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Lenin en su monumental obra ¿Qué hacer?, vilipendiada por muchos precisamente por su capacidad para concretar la organicidad, tareas, carácter y contenido de la agitación del partido comunista y de su militancia, nos deja un legado de excepcional fuerza teórica y de señalamientos prácticos. Dota al partido de los fundamentos insustituibles para dirigirse a su objetivo fundamental de liquidar esta sociedad de explotación y alienación.

Entre otras aportaciones Lenin despliega un alarde teórico al desmontar el contenido teórico-político de la consigna "libertad de crítica" defendida por sesudos intelectuales y políticos "socialistas". Denuncia adónde se pretendía llevar al marxismo, y en consecuencia al movimiento obrero, con esa pretendida y pretenciosa "libertad".

El planteamiento concreto es el siguiente: "Sin teoría revolucionaria tampoco puede haber movimiento revolucionario". O sea, el movimiento revolucionario es, si se nutre de, si en él prende, la teoría revolucionaria.

Atención a este texto. Es absolutamente imprescindible dotarse de la teoría revolucionaria (en su tiempo el marxismo; Gramsci afirmará que después de Lenin el marxismo-leninismo) para que se produzca el movimiento revolucionario, el movimiento genuinamente socialista. Que esa teoría, no otra, se aplique para conformar y nutrir el movimiento revolucionario. El movimiento revolucionario insustituible para la subversión total de esta miserable sociedad de explotación. Es revolucionario porque dispone de una teoría que construye revolución y esa no es otra que el marxismo. Para que surja un movimiento socialista es para el que se exige la teoría revolucionaria. La única que desentraña el movimiento del capital, la explotación que lo sustenta y su caducidad. El movimiento será revolucionario siempre que incorpore y asuma la conciencia primordial de hacer la revolución y los medios para conseguirla.

Debemos tenerlo en cuenta para toda actuación política en los diversos frentes de masas y formas de movimientos; en la actualidad nos encontramos con un sinfín de movimientos y, dicho de otra manera, de identidades. Movimiento de partidos, sindical, vecinal, feminista, ecologista, cultural, musicales, cinematográficos, literarios, deportivos, sexuales… Todos con su "identidad". Todos más o menos iguales y en los que toda la "ciudadanía" cabe.

Lo fundamental se asienta en el movimiento socialista. El movimiento consciente de transformar, destruyéndola, esta encanallada y explotadora sociedad, consciente del imprescindible cambio revolucionario.

Todo el posmodernismo con destacados teóricos y dirigentes (desde Laclau o Toni Negri a P. Iglesias pasando por identitarios de todo tipo) también ejercen su "libertad de crítica" al marxismo y pretenden hacer valer que la importancia de cualquier teoría y movimiento es la misma, debiendo "gozar " las identidades de la correspondiente horizontalidad y transversalidad. Todas de importancia similar, pretendiendo que se desvanezca y desaparezca la única "identidad " capacitada para destruir la base fundamental de las actuales relaciones sociales de producción, las capitalistas: la clase obrera. Porque con ese bagaje teórico e ideológico, esos que se reclaman "otros" enmascaran su no querer pertenecer al conjunto de los explotados y oprimidos del mundo que se unen contra su enemigo común. El “otro” postmoderno es un sujeto mil veces fragmentado por el esperpento teoricista que, primero ha matado, en el mundo de sus abstracciones no en el real, al “sujeto histórico” (proletariado) de la revolución social; y, luego, lo ha dividido en una multiplicidad de sujetos con sus particularidades sin ninguna unidad por lo que no son capaces de reconocerse como aliados necesarios con los “otros”.

No se insistirá suficientemente en este aspecto absolutamente fundante del propio partido. Nuestra tarea consiste en analizar todos y cada uno de los conflictos, las diversas situaciones del conflicto de clases, también sufridos y padecidos por las identidades, para introducir y ampliar los elementos políticos socialistas que fomenten, conduzcan y consoliden el movimiento revolucionario. No consiste sólo en introducir meramente aspectos políticos e ideológicos sindicales, vecinales, de género o xenófobos, o… Lo decisivo es agitar y organizar con pertinentes elementos políticos socialistas. Hacerlo pese a todos los obstáculos que constriñen, retrasan y limitan la tarea política. Pues en el movimiento revolucionario pueden, esa también es tarea específica del partido comunista, confluir en todo o en parte esos otros movimientos, esas otras identidades. El movimiento revolucionario ha de buscar las maneras de atraerse esas particularidades. Aliados/as hay en ellas.

Tarea difícil, complicada y de resultados inmediatos parcos, lentos,… Bien cierto es. Pero esa es la exigente tarea. Y su grandiosidad.

En ese mismo folleto Lenin cita a Engels "…el socialismo, desde que se ha hecho ciencia, exige…[…], que se le estudie.". Debemos hacerlo. Admitiendo que la teoría revolucionaria consiente ser ampliada, consolidada y profundizada, pero como ya nos advirtiera G. Lukács siempre en el sentido de sus fundadores; para que en todo instante el movimiento revolucionario disponga de la teoría revolucionaria.

El PCPE tiene una gran tarea.