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Mosul es la segunda ciudad más grande de Irak, situada al norte del país, a escasos 100 kilómetros de las fronteras siria y turca. Está más cerca aún de Erbil, capital del Kurdistán iraquí. En junio de 2014 fue tomada militarmente por el Estado Islámico (EI) y, desde el pasado 17 de octubre, está en marcha una operación militar cuyo objetivo es recuperar el control para el Gobierno iraquí.

Pero, como prácticamente todo lo que está pasando en Irak y Siria en los últimos años, esta no es una operación “doméstica” en la que solo participan fuerzas locales —en este caso iraquíes y kurdas—, sino que hay una larga lista de países extranjeros implicados en las acciones militares, a través de la denominada “coalición global” (Global coalition, en inglés) que capitanean los EEUU y que cuenta, en la actualidad, con ¡68 miembros!

La “coalición global” no solo está interviniendo militarmente en el territorio iraquí, sino también en Siria, en ambos casos con el supuesto objetivo general de derrotar en todos los frentes al EI, es decir, no solo militarmente sino, también, económica e ideológicamente. No deja de resultar curioso que se repita la habitual dinámica en la que los EEUU acaban poniéndose al frente de una “santa alianza”, que pretende derrotar a entidades terroristas cuyos dólares y entrenadores de la CIA ayudaron a crear. Con el imperialismo norteamericano ya se sabe que la Historia se repite muchas veces como farsa...

Pero, además del papel de EEUU, cabe preguntarse qué tipo de credibilidad puede tener una coalición contra el EI en la que participan países como Arabia Saudí o Qatar, cuyos vínculos (financieros, políticos e ideológicos) con la organización terrorista son públicos y notorios. O qué papel están jugando en este conglomerado países como Túnez, Libia, Somalia, Singapur, Nueva Zelanda o entidades como Kosovo.

En la Primera Guerra de Irak de 1990-91, EEUU encabezó una coalición de 34 países, amparándose en un mandato de la ONU. En Yugoslavia, en 1999, fueron 10 potencias de la OTAN las agresoras. En Afganistán, nuevamente la OTAN lideró una alianza de hasta 48 países. En la Segunda Guerra de Irak, en esta ocasión con la oposición de potencias como Francia, Alemania, China o Rusia, la denominada “coalición de la voluntad” la conformaron un total de 9 países. Hoy, son 64 países y tres instituciones (la Liga Árabe, la Unión Europea y la INTERPOL) quienes participan en la “coalición global” junto con EEUU. Se percibe la tendencia a una cada vez mayor internacionalización de los conflictos e intervenciones militares. Por si alguien lo dudaba, España ha participado en todas y cada una de esas coaliciones y alianzas.

Pero, en esta ocasión, hay un elemento novedoso que no se puede pasar por alto. Decíamos que en la Segunda Guerra de Irak se explicitó la oposición de varias potencias como Francia, Rusia o Alemania a la intervención, pero únicamente en los campos político y diplomático; sin embargo, ahora existen potencias como Rusia o Irán que, frente a la alianza dirigida por EEUU, mantienen su propia agenda en la zona, fundamentalmente en Siria, interviniendo militarmente —de forma directa— sobre el terreno.

Esta situación no sólo ha dado pie a una llamativa guerra informativa y propagandística —compárese lo que dicen los medios de nuestro país sobre la batalla de Mosul y la de Alepo— sino que es demostrativa de la nueva etapa en que se encuentra la geopolítica mundial, en la que el poderío militar de EEUU, capaz de implicar a cada vez más países en sus “aventuras” extraterritoriales, es disputado por otras potencias capitalistas con intereses opuestos. Las pugnas entre potencias capitalistas por el control de los mercados, de las rutas de transporte de materias primas y por la ampliación de las esferas de influencia se recrudecen y encaminan a los pueblos del mundo a una situación explosiva, algo consustancial a la etapa imperialista de desarrollo del capitalismo.

Ástor García