Compartir

Existen unas teorías historicistas que consideran la crisis de los imperios como consecuencia de las migraciones de los pueblos del exterior hacia el centro del propio imperio, producto de las contradicciones que el propio sistema de dominación genera en los territorios ocupados. El caso más sintomático de esta teoría sería la caída del Imperio Romano como consecuencia de los desplazamientos de las distintas tribus bárbaras (ostrogodos, visigodos, etc.) que ocuparon, principalmente, los territorios de la Península Transalpina, Hispania y el territorio de la Provenza francesa.

Interpretar equivocadamente causa y consecuencia equivale a situarse en una posición antiimperialista o prefascista. Asistimos en el contexto de la crisis general y estructural del capitalismo a desplazamientos de grandes masas de población como consecuencia de las agresiones del imperialismo de forma directa (Iraq, Siria) o a un aumento de la explotación que impide las mínimas condiciones de supervivencia de grandes masas de obreros y obreras (Centroamérica).

En estas últimas semanas se ha ido agrupando una gran cantidad de migrantes que pretenden pasar la frontera de EE.UU. para encontrar algún puesto de trabajo que les garantice una mínima sustentación vital. Pero la política del imperialismo visualizada a través del Tratado de Libre Comercio que han firmado los gobiernos mexicano, canadiense y yanqui, han provocado que otros gobiernos como el hondureño, se adhieran a dicho tratado y provoquen una migración que ya ha generado un movimiento organizado. Desafortunadamente este movimiento, carente de conciencia de clase, busca el falso “sueño americano” y se están encontrando con la “pesadilla capitalista”.

El origen se localiza en las graves condiciones laborales en la que trabajan en las maquilas una ingente cantidad de trabajadoras y trabajadores. Condiciones insalubres, salarios de miseria, hambre y enfermedades, son los factores que han provocado esta migración. Según UNICEF, el 77% de los niños se encuentra en estado de pobreza y desnutrición; 6 de cada 10 niños indígenas o afrodescendientes no asisten a la escuela.

Todo ha comenzado con una convocatoria en Honduras a través de las redes sociales para organizar la marcha hasta la frontera de EE.UU. El 13 de octubre esta convocatoria ya contaba con 2.622 hombres, 2.234 mujeres, 1.070 niños y 1.307 niñas (es decir, un total de 7.233 personas) que se dirigían en una primera etapa a la localidad de Tapachula (Chiapas). Frente a este movimiento, los gobiernos oligárquicos de la región (Honduras, Guatemala, México) van a tratar de imponer el primer filtro represivo, amenazando con impedir por la fuerza el desplazamiento de “La caravana migrante” que va paulatinamente sumando efectivos. El recorrido de 4.000 km va a convertirse en un camino infernal.

Contrastando con la situación en Venezuela, donde los medios de propaganda del sistema inflan los datos de salida de los venezolanos para provocar la intervención por la “crisis humanitaria”, la “caravana migrante” cuenta con la contemplación humanitaria pero no con la lectura política.

Ante la flagrante política terrorista y de exterminio del imperialismo, las fuerzas revolucionarias de Centroamérica y de América Latina y el Caribe están obligadas a construir una plataforma y políticas de coordinación que favorezcan una respuesta contundente contra el imperialismo y las oligarquías de la región. La lucha de clases coloca sobre el tapete las grandes contradicciones del capitalismo en su fase imperialista. Miseria, hambre, explotación y desarraigo, son los ingredientes que el gran capital está dispuesto a ofrecer a la clase obrera y los sectores populares. Siguiendo la consigna del PCPE, también en este caso de la migración, ¡¡la lucha decide!!.