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Uno de los mantras más repetidos en la denominada “izquierda” de este país es el pesar por la falta de unidad de esa misma “izquierda”. Pero tras ese lugar común, que sin embargo muchos hombres y mujeres trabajadores de este país repiten de manera honesta porque ansían derrotar a su enemigo de clase, se esconde la manipulación del oportunismo más ramplón que una vez más aspira a situar a la clase obrera y a los sectores populares de este país al servicio de intereses ajenos. En ese contexto no es extraño quien reivindique el frente popular que ganó las elecciones de 1936 como un referente histórico de ese otro frente que con tanta frecuencia nos quieren vender hoy los oportunistas, el frente contra el partido popular. Y está es, a fin de cuentas, una de las principales claves con las que el oportunismo trata de sembrar la tergiversación y manipulación con la que anular y desmovilizar la lucha de la clase obrera, cuando quieren dar el cambiazo y hacer pasar un frente de la clase obrera como fue el frente popular de 1936, por un frente desclasado contra un partido, que por miserable que pueda ser, su defensa del capitalismo no es única y exclusiva, la mayor parte de esa “izquierda” que reclama unidad par sí misma, defiende igualmente el capitalismo.

Debido a ello, a nosotros, a los y las militantes comunistas que de manera consecuente defendemos los intereses de la clase obrera se nos tacha de sectarios y dogmáticos por parte esa “izquierda”. En fin, ser descalificado por parte del oportunismo es como mínimo un buen indicio, ahora bien, el problema está que esa descalificación consigue hacer mella en muchos hombres y mujeres trabajadores, y entonces, es necesario contestar, no sólo atendiendo a nuestra propuesta del frente obrero y popular por el socialismo, una propuesta de verdadera unidad de clase. Sino también explicando la falsedad histórica con la que los oportunistas tratan de dar validez a sus posiciones y argumentos.

Es por eso necesario comprender bien la verdadera naturaleza del frente popular. En la década de los 30 del pasado siglo, el fascismo fue la respuesta del capitalismo en crisis, su proyecto para arrastras a las masas a la defensa más brutal de los intereses de los grandes monopolios. Cómo hacer para que los millones de trabajadores parados y los empobrecidos sectores populares abracen aquellas políticas que no hacen más que agudizar su precaria situación, pues sencillo, mediante la simulación de una ideología nacional que agrupe a amplias masas sometidas a defender su propia destrucción. Frente a estas pedestres intenciones la respuesta de la III internacional fue muy clara, la creación de un extenso frente popular antifascista sobre la base del frente único proletario. Es decir, sobre la base de la unidad de la clase obrera y de sus objetivos revolucionarios, ejerciendo el liderazgo sobre un frente más extenso que incluya sectores populares, que sin ser clase obrera, también sufren la amenaza del fascismo, también sufren el aumento de la explotación y en consecuencia, también se convierten en un aliado de la clase obrera. Así, la victoria de la clase obrera es también la única capaz de resolver la situación de amplios sectores populares azotados por el capitalismo en crisis. Al igual que en 1917, cuando frente a los mencheviques que proponían una alianza obrero-burguesa, fue la alianza de obreros y campesinos propuesta por los bolcheviques la clave para la victoriosa y centenaria revolución de octubre, la III internacional proponía de nuevo una alianza de la clase obrera unida con otros sectores cuyos intereses sólo podían resolverse con la consecución de los intereses de la clase obrera.

Algunos objetarán que en España el frente popular no fue exactamente como lo propuso la III internacional, pero lo cierto es que si no hubiera sido por el trabajo de los y las comunistas, aún a pesar de ser todavía una fuerza pequeña, no se hubiera logrado el éxito en las elecciones. Y más aún, acaso no hubo antes ya una unión de partidos republicanos fundamentada sobre un proyecto burgués de carácter progresista, me refiero a los partidos y miembros del pacto de San Sebastián de 1930. Sí, pero cuando la unidad no se fundamenta en la realidad de clase, rápidamente se da marcha atrás, frustrando así los primeros logros, defraudando las expectativas creadas, y llegando a la represión más violenta de la clase obrera, como ocurrió durante el denominado bienio negro.

La batalla contra el revisionismo histórico es un frente más en la lucha por la victoria de la clase obrera, un frente muy importante desde el punto de vista de la batalla ideológica. Todo momento presente está cargado de historia, aunque frecuentemente el olvido cotidiano que siembra la ideología dominante nos lo haga pasar por alto, cada momento concentra en sí mismo todo el pasado que lo precede, y es nuestra labor, entre otras, abrir para las masas toda la fuerza del pasado que hay en el presente, no por pura presunción pedante sino para elevar la conciencia del pueblo obrero mediante la comprensión de nuestro tiempo histórico, para hacerse cargo de una historia cuajada de luchas, del esfuerzo y sacrifico de generaciones de hombres y mujeres que lo dieron todo para ganarlo todo a quien todo se lo arrebataba, para asumir que la historia no es una acumulación caprichosa de fechas y anécdotas sino que tras los acontecimientos que arrastran el pasado hasta nuestros días, existe una lógica fundamentada en la lucha de clases, una lógica de la explotación y de la emancipación, de la ley del valor y de la producción social de la vida.

Finalmente, volviendo al presente, cuando se clama por la unidad hay que partir del hecho de que no se trata de izquierda o derecha, de progresismo o conservadurismo, se trata de lucha de clases, se trata de diferenciar bien entre un proyecto político fundamentado en un interclasismo, dirigido desde la burguesía, que jamás podrá resolver la situación precaria y de máxima explotación de la clase obrera y y amplios sectores populares porque el capitalismo no admite concesiones. Y un proyecto político fundamentado en la auténtica razón de ser de los acontecimientos, la lucha de clases, fundamentado, primero, en la dirección de la clase obrera unida en torno a su proyecto revolucionario de construir el socialismo, y segundo, en la alianza con amplios sectores populares que sólo en la construcción del socialismo verán resueltas las contradicciones de su precaria situación.

Eduardo Vecino