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En los últimos tiempos las mujeres se han convertido en las protagonistas de los conflictos laborales más destacadas de nuestro país.

Entre las luchas más importantes podemos destacar las que han llevado a cabo y siguen llevando a cabo las “Espartanas” de Coca Cola, las dependientas de Bershka, las trabajadoras de las residencias de Bizkaia, las Kellys Unión o las trabajadoras de Atento de Toledo.

Cuando hace cuatro años el gigante de Coca Cola tomó la decisión de cerrar la fábrica de Fuenlabrada en Madrid, fueron principalmente las trabajadoras y las compañeras de los trabajadores las que dieron un paso al frente para visualizar esta lucha. “Las Espartanas” como las conocemos, fueron conscientes de que su lucha no solo era por conseguir que la fábrica no cerrase y mantener los puestos de trabajos, sino que ellas mismas decían: “Debemos ser un ejemplo. Es un antes y un después en la lucha obrera”

Las trabajadoras de las residencias de Bizkaia comenzaron sus primeras movilizaciones en marzo de 2015, estas movilizaciones dieron lugar a una huelga que finalmente duró 370 días, convirtiéndose en la huelga más larga protagonizada por mujeres en nuestro país.

Tras este pulso consiguieron firmar un nuevo convenio con mejoras salariales y reducción horaria, sin embargo, saben que la lucha debe continuar, la Diputación se ha comprometido a subir las ratios por número de pacientes y continúan vigilantes para que esto se lleve a cabo. En una entrevista concedida al UyL Marina Costa Bonone (representante de las trabajadoras por el sindicato ELA) nos dejaba estas palabras:

La lucha es el único camino, la clase obrera tiene que estar unida y organizada, y el sindicalismo tiene que ser un sindicalismo de confrontación para lograr los objetivos, y lo más importante es que las luchas deben visibilizarse, porque lo que no se ve, no existe, al principio incluso, los medios de comunicación nos daban la espalda. Todo este tiempo hemos estado en la calle, realizando todo tipo de acciones, concentraciones, manifestaciones, acampadas, marchas… Lo más importante de la lucha ha sido el camino.

Las trabajadoras de Bershka le plantaron cara al grupo Inditex manteniendo una huelga indefinida de cinco días, un hecho sin precedentes para esta empresa, la huelga fue secundada por el 100 % de la plantilla (74 mujeres y un hombre), y se llevó a cabo por la discriminación que sufrían al percibir “salarios inferiores” a sus compañeras de otras provincias que han conseguido firmar mejores convenios laborales y, por “las diferencias entre las dependientas” de los mismos comercios que trabajan a tiempo completo y las que tienen jornada parcial, logrando finalmente en la negociación con la empresa sus objetivos.

Las Kellys Unión han logrado convertir su lucha en la lucha de toda la clase obrera, este colectivo sobreexplotado ha conseguido con su unidad y organización marcar la agenda de su lucha, tanto a las inactivas direcciones sindicales consiguiendo movilizarlas, como a los distintos gobiernos.

Se enfrentan a las patronales con más influencia en nuestro país, la patronal del sector hotelero y las empresas de subcontratas, reivindicando la mayor regulación de sus condiciones laborales, el reconocimiento de enfermedades profesionales, la jubilación anticipada (como al resto de trabajos de duro desgaste), el incremento de inspectores de trabajo, la mejora de los convenios colectivos de hostelería y la reforma, entre otras medidas, del artículo 42 del Estatuto de los Trabajadores (E.T.), que actualmente favorece la sobreexplotación de las trabajadoras y los trabajadores de empresas subcontratas.

Las Kellys han logrado visibilizar su lucha no solo en nuestro territorio, sino también internacionalmente, están unidad y organizadas y no pararán hasta conseguir la victoria.

A estas luchas, hay que añadirle la que comenzó este verano la plantilla de Atento Toledo, call-center, que gestiona la atención al cliente de Telefónica-Movistar, compuesta mayoritariamente por mujeres, ante el exceso de carga de trabajo que sufren en verano al reducirse un 25% por vacaciones, de tal manera que 360 personas realizan las tareas que normalmente llevan a cabo 480, la empresa se niega a aceptar las propuestas de las compañeras y los compañeros presentadas por el Comité para intentar paliar esta situación, bien con nuevas contrataciones o con ampliaciones de jornada voluntarias.

“La empresa lo que intenta es hacer desaparecer nuestros derechos, nosotros luchamos para que no nos sean arrebatados”, afirma Chelo Gómez, presidenta del Comité de empresa.

Todas estas luchas, a pesar de las contradicciones que a veces podamos encontrar en ellas, demuestran que las mujeres trabajadoras están siendo conscientes de cuál es el camino, la organización y la luchas, ahora solo queda elevar esa conciencia hacia la lucha de clases de trabajadores y trabajadoras con el objetivo de acabar con el capitalismo y comenzar a construir el socialismo.

A. Roja