Compartir

Hace 20 años, La Casa de Bernarda Alba, última obra escrita por Federico García Lorca, y publicada póstumamente, apareció en el amplio repertorio del Ballet Español de Cuba (BEC) en 1997 bajo el título de La Casa Alba. De esa manera, se integraba a un conjunto de piezas emblemáticas que han matizado el quehacer de esta compañía fundacional, que está celebrando su aniversario 30, en el 1er. Festival Internacional de Danzas Españolas y Flamenco que se celebra en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

Como en otras de sus piezas, Eduardo Veitía acerca el drama lorquiano a las tablas vestido de flamenco, y pone en juego algunos temas que descuellan de la importante obra del poeta granadino: el autoritarismo de la despótica Bernarda, el deseo de libertad, el peso de la tradición, el fanatismo religioso, el papel de la mujer…, conjugándolos con simbolismos característicos expresados en La Casa… de Lorca.

Entre otros, el color negro (la muerte), el verde (la rebeldía), la luna (placer), el calor (intensifica la tensión dramática), el bastón (poder tiránico), entremezclados con los movimientos, gestos, taconeo, y expresiones de los bailarines, para tejernos una hechizante pieza. La escenografía (Elena Gómez/Dagne Ramírez) aquí es mínima, cerrada, austera como la propia vida de sus habitantes.

La Casa Alba –prólogo/epílogo y ocho escenas–, que en esta ocasión apareció sin intermedio, de forma lineal que añade en intensidad y nivel comunicativo al no cortar las fuertes secuencias, propició que el espectador pudiera reconocer el drama que se mueve detrás de las vetustas paredes, y cuyas cinco hijas colorearon de sentimientos el interior de esa prisión donde se esconden pasiones, envidias, celos, tristezas que Veitía puso a bailar en la escena.

En este apartado hay que reconocer la singular entrega de los primeros bailarines: Leslie Ung como Poncia, un rol que va haciendo suyo ante cada salida, y en la que realizó una faena de alto vuelo dancístico e interpretativo, que junto a ese bailarín que se crece ante cada nueva salida, Ricardo Quintana (Pepe El Romano), en una palabra: ¡excelente! llenaron de ovaciones el auditorio, así como la juvenil y hermosa Diancy Martínez, ya primera bailarina, en la Adela que la toca con la fibra de su versatilidad, para dejar en claro que el BEC tiene una enorme cantera de danzantes.

La Casa… vivió instantes de pleno dramatismo y pasión en la piel de otros bailarines, en primer lugar de la ya primera bailarina Claudia González, quien vistió la Bernarda con la fuerza de la tiránica e indolente madre, así como Lorena G. Martínez (Martirio), la juvenil Gretcheen Guerra (Amelia), María Z. Batule (Magdalena), Cossette Bazán (Angustias), Alejandra del Pino (Prostituta), y, no olvidar, con una mención especial, al muy joven cuerpo de baile, que en esas jornadas, dieron lo mejor de sí. La primera parte del programa se coloreó con la sutil voz de nuestra soprano Bárbara Llanes, quien engalanó la noche, acompañada al piano por el maestro Daniel Martínez, interpretando una selección de canciones con texto de Federico García Lorca.

Toni Piñera

Foto: Jorge Fernández Fuentes

Publicado en Gramma el 10/11/2017