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Tras más de 300 días con Gobierno en funciones, dos Elecciones Generales y decenas de miles de twits, y muy escasas declaraciones políticas, a la hora de escribir estas líneas ya sabemos que el PP, con el aristotélico Mariano Rajoy a la cabeza, pletórico de alegría por el triunfo alcanzado, formará gobierno para esta -corta o larga- legislatura. Sin duda un éxito del PP y su política electoral, y la confirmación, contra análisis de propios y extraños, de que los monopolios y la Comisión Europea apuestan decididamente porque, esta vez, sea el más legítimo representante de sus intereses, el que gestione la nueva oleada (tsunami) de recortes presupuestarios necesarios para alcanzar el objetivo de déficit impuesto por Bruselas.

Y por si hubiera alguna duda de esta afirmación, que tendrá unas consecuencias catastróficas en las prestaciones sociales e inversiones públicas que recibiremos el próximo año, el mismo día del inicio del debate de investidura, la Comisión Europea ha remitido al gobierno en funciones del próximo Presidente de gobierno, una carta pidiéndoles que “tan pronto como sea posible” presenten el presupuesto de 2017 recogiendo un recorte de 5.500 millones de €.

No hay ninguna duda. La guerra de los monopolios, contra la clase trabajadora y el pueblo en general, sigue su marcha y, a golpe de recortes presupuestarios y legislativos, todos y cada uno de los derechos sociales, civiles y políticos que aun hoy disfrutamos, están condenados a desaparecer si no somos capaces de levantar la contraofensiva obrera y popular que los defienda con uñas y dientes en los centros de trabajo, en las calles y en cada uno de los espacios donde podamos unirnos para decirles basta y empezar a exigir lo que nos pertenece.

Pero estando claro lo que se nos viene encima, a muchos nos ha quedado la duda de por qué un gobierno del PP, cuando los ajustes más duros en este país siempre los ha gestionado la socialdemocracia. Con la aritmética a favor de un gobierno del “cambio” superador del PP más encausado y desprestigiado, al final los verdaderos capitanes del barco, mantienen el rumbo y apuestan por una ruta conocida y segura. ¿Cuál es la razón de esta decisión?

El tiempo será el mejor analista, pero que nadie dude que hay dos razones que explican esta decisión:

  • La magnitud de la nueva recaída económica en el ciclo de crisis que nunca hemos abandonado.

  • La confianza absoluta que tienen en que el movimiento obrero y popular será incapaz de responder contundentemente a este nuevo paquete de agresiones.

Dos señales claras de la seguridad con la que, sabiéndose ganador, juega nuestro enemigo en el terreno de la lucha de clases.

Señales inequívocas.

Para hacer esta afirmación no hay nada más que echar la vista atrás y ver que tras la huelga general del 14 de Noviembre de 2012, el movimiento obrero y sindical da un paso al lado en el liderazgo de la lucha y, asumiendo sus consignas, deja el protagonismo a un difuso movimiento ciudadano que, tras un periodo de cierta capacidad de movilización iniciada en el 15M, desapareció de las calles con la entrada de la nueva socialdemocracia de Podemos y sus aliados de IU en los parlamentos y ayuntamientos.

Nos dicen que la batalla principal ya no está en la calle y que lo que ahora toca es acompañar a los “compañeros” en su labor de gestión y/u oposición, dependiendo de qué parlamento o ayuntamiento hablemos. Ahora son “nuestros” representantes electos los que tienen la voz y, por eso, porque no entienden que los monopolios tengan una opción diferente, llaman al pueblo a rodear el Parlamento y a exigir que sea un gobierno “legítimo” que sí responda a la aritmética del “cambio” el que realice los recortes impuestos por la UE. Ciertamente hay que ser muy cretinos; siento mucho decirlo, pero jugar siempre a ser el tonto “inútil” debe tener su coste político.

Los falangistas retoman el mando.

A la voz de “por España y para España” el portavoz de la gestora del PSOE justifica la abstención para favorecer el gobierno del PP. Tejero cuando asaltó el Parlamento el 23F de 1981 sólo grito “Por España”. Confundir la patria con las necesidades de la oligarquía es un error propiciado por la ideología dominante, pero henchirse de patriotismo para dar golpes de estado, bien sea tomando el Parlamento o doblándole la cerviz a un Partido, sólo es propio de falangistas.

Julio D.