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El 25 de noviembre Día Internacional contra la violencia de género, además de ser para los comunistas y las comunistas un día de lucha, nos sirve para analizar y reflexionar sobre uno de los problemas intrínsecos al capitalismo que supone la violencia más extrema que se ejerce hacia las mujeres, pero no la única.

En 2015 sesenta mujeres fueron asesinadas víctimas de la violencia de género, de las cuales sólo nueve habían presentado previamente una denuncia (además hubo otras tres denuncias presentadas por otras personas, normalmente familiares) y ocho solicitaron medidas preventivas, obteniéndolas seis de ellas. Pero esas son cifras que contabilizan única y exclusivamente la violencia de parejas o ex parejas, quedando fuera de las estadísticas la violencia de ámbitos públicos, privados o laborales y cuyas víctimas no tiene esa relación de parentesco.

Es obligado que nos acerquemos a las causas de por qué solamente un 22% de las mujeres había presentado una denuncia previa, ¿sólo ellas habían sufrido un episodio de violencia anterior a su asesinato? ¿por qué el 78% no denuncia? ¿por qué se le da importancia al maltrato solo cuando se traduce en asesinato?

Hasta el 20 de octubre de 2016, según datos oficiales, el número de víctimas por violencia de género asciende a treinta y cinco, y nuevamente sólo 12 habían presentado denuncia previamente. Cinco mujeres retiraron la denuncia.

La causa principal de que la mayoría de las mujeres no denuncie se debe a que la ideología patriarcal enraizada en el sistema actual, el capitalismo, con su beneplácito, está presente en nuestra educación, en los medios de comunicación, en la publicidad, en la religión etc., encargándose de que nos sintamos avergonzadas de lo que nos ocurre, incluso muchas mujeres llegan a sentirse culpables, porque se identifican con la persona de la que reciben el maltrato, que en el 70% de los casos, es una persona muy cercana. La dependencia económica es también factor que determina el que no se denuncie. Otra pregunta que deberíamos hacernos es por qué dos de las mujeres que solicitaron las medidas preventivas no las obtuvieron, y porqué las otras seis a pesar de haberlas obtenido fueron igualmente asesinadas.

Estos datos ponen de manifiesto la ineficacia de la ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, de la falta de recursos para erradicar la violencia patriarcal y de la ineficacia de las medidas que se lanzan desde las instituciones al ignorar que se trata de violencia estructural de un sistema, el capitalista, basado en la violencia como método de apropiación de recursos y de cuerpos.

Pero este tipo de violencia no es la única que se ejerce hacia las mujeres en general y las trabajadoras en particular. En el capitalismo sufrimos además explotación y opresión sustentadas en la división sexual del trabajo. La violencia ejercida desde la explotación la vemos reflejada en la discriminación salarial, en la discriminación a la hora de acceder a puestos de dirección, el acoso laboral y sexual en los centros de trabajo, en los centros de estudios, en la carga en las espaldas de las mujeres del cuidado de hijos e hijas y de personas mayores o dependientes.

Las trabajadoras compartimos con el conjunto de la clase obrera la explotación intrínseca a la contradicción principal capital-trabajo pero además asumimos la responsabilidad de los cuidados y la reproducción de la clase, creándose las bases materiales para sufrir en mayor medida la opresión y la violencia machista.

Organicémonos con el resto de la clase obrera contra la violencia patriarcal y la violencia capitalista. Luchemos contra la violencia que este sistema ejerce contra nosotras en sus múltiples formas, y construyamos como clase obrera que somos una nueva sociedad que elimine toda forma de opresión y explotación, la sociedad de personas libres y plenas, la sociedad socialista.

*Datos obtenidos en la web del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.

Sonia Iruela