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La innovación a gran escala no acontece durante la onda larga de estancamiento relativo que precede a una revolución tecnológica porque las expectativas de ganancia son mediocres. Una verdadera revolución tecnológica implica una revisión radical de las técnicas básicas utilizadas en todas las esferas de la producción y de la distribución capitalista, incluyendo los transportes y las telecomunicaciones. Cuando se produce, ésta es ya de por sí de larga duración.

Una verdadera revolución tecnológica significa, al menos en su primera fase, grandes diferencias en los costes de producción entre aquellas empresas que ya aplican la técnica revolucionaria y aquéllas que no la aplican o la aplican sólo de forma marginal. En estas condiciones las rentas tecnológicas tienden a elevar la tasa media de ganancia y no se realizan a expensas de las empresas menos productivas.

El clima general expansionista atrae enormes olas migratorias de mano de obra subempleada y a pequeños productores de mercancías empobrecidos de la periferia del capitalismo industrial a los centros metropolitanos.

Esto no significa que la tasa media de ganancia se encuentre en ascenso permanente o que esté estabilizada a un nivel más o menos superior a la media. Existe una articulación entre las ondas largas del desarrollo capitalista y el ciclo comercial normal. Durante una onda larga expansiva los períodos de ascenso y prosperidad duran más y son más pronunciados, y las recesiones son más cortas y menos agudas. Y a la inversa durante una onda larga con tendencia al estancamiento los períodos de ascenso y prosperidad son más cortos y más desiguales y las recesiones duran más y son más pronunciadas.

Por tanto los marcados ascensos a largo plazo de la tasa media de ganancia sólo pueden explicarse a través de cambios en el medio social en el que se desenvuelve el capitalismo y que una vez se han producido estos ascensos las contradicciones internas del modo de producción capitalista se manifiestan e inexorablemente conducen a nuevas caídas de la tasa de ganancia, tanto en el plano coyuntural (el ciclo industrial) como a largo plazo.

En unas condiciones de propiedad privada y competencia por la ganancia sólo un fuerte grado de concentración internacional del poder económico y político-militar hace posible imponer al mundo capitalista soluciones pragmáticas normales en tiempos de crisis, soluciones que pueden o no pueden ayudar al sistema a superar sus dificultades, pero que no obstante son impuestas. Cuando falta esa concentración de poder, cuando se dan las condiciones clásicas de “equilibrio inestable” entre dos o más bloques de poder capitalista, entonces no se puede imponer ninguna clase de decisiones y se produce una crisis general del capitalismo internacional, lo que ciertamente no ayuda al sistema a superar con mayor rapidez sus profundas depresiones.

Sin la derrota aplastante de la clase obrera alemana en 1933 el imperialismo alemán jamás habría podido emprender su curso acelerado de expansión y agresión en los años 30 y principios de los 40. Sin la derrota del imperialismo alemán y japonés en la segunda guerra mundial el imperialismo norteamericano jamás habría podido establecer la sólida hegemonía de que disfrutó en el período 1945-1965 y la primacía que hoy todavía mantiene. Sin la combinación del declive del poder político y militar británico en la segunda guerra mundial y el surgimiento de los movimientos de liberación nacional en Asia y Africa no habría podido producirse el colapso del imperio británico en el espacio relativamente corto de tiempo en que se produjo.

Evidentemente al capitalismo le es inexcusablemente necesario destruir los stocks de productos acumulados para evitar tener que “malvenderlos” e intentar mantener su tasa de ganancia (y entre esos stocks sobrantes debemos incluir a una parte de la población trabajdora), y por ello periódicamente debe recurrir a grandes conflictos entre núcleos de poder capitalista y a la búsqueda de cualquier enemigo “creíble”. De hecho no ha habido ningún conflicto a escala mundial en los últimos 50 años a causa de lo disuasorio que resulta el armamento nuclear en varias manos (que si estuvieran en una sóla ya veríamos) y a la “destrucción mutua asegurada”. No olvidemos que en estos 50 años “de paz” ha habido más guerras y conflictos “menores· que en ningún otro período histórico..

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