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Hace unos meses nos bombardearon a bombo y platillo por las tierras vascas de la nueva película que se estaba grabando por las calles céntricas de Bilbao: Gernika.

Algunos ya nos temíamos lo peor, como en otras ocasiones como cuando Jean Jacques Annaud filmaba “Enemigo a las puertas”, cuya película ya nos denotaba desde el minuto uno su “objetividad” ante la URSS y la Gran Guerra Patria... Ya sabíamos que no hay cosa peor que antiguos militantes comunistas, que para purgar su pasado con el presente, suelen recurrir a la mentira y al falso historicismo, como en sus tiempos los Yves Montand o Jorge Semprún entre otros; renegando de todo aquello por lo que un día fue su Partido o su propia vida. Incluso en estos últimos tiempos el director de “Akelarre” y “Bandera Negra” , Pedro Olea, se ha atrevido con un cortometraje lúdico de zombies donde sacan a la camarada Dolores Ibárruri, junto al reaccionario y racista Sabino Arana de potes y cantando bertsos por el Casco Viejo de Bilbao...

La primera vez que se podía ver el anuncio en cartelera de Gernika en Vizcaya nos lo encontramos en una parada de autobús del barrio obrero bilbaíno de Otxarkoaga el pasado mes de septiembre. Mientras pegábamos carteles en las carteleras perdidas de la capital para la campaña electoral al Parlamento Vasco; nuestro emblema prosoviético del PCPE rechinaba con la caricatura de dicho filme. Sobre todo cuando nuestras siglas prosoviéticas se acercaban a la calle Jesús Galíndez. (Uno de los líderes históricos del nacionalismo vasco que más contribuyó junto con el entonces lehendakari José Antonio Aguirre en la colaboración de la caza de comunistas en los servicios de espionaje estadounidenses durante su exilio en aquel país...)

Hace años en nuestro periódico “Nuevo Rumbo” advertíamos de las películas de calado antisoviético como eran los filmes que entonces estaban tan de moda en el período de Ronald Reagan en plena Guerra Fría en la década de los ochenta: Rambo III, y los muyahídines amigos de Stallone frente a la URSS, Delta Force contra el pueblo palestino, Desaparecido en Combate donde Chuck Norris era el bueno frente a los malos vietnamitas , El sargento de Hierro sobre la invasión de la isla de Granada en 1983; etc, etc...

El problema de ahora no es que sea un Trump quién nos patrocine dichos filmes; sino el modelo y estilo Obama del “yes we can”. El buenísmo con el que nos presentan estas películas nos hace recordar que la ideología dominante sigue haciendo su labor de zapa.

Al igual que hace treinta años se intentaba manipular desde el Gobierno Vasco del PNV y del PSOE la historia de los niños de la guerra en un homenaje con los supervivientes en un homenaje en Euba, donde parecía que todos bailaban ezpata dantza y eran gudaris; en este momento del 2017, acercándonos ya al 80ª aniversario del bombardeo de Guernica, que se convirtió en el símbolo de la lucha antifascista, con el famoso cuadro del camarada Pablo Picasso, sufragado por la II República, nos encontramos con el mismo juego de manipulación mediática y sobre todo la eterna obsesión de algunos de inventarse una nueva Historia Contemporánea donde el Movimiento Obrero no existe.

La película Gernika, desde el principio hasta el final deja muy claro que el problema más intenso del desarrollo de la Guerra en el País Vasco fue por la intervención malvada de los soviéticos y sus checas. Para más inri, la Cheka mayor se encuentra en la propia villa de Guernica, y lógicamente la trama principal de la película se va a desarrollar en torno al amor despechado de un funcionario soviético, que no es correspondido por la protagonista de la película.

El filme es una especie de pastiche sin el perejil de Karlos Arguiñano; cuyos entremeses pudieran ser “El doctor Zhivago” y Salt de Angelina Jolie, donde el malvado llevaba un anillo en el dedo al que le daban reverencia cardenalicia la agente Natasha Chenkova; siendo más tenebroso que el Voldemort de Harry Potter para los niños...

