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Dentro de unos meses, en 2019, se celebrarán elecciones municipales en toda España. La encuesta encargada recientemente por el Ayuntamiento de Barcelona, en caso de que tuvieran lugar las elecciones ahora, le darían la victoria a la plataforma de partidos políticos “Barcelona en Comú-Podemos”, con lo cual, de ser así, la alcaldía de nuestra ciudad volvería a recaer en la actual primera edil Ada Calau. Pero la efervescencia por el poder municipal que estamos viendo ya, tiene visos de batalla campal. No es para extrañarse, hasta el 2015 los alcaldes fueron del PSC y CiU, dos partidos de la oligarquía, y cuando perdieran la vara del mando municipal de la capital catalana, a la gran burguesía le escoció como un chorro de vinagre en una herida infectada.

El asunto está en que quien domine los negocios de la Barcelona política, gozará de grandes ventajas, si puede convertir el superávit del capital público en superávit de capital individual privado. El volumen de negocio macroeconómico ha sido y es astronómico. Veamos, pues: Barcelona es la capital de Catalunya con un mercado demográfico de 7.488.809 consumidores, de los cuales 1.620.809 pertenecen a la citada Barcelona. El peso económico y político de ésta es preeminente en el Principado de Catalunya y en el conjunto del Estado al actuar como motor preponderante de la economía productiva de este.

Según el Instituto Nacional de Estadística (INE) en 2017, el Producto Interior Bruto (PIB) de España era de 1 billón 164.379 millones de €, y de Catalunya de 226.191 millones de estos (el 19,4%). Lo que no quiere decir, por eso, que por el reparto de la riqueza la ciudadanía de Catalunya sea más rica. Madrid, por ejemplo, se iba a un PIB de 220.001 millones de € (el 18,9%). Sin embargo la contabilidad medida por el PIB “per cápita”, que reparte el producto de la renta a las personas nos muestra como Catalunya, por Comunidades Autonómicas (CCAA), siendo la primera en PIB, se queda en cuarto lugar a la hora del PIB “per cápita”. Aquí figura en primer lugar Madrid con 33.809 € (135,2%; País Vasco, 33.088 € (132,4%); Navarra, 30.914 € (123,7%; y Catalunya 29.936 € (119,7%). El PIB “per cápita” estatal es de 24.999 € (base 100), el resto de las comunidades quedan en todo por debajo de Catalunya. De modo que la lucha puede ser encarnizada por el dominio de parte de lo de antes explicado.

Si el equipo de gobierno de “Barcelona en Comú-Podemos” tuviera que hacer un balance de su tiempo de gestión municipal, podemos decir que no sería brillante a día de hoy; si el liderazgo de Ada Colau en 2015 se lo debe a encabezar la plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) contra los desahucios de las viviendas sociales, al cierre de 2017 nos encontramos con 2.591 de estos sin que su política, respecto a ello, haya frenado esta sangría de las familias obreras. En lugar de municipalizar empresas de servicios comunales, mediante conciertos, ha privatizado de la misma manera que sus antecesores, engordando las plusvalías de los capitalistas; abarcando extensas áreas de actividad como hospitales, clínicas, tanatorios, centros de atención a las personas mayores con minusvalías tanto en régimen permanente como de día; red de casales de ocio distritales, y regalías discriminadas a asociaciones vecinales de obediencia sumisa… Y ha actuado desde la equidistancia con respecto al proceso político de Catalunya.

Ahora bien, pero aun así, la situación de Barcelona, y de Catalunya, puede tornarse aún más complicada si la alta burguesía vuelve a recuperar el poder municipal en las próximas elecciones; esta facción, inspirada en el mapa electoral del 21-D del pasado 2017 de Inés Arrimadas vestida de fascio-populimo, aunque esta base puede variar, entre otras cosas, y caso de que aunque tuviera sentido esa inspiración, si la confrontación en el Parlament llevara a un adelanto de los comicios para la renovación del mismo antes de las municipales. Por eso, y porque saben que las elecciones del 21 de Diciembre se dieron en un momento extraordinario de confrontación y de división propagandista aumentada por las llamadas fuerzas unionistas constitucionales y centralistas, contra la radicalización del independentismo, combatido con visceralidad, poniendo como disyuntiva la integridad del Estado-Nación, o el rompimiento de España; cosa que ahora para la ciudad de Barcelona ese enfoque no corresponde; sería un discurso desfigurado y sin encaje en este nuevo escenario electoral. Además, hay que tener en cuenta que la opinión pública catalana, después ha tenido ocasión de comprobar que este partido, Ciudadanos, es un fragmento del IBES-35 que lidera Isidre Fainé a través de la “Caixa”, que no olvidemos sacó el consejo de administración de esta entidad para llevarlo a Valencia.

Esa puede ser la razón de echar mano de Manuel Valls, ex primer ministro de Francia, para encabezar una candidatura que representa a los intereses de la gran banca y, a la vez, insertar una propuesta engañosa de izquierda moderada europeísta. Para eso cuentan con la prensa amarilla española que maneja la oligarquía, que, aunque le den populismo a este elemento antinacionalista nacido en Barcelona, en Francia sin embargo está considerado como un político fracasado, que busca su resurgimiento en Barcelona. Su caída se conoce por los hechos siguientes: su enfrentamiento con los sindicatos y los trabajadores por la contrarreforma laboral, que fue rechazada por el movimiento obrero con el apoyo estudiantil y el movimiento popular de Francia; por sus discursos sobre la teoría del apartheid social de los suburbios, y contra la etnia gitana que por razones culturales –decía- no se integran en Francia; por su fobia contra el islam que lo sitúa como guerra de civilizaciones, porque el islam –eso cree él- es una cultura basada en la violencia, a la vez que critica la política migratoria de Ángela Merkel de Alemania porque absorbe alguna mano de obra necesaria. Su imagen política a lo Sarkozy, le ha servido para arruinar al viejo Partido Socialista Francés, del que era miembro, y convertirse él mismo en un político aborrecido en Francia.

Todos estos que se preparan para el asalto al Ayuntamiento de Barcelona, en nombre de la democracia participativa; de la izquierda reformista y de la derecha oligárquica, no ejercerán dicha democracia si antes no airean a fondo las tramas secretas y los chanchullos de toda la corrupción como, por ejemplo, “Caso Millet-Palau”, por su peculiar gravedad y curiosidad en la que se incluye la mención a la FAES de José Mª Aznar, ligada al Patronato del Instituto de Catalunya Futur.

Todo esto, que todo el mundo conoce, debería servir como experiencia para que la ciudadanía de Barcelona tome nota de a quién debe votar. En mi opinión se necesita una candidatura de base que represente nítidamente los intereses del movimiento obrero y popular, con sentido ideológico asentado en los valores republicanos socialistas. Esto solo puede estar garantizado por el principio insobornable que emana del Socialismo-Comunismo.

Barcelona, 5 de Octubre de 2017

Miguel Guerrero Sánchez