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Trabajadores de Unión Naval secundando un paro de 15 minutos en protesta contra la guerra e invasión de Irak en marzo de 2003. 

Según las notas del periodista norteamericano John Reed, las primeras palabras que Lenin pronunció ante el II Congreso de los Soviets de toda Rusia el 26 de octubre de 1917, inmediatamente tras el triunfo revolucionario, fueron las siguientes: “¡Ha llegado el momento de emprender la construcción del orden socialista! Lo primero que debemos hacer es adoptar medidas prácticas para realizar la paz…”. Con una clase obrera y campesina hambreada, analfabeta, semiesclavizada, la prioridad de los bolcheviques fue que los obreros rusos dejaran de morir y matar a sus hermanos de clase en otros países defendiendo la bandera ajena de sus respectivas burguesías. La paz antes, incluso, que el pan y el trabajo. La lucha contra la guerra imperialista y por la paz entre los pueblos ha sido, es, y será, la seña de identidad de las y los comunistas. 

Hoy, 101 años después, mucho tendrían que explicar quienes, usurpando las herramientas de lucha de la clase obrera, presionaron para que el gobierno español ejecutara la venta de 400 bombas “inteligentes” a Arabia Saudí. Dicen defender sus puestos de trabajo, sin importar la sangre derramada por el pueblo yemení a manos del imperialismo de EE.UU. e Israel ejercido mediante una coalición militar liderada por Arabia Saudí, cliente preferente de Navantia. No resulta fácil para las/os comunistas posicionarnos frente a las movilizaciones de una plantilla, pero hay límites que jamás se deben rebasar, ni siquiera por la ilusoria idea de que con ello se consolidan puestos de trabajo. No es justificable que un Comité de Empresa, en este caso el de Navantia – San Fernando, ejerza a modo de lobby del complejo militar-industrial. Sin la clase obrera no se mueve un solo engranaje, tampoco el de la guerra.

La dicotomía entre paro o complicidad con el genocidio es falsa. No olvidamos que fue la “reconversión industrial” del PSOE de Felipe González, a comienzos de los años 80, la que destruyó decenas de miles de puestos de trabajo del sector naval en el contexto de las negociaciones para la entrada de España en la entonces Comunidad Económica Europea. Ningún empleo, menos aún en el sector industrial, será jamás estable en el capitalismo, y el probable cierre de la multinacional Vestas en León, destruyendo más de 2 mil puestos de trabajo, sólo constituye un ejemplo reciente.

Incluso a los ateos se nos encoje el corazón cuando oímos la voz profunda de Mercedes Sosa cantando aquello de: “sólo le pido a dios que la guerra no me sea indiferente, es un monstruo grande y pisa fuerte toda la pobre inocencia de la gente”. Es inadmisible la indiferencia frente a la guerra, y frente al uso que Arabia Saudí vaya a hacer de bombas y corbetas, mostrada por dicho Comité de Empresa con argumentos miserables del tipo “si no lo hacemos nosotros lo harán otros”.

No debemos, sin embargo, cargar toda la responsabilidad sobre la plantilla de Navantia – San Fernando y su representación sindical. Décadas de traiciones de las organizaciones obreras, tanto políticas como sindicales, de Pacto Social con la patronal y sus gobiernos, han fragmentado y sumido en la derrota al conjunto del movimiento obrero. Llama poderosamente la atención el lenguaje pretendidamente “obrerista” con que el oportunismo, en este caso de Podemos en Andalucía, retuerce sus argumentos para acabar apoyando la fabricación y venta de armas a un Estado genocida. 

Las y los comunistas debemos fortalecer nuestro Partido, el único actualmente en el Estado español con la honestidad política y capacidad de análisis necesarias para recomponer la confianza de la clase trabajadora en sus propias fuerzas, posicionándola a la ofensiva contra el verdadero enemigo de la Humanidad y de los mismos puestos de trabajo que creen estar defendiendo: el capitalismo y sus organizaciones imperialistas, principalmente la UE y la OTAN. Esa es la responsabilidad histórica del PCPE. 

José Barril