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Las plagas son colonias de organismos animales vegetales que atacan y destruyen los cultivos y las plantas, con daños o desgracias que afectan a gran parte de una población y que causan un perjuicio grave. Las plagas pueden ser de chinchillas, chinches, de avispas, de langosta y de moscas, mosquitos y moscardones, etc, etc. El concepto de plaga ha evolucionado con el tiempo desde el significado tradicional donde se consideraba plaga a cualquier animal que producía daños, típicamente a los cultivos.

Actualmente las personas consumidoras, aunque dependan o no del campo de la agricultura, sufrimos una plaga que nos ha inoculado el capitalismo para rebañarnos hasta los bordes de nuestros ahorros de miseria. Es una plaga depredadora que tiene su cubil en las cloacas de los consejos de administración de los bancos y de las empresas multinacionales que venden servicios por gestión opaca, pero con aceptación irrefrenable por parte de legiones y legiones de consumidores. El “meollo” de este negocio con clientes absolutamente masivos lo tienen en la utilidad de la telefonía móvil, cuyo acceso se extiende a todos los miembros de la familias, desde los niños pre adolescentes hasta los mayores, de por vida.

La competencia es feroz por apropiarse de este mercado, ofreciendo condiciones beneficiosas engañosas que, aunque al principio tienen una apariencia de realidad, luego te das cuenta que te han timado viendo tu factura como varía su importe de unos meses a otros. Reclamas y te atienden con amabilidad dándote la razón, siempre por teléfono que te van mandando de un sitio a otro, pero la factura no varía para achicar su importe, sino para aumentar éste, hasta que te cansas y decides cambiarte a otra compañía.

Si haces esto la venganza es terrible, te persiguen obsesivamente y comienza el acoso frenético, sobre todo si te niegas a pagar una factura que triplica su importe habitual y aunque les pidas que corrijan ésta para poder hacerla efectiva. Ni por estas, como tú ya has rescindido el contrato, te llaman a todas horas con amenazas judiciales y con mandar tus datos al Rai, a Experian o Asnet, entre otras; es lo mismo, son registros de morosos que están coordinados y que trabajan para bancos, cajas de ahorro y cooperativas crediticias, con bufetes de abogados carroñeros ligados a la trata de los “fondos buitre”. El problema surge cuando necesitas un préstamo bancario o cualquier otra compra a crédito, y te han metido en el Rai. No te lo conceden. Pero si tú lo tienes todo bien y no necesitas préstamos, pues que les den, los puedes mandar a tomar viento como lo hago yo ahora con Orange.

Esta plaga de depredadores actúan así porque es muy difícil, para los currantes como yo, llevarlos a los tribunales de justicia. En el sistema que nos domina siempre ha sido así, pero ahora aún más. Cuando era ministro de justicia Alberto Ruiz Gallardón, en fecha 12.11.2012, por Real Decreto nos colocó la Ley “Mordaza” y el 17.12.2012, a instancia suya, el Congreso de Diputados aprobaba la Ley de Tasas Judiciales, que hasta entonces eran gratis, poniéndolas entre 500 y 750 € para instancias sociales. Otras instancias son aún más caras todavía. Es decir que si tú no quieres que te roben 200 €, por ejemplo, para defenderte prepara 750 €. Desistes, como dicen en mi pueblo, te cuesta más el tinte que el manto, por esto la plaga campea a sus anchas.

Aun así yo creo que nosotros los sufridos consumidores, en los casos de acoso, deberíamos denunciar estos hechos en ayuntamientos (suele haber la oficina de defensa del consumidor), en las comisarías de policía, en los cuarteles de la guardia civil…; no solo para mostrar el descontento, que seguramente en estos sitios de ahí no pasa, principalmente para acumular pruebas en el caso de que algún familiar sufra síndrome de ansiedad por acoso; esto con los informes médicos y un buen abogado, puede servirnos para no tener reparo en gastarnos 750 € y hacer que a los de la plaga les cueste caro estas persecuciones sucias e irracionales.

Barcelona, 21 de Agosto de 2018

Miguel Guerrero Sánchez