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“El domingo 16 de febrero de 1936 la capital aparece con cielo despejado. Desde las primeras horas de la mañana se forman largas colas delante de los colegios electorales. (…) En la Puerta del Sol, frente a Gobernación, una muchedumbre espera, ansiosa, noticias. (…) Al día siguiente se sabe que el Frente Popular ha triunfado. (…) Ha obtenido doscientos cincuenta y siete escaños de un total de cuatrocientos cincuenta y tres, la mayoría absoluta. (…) Los madrileños se echan masivamente a la calle. Las fuerzas de orden público confraternizan con el pueblo”. Así describe el hispanista, Ian Gibson, la victoria frentepopulista en su libro “Luís Buñuel, la forja de un cineasta universal”. Un ambiente de euforia y alegría en el que se cimentaban, gracias a Filmófono, productora y distribuidora cinematográfica creada en 1935 por el empresario vasco Ricardo Urgoiti y por el cineasta de Calanda, las bases de una prometedora industria cinematográfica y de un cine profundamente popular. Es decir, un cine que relegara las españoladas de turno y que, dentro de su propia idiosincrasia, reflejase los avances sociales del régimen republicano.

Películas de gran éxito

Para alcanzar esos objetivos Buñuel, militante por entonces del Partido Comunista, se rodeó de una serie de colaboradores de gran calidad. Entre ellos, en la parte técnica sobresalían, como guionista, Eduardo Ugarte (fundador en 1936 de la Alianza de Intelectuales Antifascistas para la Defensa de la Cultura), Eduardo García Maroto como montador y como director de fotografía José Mª Beltrán; y en la parte actoral, el popular cantaor republicano Angelillo, la bailaora Carmen Amaya o la actriz Ana María Custodio, entre otros. Con ellos, Filmófono, dirigida por Luis Buñuel en todas sus facetas, produjo cuatro películas de gran éxito: “D. Quintín el amargao” (1935), dirigida por Luís Marquina, una moraleja sobre el tema del que siembra vientos recoge tempestades; “La hija de Juan Simón” (1935), dirigida por Nemesio Sobrevila y José Luís Sáenz de Heredia, melodrama sobre los amores no aceptados por el padre de la novia; “¿Quién me quiere a mí?”(1936), codirigida por Sáenz de Heredia y Luis Buñuel, una historia sobre el divorcio, tema candente tras la aprobación en 1932 de una ley al respecto, y ¡Centinela, alerta!, una sátira social dirigida por el cineasta francés Jean Grémillon, quien rodó sus últimas escenas en la primera quincena de julio de 1936, ya en una situación política extremadamente tensa.

Con la derrota de la República otros proyectos de Luís Buñuel quedaron en simples intentos, algunos de ellos de gran interés, como adaptar distintas obras literarias, entre ellas, una de Valle-Inclán y otra inspirada en la trilogía de Pío Baroja, “La lucha por la vida”, sobre los bajos fondos madrileños. Filmófono, que pudo ser una de las productoras más potentes del mundo hispánico, preparaba además 16 películas para la temporada 1936-1937, y el genial cineasta aragonés deseaba realizar también “Fortunata y Jacinta”, según la novela de Benito Pérez Galdós. Todo, sin embargo, se truncó brutalmente, y Luís Buñuel se exilió en México cuya cinematografía supo aprovechar ampliamente su extraordinario e inmenso talento.

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