que no era aquello una excepción en la política de apoyo gubernamental español a la política de intervención y agresión militar de Arabia Saudí. Este país había comprado a España en 2017 un avión de transporte, repuestos para aeronaves, aviones no tripulados, granadas de mortero y municiones, por un valor de 270 millones de euros.

La vacilación del ejecutivo español en el cumplimiento del contrato de entrega de las bombas, determinó que Arabia Saudí acudiese a la diplomacia del chantaje, amenazando con cancelar el contrato de la construcción de las cinco corbetas, que representaba para los obreros de Navantia de la Bahía varios años de trabajo y para el fisco español un ingreso aproximado de 1.800 millones de euros.

Al mismo tiempo, invocando cargas de trabajo y la defensa de sus puestos de trabajo, los obreros de Navantia, en San Fernando, presionaban al Gobierno con un amplio despliegue de sus fuerzas operarias en la factoría y en la calle, exigiéndole compeliese a Arabia Saudí a respetar el contrato de la construcción de las 5 corbetas, que asegurarían la carga de trabajo por bastante tiempo.

La exigencia económica al Gobierno solo de la carga de trabajo, aparecía como la única contradicción presente en el enfrentamiento con el Gobierno en aquellas jornadas.

La ausencia total de una correcta orientación proletaria de clase en el ámbito de la agitación obrera de esos días no contribuía  ciertamente a potenciar el nivel ideológico y político del obrero y a superar el carácter economista, inmediato, de la lucha, ambivalente en sus principios, elevándola al plano político del antagonismo de clase con el Estado y la empresa Navantia, en cuya relación  productiva , entre el obrero y la empresa, operan contradicciones relevantes que originan el conflicto, y llevan a la confrontación abierta: contradicción clara, como la aplicación obligada de la fuerza de trabajo de los obreros de Navantia a la producción militar destinada a las guerras de agresión a los pueblos; contradicción tal como la derivación progresiva de la producción naval de las factorías de Navantia hacia una economía de guerra, convertida en  un factor sustancial coadyuvante de la política exterior guerrerista, agresiva y expansiva en la que se haya comprometido el reino de España, partícipe del eje internacional imperialista. De la misma manera y en el mismo contexto de lucha de clases, la reivindicación urgente de cargas de trabajo, entraba en contradicción con una producción naval dirigida a la fabricación y venta de equipos militares y armas mortíferas a terceros países involucrados en las guerras actuales de exterminio capitalista.

Quedaba claro, que una dirección sindical sin principios ideológicos de clase evitaba conducir a los obreros al enfrentamiento político, dirigido a confrontar esas contradicciones que sobrepasaban el mero contenido económico del conflicto, y cuya resolución definitiva solo podía pasar porque Navantia rectificase diametralmente su línea de producción seguida hasta ahora, dirigiendo su actividad económica a la implementación y desarrollo de  una producción de distinta naturaleza de aquella militar que el Estado español venía impulsando en su complejo naval al servicio de los planes y propósitos estratégicos de la clase inversora capitalista y de su política de expansión imperialista.

Los principios e intereses estratégicos de la clase obrera brillaron por su ausencia. Y la izquierda “representativa” guardaba un vergonzante silencio o mascullaba sotto voce oscuras argumentaciones para no comprometerse plenamente.

Se impulsaba la lucha obrera sin dar paso a desenmascarar y condenar la política de alineamiento de España con el campo de la guerra imperialista, que ahora, en esta coyuntura , afloraba suministrando al agresor Saudí armas mortíferas de destrucción masiva, pues era de entender que en esa operación mercantil España ponía en evidencia su activa participación política, económica y militar en la expansión fascista del capitalismo a escala mundial, con las asentaderas puestas en la Unión Europea y en la OTAN.

Resultaba quebrantado, en la práctica, el principio de la solidaridad internacional, del Internacionalismo proletario, de apoyo a la nación y al pueblo de Yemen masacrado por las hordas fascistas de la coalición árabe, con el apoyo de los Estados Unidos y sus socios de la OTAN, España incluida. Esto debía quedar claro, sin ambages, y en nada pudo aportar la experiencia ejemplar pasada, del buque insignia “La Esmeralda”, de Chile, al que los obreros de Navantia se negaron a reparar por estar involucrado en los crímenes de la satrapía pinochetista.

El todo vale con tal de asegurar los puestos de trabajo, fue asumido implícitamente, en la práctica, en las jornadas de lucha, aunque quizás por un mínimo pudor de clase no llegara a traducirse en una consigna descarnada.

