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Según la Oficina de la ONU contra la Droga y el Delito, las entidades bancarias blanquearon más de 352.000 millones de dólares procedentes del crimen organizado y el tráfico de drogas.

Este dato, relativo al año 2008, en plena crisis capitalista, muestra como no existe barrera moral, ética o legal que pueda frenar a los capitalistas a la hora de remontar su tasa de beneficios. Así, en un momento en el que el capital financiero requiere de cantidades ingentes de capital, no se duda en mirar hacia otra parte y blanquear dinero para las principales organizaciones criminales de todo el mundo.

Solamente en nuestro país, el negocio de la droga genera unos beneficios de 6.000 millones de euros anualmente. Esta grandísima cantidad de dinero, del que excluimos para no ser exhaustivos otros tantos miles de millones que se obtienen de negocios como las armas, la trata de blancas, etc., son dinero negro. En otras palabras, este dinero, al no poder declararse, requiere de todo tipo de operaciones fraudulentas para poder incorporarlo dentro del circuito legal.

De este modo, estas operaciones fraudulentas se muestran como gastos necesarios para completar el cierre de la ganancia en los negocios ilícitos, de manera que si las entidades bancarias aceptan incorporar en el sistema su dinero, sus ganancias se multiplican. Así, encontramos la simbiosis perfecta entre ambos capitalistas: los bancos necesitan liquidez y los narcos necesitan blanquear.

Esta realidad, constantemente ignorada por los medios de comunicación, cuyos dueños son los mismos que los principales accionistas de las entidades bancarias, ha llegado a tal punto que, en 2012, el banco británico HSBC aceptó pagar una multa de 1.900 millones de dólares como parte de un acuerdo con el gobierno de Estados Unidos para cerrar una investigación por operaciones de lavado de dinero proveniente del narcotráfico o destinado a financiar operaciones terroristas.

De esta manera, el capital financiero es cómplice de las tragedias humanas de las que el crimen organizado es directamente responsable y cuyas víctimas son todas del pueblo. Por poner un ejemplo de hasta qué punto el crimen organizado tiene relación directa con los capitalistas, el INE publicó en 2014 el impacto económico estas actividades. Según la información, el valor añadido que generaron la prostitución y el tráfico de drogas en 2010, año que se usa para la estimación, equivale al 0,85% del PIB, unos 9.200 millones de euros. Si se incluye el juego ilegal y el contrabando, el incremento se estira al 0,87%.

Cambiar esta realidad debe hacer que nos preguntemos muchas cosas: ¿Puede existir un capitalismo que se someta a unas reglas morales y éticas? ¿Pueden los capitalistas prescindir del crimen organizado? ¿Interesa a los capitalistas combatir el crimen organizado de una manera consecuente?

Los capitalistas, movidos por la feroz competencia monopolista, no se detendrán ante ningún crimen y mucho menos ante normas legales, éticas o morales, puesto que su única ley es obtener el máximo beneficio, cueste lo que cueste. Además, como hemos visto con los datos ofrecidos a lo largo del artículo, el crimen organizado y los capitalistas, necesitan el uno del otro.

La única posición consecuente para acabar con el crimen organizado y sus consecuencias es su persecución seria y consecuente, suprimiendo los intereses entre los monopolios y los capitalistas del crimen organizado, actuando con contundencia contra los responsables y sus cómplices, eliminando la miseria de la que se alimenta el narcotráfico, eliminando el patriarcado que sustenta la prostitución, en otras palabras, tomando el poder político en nuestras manos y desarrollando políticas revolucionarias, que acudan a las raíces del problema y lo eliminen definitivamente.

Luis Muñoz Gutiérrez