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Hasta el estallido de la crisis capitalista, España era un país receptor de inmigrantes. En cambio, desde los últimos tres años hasta el 2012, España ha pasado de ser un país al que venían trabajadores de otros lugares del mundo, a ser un país del que huyen especialmente los hijos de la clase trabajadora y los sectores populares.

La falta de perspectivas laborales para la juventud (con más de un 50% de tasa de paro juvenil) y la sobreexplotación de los trabajadores por parte de la oligarquía de nuestro país han sido los principales motivos que han propiciado esta situación.

La movilidad de la clase trabajadora internacional de unos lugares a otros (campo-ciudad, país de origen-país extranjero) ha sido un hecho desde el inicio del capitalismo. El principal motivo de esto es que el capitalismo ha generado masas de población que carecen de medios de producción propios para producir por ellos mismos los bienes más básicos para sobrevivir. Esto lleva a que la clase obrera tenga que moverse de un sitio a otro en busca de la posibilidad de vender su fuerza de trabajo o de unas mejores condiciones salariales. 

Para los marxistas, la clase obrera inactiva forma parte del ejército industrial de reserva, que es toda la masa de obreros sin empleo que los capitalistas utilizan para imponer unas peores condiciones laborales a los trabajadores. Mediante el terrorismo más cruel, la clase capitalista impone la aceptación de empleos más degradados porque existe una bolsa de desempleados que aceptaría el trabajo fruto de su desesperación para conseguir bienes básicos para sobrevivir. De hecho, la degradación de las condiciones laborales en España se ha incrementado a medida que ha ido creciendo el desempleo.

Desde el 2008 la emigración juvenil ha crecido en un 41%, y de España se han marchado 476.748 personas. Tenemos que tener en cuenta que en realidad la emigración juvenil es superior al 41%, porque ese dato no recoge a aquellos jóvenes que no son españoles de origen, por lo que nos encontramos con una tasa (sin datos sobre ella) de emigración juvenil muy superior al 41%. La emigración que hoy encontramos no es como la de nuestros abuelos cuando marcharon fuera de España, aunque cumple el mismo papel debido a que se encuadra dentro del ejército industrial de reserva, tendiendo a degradar las condiciones laborales contra los trabajadores.

Los jóvenes que marchan fuera del país suelen tener carreras universitarias y son por tanto una mano de obra “más formada” y “cualificada”. Por esto, la inmigración española en países como Alemania, está suponiendo la rebaja de las condiciones laborales de ingenieros y técnicos de varios sectores de la producción. Más allá de lo que los medios de comunicación nos venden de que la Unión Europea propicia la “movilidad de ciudadanos” por los países miembros, lo cierto es que la Unión Europea es una estructura que genera unas mejores condiciones de explotación contra la clase trabajadora de toda la Unión. Como prueba de esto está también la cifra de que uno de cada dos jóvenes que marcharon a Alemania ya ha regresado de vuelta a España, lo que nos da idea de la falsedad de las “oportunidades” que nos dicen tener.

En esta tesitura, los medios de comunicación de la oligarquía nos hablan, por un lado, de la “tristeza de que nuestros jóvenes tengan que marchar”, o por el otro, “lo positivo de que los jóvenes españoles se busquen la vida en otros lugares para demostrar al mundo lo bien formados que están”. Frente a estas subjetividades que no vienen más que a reforzar la idea de que la emigración es un “hecho inevitable”, la juventud obrera, con o sin empleo en España, tiene que decir bien alto y claro que sí existe otra alternativa al paro y la emigración, y que ésta pasa por la organización y la lucha por el Socialismo, que es el único sistema capaz de resolver verdaderamente el problema del paro.

 

Roberto Guijarro