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Nunca antes, en la historia, se ha plasmado con mayor intensidad aquella máxima teórica que nos advierte de que en la sociedad de clases la ideología dominante es la de la clase dominante. Los medios actualmente disponibles, su extensión casi ilimitada, y la profundidad de sus mecanismos e instituciones dedicados a la dominación ideológica y -lo que no es menor-, la capacidad para engatusar a las capas populares, para invadir todos los aspectos de la vida diaria y establecer un horizonte mental de individualismo egoísta, inmediatez y despreocupación -entre otros muchos elementos-, hacen tremendamente difícil el escapar a esa fabulosa maquinación.

Se desprenden, de ahí, las inmensas tareas que el PCPE ha de asumir en estos momentos.

Enfoquemos, por ejemplo, una de las más inmediatamente prioritarias, como es la de construir la independencia política-ideológica y organizativa de la clase obrera, o bien, la de eliminar el individualismo e individuo burgués, sólo alcanzable en una sociedad plena como la comunista: o sea, suprimir la materia sobre la que se asienta toda la ideología burguesa y pequeño burguesa, desde la propiedad privada a la inmensa construcción jurídica que la protege.

Pero, no nos desanimemos ni descaminemos, el Partido cuenta igualmente con instrumentos poderosos para conseguir plantar la batalla y vencer. Veamos, no exhaustivamente: 1) La base teórica que nos sustenta, el marxismo leninismo; 2) La conciencia moral de los fines que nos proponemos; y 3) El instrumento colectivo de conocimiento y actuación que supone el centralismo democrático.

No consideraremos, ahora en este texto, el aspecto de la base teórica. Contemplemos los dos últimos elementos.

Partimos de considerar la moral desde su carácter dialéctico e histórico. No está anclada a principios inmutables, por el contrario se referencia a las necesidades y prácticas del ser humano. Por tanto, la conciencia moral que buscamos, y que hemos de conseguir los comunistas, no es una moral abstracta y de “café para todos”, se dirige a un destinatario específico, a la clase trabajadora y a las capas abatidas por el capital.

Insertados en el Partido vamos abandonando el círculo de la necesidad para inscribirnos en el ámbito de la libertad, que es el socialismo y el comunismo;  pues nuestra moralidad se dirige a escapar de un fin moralmente malo, indeseable -la explotación-, para conseguir uno moralmente bueno y deseable -la no explotación. Eso explica la enorme energía, capacidad de entrega, voluntad, y exigencia personal, que muestra cada militante comunista.

Sin embargo, la moral comunista, al igual que la disciplina, no es algo que se adquiera sin más por el impulso y la práctica individual. La moral comunista se amasa y se adquiere en la práctica continua del colectivo partidario. Por consiguiente, es una moral encaminada a destruir el pervertido individualismo burgués, y a huir del simplón determinismo.

También es cierto que, ser congruentes con nuestro deseo moralmente bueno, exige aplicar medios que impulsen la consecución del fin que perseguimos.

El centralismo democrático es el más complejo y perfecto. Hay que decir una y otra vez que el centralismo democrático no es sólo un medio organizativo mejor que otros. Es bastante más. El centralismo democrático posibilita la concentración de toda la experiencia colectiva; nos permite alcanzar el máximo de conocimiento que se puede disponer, sumando tanto la experiencia continua de la militancia como la de las organizaciones partidarias, así como nos permite la máxima concentración de disciplina colectiva, y suprimir las algaradas individualistas provocadas y difundidas por la ideología dominante y su inmenso aparato de propaganda.

La actual situación de crisis ofrece factores positivos para incrementar la lucha, la conciencia, y la organización de la clase obrera. Pero no hay que dejar el desarrollo de la situación a las causas objetivas que se dan. Más importante es la consideración de que nuestra capacidad de intervención, guiada por la moral comunista hacia el fin deseable de acabar con la explotación, permite concebir que será un fin deseado por las masas.

Repetimos. Las dificultades son enormes para el Partido, y no obstante las posibilidades de alcanzar nuestros objetivos se acercan.

Adelante. Alcemos la bandera roja.

Julio Mínguez

Granada, abril 2017