Un primer y segundo plato que pudiera ser “Rocky Cuatro”, donde el malvado boxeador soviético sería el chekista principal de Gernika, que se dedica a pegar tiros en la nuca. Y un postre donde la guinda del pastel la pondría una especie de “Million Dollar Baby”, donde la protagonista no es asesinada por la boxeadora de la RDA; pero sí por culpa de la URSS y no de la Legión Condor nazi...

Al margen del paisaje por las tierras vizcaínas, el cual pudiera ser muy discutible; ya que sólo aparece la parte verde y agraria, así como la zona vip de la Capital en torno al teatro Arriaga... la película no tiene nada especial, salvo el convertirse en un buen manual cinematográfico de anticomunismo al estilo de directores como Elia Kazan o Roland Joffé...

Parece ser que en el País Vasco de 1937 no existía el mundo de las fábricas y las minas de entonces o lo que es más gracioso: la cultura obrera... Así como las referencias al fútbol, del que olvidan que fue creado por la burguesía minera británica con la plusvalía acumulada al explotar a los miles de niños y obreros y obreras, que dejaron su vida en la Zona Minera y Margen Izquierda del Gran Bilbao.

Curiosamente una vez más intentan dar mayor maldad a la ideología comunista, dejando al nazismo en una mera anécdota ... El análisis que nos hacen del mundo soviético nos recuerda más a la serie de “V” donde los lagartos tienen más sentimientos que los soldados soviéticos de “Amanecer Rojo” de John Milius.

En conclusión, después de 25 años de la caída de la URSS, Gernika, no nos sorprende nada en materia de propaganda anticomunista, teniendo en cuenta aquel famoso Pacto de Santoña en agosto de 1937 entre el yerno de Mussolini, el conde Ciano, y las fuerzas del PNV, que se rinden al enemigo fascista sin pegar un tiro, traicionando a las fuerzas leales republicanas, de las que dieron muchos nombres como el del militante comunista, Francisco Rabanera, fusilado en la ciudad pesquera cántabra, y quién fuera padre del famoso modisto Paco Rabanne...

Tampoco nos han dejado de sorprender los patrocinadores oficiales de la película como: Gobierno Vasco, Diputación Foral de Vizcaya, o la EITB. En cierta medida resultan ser los mismos descendientes de aquella Compañía de Jesús, que tanto hablaba el escritor valenciano Vicente Blasco Ibáñez en “El Intruso” y “La araña Negra”.

Al igual que en Gernika , la triste realidad en nuestro territorio es precisamente el ocultamiento de la cultura obrera e industrial, donde parece ser que los milicianos no existieron, o que la lucha del Movimiento Obrero no tenía nombres y apellidos concretos... Mismamente por eso siguen con frases como: “Madrid debe pedir perdón por el bombardeo...” Una vez más ocultando su antirepublicanismo desde aquellos años en los que por cierto el PNV no era partícipe de aquel Frente Popular de febrero de 1936...Y que a fecha del 2017, ex senadores e ideólogos del nacionalismo vasco como Iñaki Anasagasti, se siguen jactando de la colaboración del PNV en la caída de la URSS y del comunismo contribuyendo en la red de espías en plena Guerra Fría.

Recordando al camarada Juan Ambou en su obra : “Los comunistas en la resistencia nacional republicana”:

“(...) El Gobierno Vasco era el auténtico representante de la burguesía vasca. Y la defensa de los intereses de clase de la misma se ponía a veces por encima de todo...por eso Aguirre no quería mezcolanzas con nosotros y rechazaba el mando único en el norte. No es ningún secreto que Aguirre – el mismo lo ha dicho y escrito repetidamente como representante del nacionalismo vasco- es anticomunista. Y arremetía contra los mandos salidos del pueblo y aún contra los profesionales cuando éstos militaban o simpatizaban con partidos obreros... Antes se entendieron los nacionalistas con los invasores italianos en Santoña para capitular. Antes se entendió el Gobierno Vasco con la burguesía que representaba para dejar intactas al enemigo las fundamentales fábricas de guerra...”

El Pequeño Maxím