No se proclamaba la necesidad de impedir, por todos los medios, que el Estado español convirtiera Navantia en una industria de guerra y para la guerra imperialista en el complejo militar hispano-norteamericano, franqueado por la base militar de Rota.

La formulación de cargas de trabajo a toda costa hizo carrera durante la jornada de lucha, estimulada implícitamente por la actitud del Comité de Empresa, por los bonzos sindicales de CCOO y UGT y por el silencio o el tartamudeo ideológico de la “izquierda” reformista, merodeadora de la institucionalidad burguesa, incapaz de orientar con firmeza ideológica de clase la acción obrera, temerosa de perder votos autonómicos o municipales o espacio sindical en los colectivos de los obreros de Navantia.

Alguno, si acaso, en aquel contexto oportunista, cautelosamente, con reflexiones vagas y equívocas asumía una piadosa “comprensión” seguidista, en clave electoral ,del vacío ideológico de clase que se apreciaba en la lucha de aquellos días.

De todas maneras, dígase lo que se diga, esa era su postura ideológica, política y práctica predominantes, sin principios, claudicante, de la “izquierda” institucionalizada, que quedó plasmada notarialmente en el Acta del Pleno del Ayuntamiento de Cádiz, celebrado el pasado 28 de septiembre. Un Pleno totalmente vacío de público con la única excepción de quien desde la barrera grababa atónita el hecho esperpéntico de la proposición formulada por la extrema derecha, del Partido Popular, y la aprobación unánime, sin fisuras, de toda la representación multicolor de la izquierda electoral, de absolutamente toda, en el Ayuntamiento de Cádiz (Partido Popular,  Ciudadanos, Partido Socialista Obrero Español, Izquierda Unida, Por Cádiz Si Se Puede…), “ad aeternam memoriam”.

Nº 15. Propuesta del Grupo Municipal Popular, relativa a exigir al Gobierno de la nación el mantenimiento de aquellos acuerdos comerciales con terceros países que afectan o puedan afectar a las factorías de Navantia de la Bahía y de toda España, especialmente el acuerdo con Arabia Saudí para la construcción de cinco corbetas.”

Cuales no son “terceros países. “Terceros países” son todos los países, incluidos los que participan directa o indirectamente, diplomática, económica y militarmente en actos de guerra transgresores del derecho internacional, del derecho humanitario; actos de lesa humanidad, portando devastación, masacres y genocidio a extensas zonas del mundo. Desde luego la invocada “especialmente” Arabia Saudí. En cuanto al “mantenimiento de acuerdos comerciales”, cuales ellos, sin precisar qué tipos de acuerdos puedan sellarse: desde la construcción y reparación de corbetas y otros artefactos militares destinadas a las guerras de agresión contra los pueblos, hasta la producción de armas en la factoría de Navantia-Bazán, en San Fernando (Cádiz) para la venta a “terceros países” en guerra injusta y criminal contra los Pueblos .

En síntesis, mostraba la “izquierda” electoralista una política ecléctica, oportunista, expresada en los taimados silencios y en las expresiones vagas y equívocas, cuando no claudicantes. Todas desmoralizadoras y desmovilizadoras de la que tendría que haber sido una jornada multitudinaria de lucha unida, frontal, implacable, sin reservas ni descanso de todas las clases y sectores populares, particularmente de la zona afectada por el conflicto: contra el Imperialismo, contra las guerras de agresión, contra el fascismo, contra la participación de España en la cruzada criminal de Norteamérica y sus aliados de la OTAN en todo el mundo. Contra la política exterior imperialista del reino de España, expresada en su activa participación militar aliada, ambiciosa de ganar espacios económicos en el mundo y en la irrupción y expansión de sus capitales, de naturaleza explotadora expropiadora y expoliadora, en las áreas estratégicas de las economías latinoamericanas: financieras, agrícolas, mineras, energéticas, de comunicaciones, de infraestructuras, de servicios, con saldos de violencia, despojo y apropiación territorial, opresión y mayor pobreza de sus pobladores víctimas.

Esa inactividad negligente, esa pasividad de la “izquierda” electoralista frente al avance vertiginoso mundial del imperialismo, refuerza la práctica política de la burguesía española, al frente su Gobierno, de ocultar a los españoles la realidad de que España está en guerra, con la efectiva y continua movilización de todo sus dispositivos militaras, de sus ejércitos de tierra mar y aire y la puesta a disposición de sus bases militares navales y aéreas desde el  lugar activo que le asigna la OTAN en la guerra de dominación mundial, formando así parte activa del eje fascista internacional liderado por los Estados Unidos de Norte América.

Hugo Gómez, abogado laboralista