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Sobre la fábula es usual remontarnos a la antigua Grecia con Esopo. Luego encontraremos las versiones posteriores de Fedro en la antigua Roma. Los animales como personajes de parábolas los encontramos en “El Conde Lucanor”. Lafontaine renovó la fábula e influyó en Tomás de Iriarte y Samaniego. Luego encontramos la ballena moby Dick, las hormigas de Maeterlink. Especial mención merecen “Los Cuentos de la Selva” de Horacio Quiroga y “El Libro de la selva” de Kipling. Borges hizo una antología de los animales imaginarios del medievo.

Las fábulas de Augusto Monterroso son sorprendentes, son fábulas de la periferia y desde la periferia del mundo. No se insertan en la dicotomía civilización/barbarie. Quedan lejos del exotismo. Se circunscriben más en el zoológico del mundo contemporáneo y sus submundos extemporáneos. Monterroso le dedica un tratado a las moscas, esos insectos que ya fueran reclamados del olimpo de la inmundicia por Antonio Machado.

Monterroso escribió “La oveja negra  y demás fábulas”. Años atrás Existe un relato dedicado a un animalito muy de actualidad: el camaleón. Ese animal que cambiaba de color: del rojo al anaranjado, del morado al azul.

El camaleón puede convertirse en la mascota preferida para los ciegos en la actualidad y así ejercer de lazarillo para invidentes. El relato termina así : “todo camaleón es según el color del cristal con que se mira”. La ironía es clave en las fábulas de Monterroso. La narración se titula: “El camaleón que finalmente no sabía de qué color ponerse”.

M. Ángel Rojas