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De las contradicciones que se producen en el seno del capitalismo,  la de género, nos atraviesa como clase y también a las organizaciones de clase.  Se puede negar o se puede mirar a otro lado y desdeñarlo. Pero la mejor manera de construir una sociedad nueva es contribuir a formar seres humanos nuevos y abordar todas las contradicciones, también la de género, para dar una respuesta desde las organizaciones revolucionarias.

El hermano Partido Comunista Brasileño (PCB) publicó  el pasado 10 de junio este posicionamiento de su CC  sobre el acoso. Lo reproducimos,  no sólo por su interés e importancia, sino para que nos ayude a nosotros y nosotras a mirarnos hacia adentro. (Secretaria Feminista CC del PCPE).

Combate comunista al machismo de cada día

Comité Central del PCB

El machismo está profundamente enraizado en el comportamiento de hombres y mujeres en nuestro país. No bastaba ser un patrón estructural de la sociedad capitalista, en Brasil se agrava por factores sociales que se remontan a la época de la colonia. Es la cultura machista que permite todo tipo de abusos y acoso y que pasan a menudo por comportamientos naturalizados. La constatación de estos hechos no nos exime del fuerte compromiso con el rechazo y la lucha para exterminarlos.

Como comunistas, somos los primeros en luchar contra todo tipo de opresión, lo que significa la lucha cotidiana para combatir el machismo y el acoso presentes en nuestro propio comportamiento. Sin comprender esto no podemos ser comunistas. Entendemos que la naturalización de ese comportamiento hace que muchos militantes continúen acosando a las mujeres sin a menudo darse cuenta de lo que eso representa. Otras veces, debemos constatar, que militantes  utilizan, conscientemente, posiciones de poder para acosar, reforzando el comportamiento machista propio de los agentes del capital a los que que combatimos con fuerza. Esto es inaceptable.

Una mujer acosada sufre un dolor que sobrepasa cualquier dolor físico, pues su ser es rebajado a la insignificancia más abyecta. Todo tipo de acoso machista provoca un sentimiento de desprecio por sí mismas tan fuerte que muchas mujeres abandonan cualquier esperanza de pertenencia consciente a la colectividad y, en la cosificación y aislamiento, desarrollan todo tipo de enfermedades que va de la depresión al suicidio.

El feminismo clasista que defendemos no significa en absoluto que la opresión machista a que están sometidas las mujeres sólo será objeto de "resolución" con el fin del capitalismo, o de la sociedad de clase. Muy al contrario, es en el cambio inmediato de los comportamientos machistas de todo tipo, principalmente de los y de las militantes, que podremos avanzar en la lucha contra el capital. Sin esa transformación estaremos ejerciendo el cinismo típico de la sociedad en que vivimos.

Así como es inadmisible un comunista racista, esperamos que los cambios conductuales y subjetivos de todos nosotros militantes haga inadmisible un comunista machista. Cuando constatamos o seamos informados de cualquier tipo de acoso practicado por un militante, es nuestro deber combatirlo.

El acoso sexual es un acto grave y debe ser castigado. Sin embargo, el concepto de castigo propio de la sociedad burguesa no transforma nada, sólo finge resolver el problema aplicando una pena al infractor, infringiendole un sufrimiento, sin que eso modifique en nada su comportamiento. La ley de Talión - ojo por ojo – se reinstaura en los momentos en que se establece una  crisis social y tiene como consecuencia el empeoramiento de la barbarie. 

Nosotros queremos y estamos construyendo un tipo de relación social diferente y que debe comenzar por nosotros mismos. El error cometido no puede ser aceptado, sin embargo, debe ser objeto de análisis y toma de conciencia, lo que llamamos de crítica y autocrítica profundas y sinceras. Es importante recordar que la autocrítica no puede confundirse con el comportamiento católico de la confesión y penitencia que, tras el proceso, libera la conciencia del individuo hacia el nuevo pecado. La auto-crítica es un proceso práctico-consciente. Hacer una autocrítica es comprometerse en no volver a cometer el error y, sobre todo, comprender porque se erró, transformarse a sí mismo en el proceso.

Como el machismo está tan profundamente enraizado en nuestro ser social, es uno de los comportamientos más difíciles de ser transformado. La mayoría de las veces, el militante que cometió algún acoso no entiende que lo que ha hecho está mal y que encaja en esa categoría de comportamiento que debemos combatir. Es nuestro deber hacerlo comprender y el papel de la formación es determinante para la construcción de una nueva postura.

En el caso del acoso sexual, abuso de poder y desviaciones del comportamiento derivados del machismo, indicamos la lectura de los siguientes textos, como proceso profundo de autocrítica consciente:

  • SAFFIOTI, Heleieth. El poder del varón. Y en el caso de las mujeres.
  • SAFFIOTI, Heleieth. Contribución feminista para el estudio de la violencia de género. http://www.scielo.br/pdf/cpa/n16/n16a07.pdf
  • DAVIS, Angela. Género, raza y clase. Sao Paulo: Boitempo, 2016. 

Hecha la autocrítica en la práctica, el militante puede y debe reasumir sus actividades partidistas con el compromiso de corregir su comportamiento, bajo pena de exclusión sumaria de los cuadros del partido.