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En unas condiciones político-mediáticas siempre difíciles y restrictivas para el Partido Comunista, en las que la dictadura capitalista, la dictadura de la imagen y de la palabra únicas, trata de ocultar hasta lo indecible la más mínima presencia comunista y revolucionaria, el comunismo gallego, pese a todo, estuvo una vez más presente en este proceso electoral autonómico.

La campaña electoral de los grandes partidos del sistema, tanto las opciones consagradas por la tradición como las de recambio, se desarrollaron siguiendo derroteros previsibles: se cumplió el objetivo político fundamental de distraer a las masas trabajadoras del único dilema actual y necesario: ¿Qué sistema? ¿Qué clase en el poder? La socialdemocracia vieja y nueva, según el guión asignado, sustituye esta disyuntiva estratégica por el falso supuesto sobre las dos formas de gestión del capitalismo, la liberal y la neokeynesiana, escenificando una pugna mediática en la que los intereses y necesidades de la inmensa mayoría social estuvo ausente.

Si a la socialdemocracia y al reformismo le quedara siquiera un ápice de vergüenza política se cuidarían mucho de apodar de democracia (aunque fuese formal y de mercado) a un juego en el que el acceso a los medios de comunicación de masas está absolutamente restringido a los pertenecientes al “club de los selectos” del régimen. En tal situación, los debates televisivos y periodísticos de la campaña oficial resultaron predecibles y ritualizados, y en su seno, no tuvieron cabida los problemas reales del pueblo trabajador gallego: ni paro, ni pensiones, ni sanidad, ni ruina del campo y del sector naval, ni superación del marco autonómico, ni nada de nada...., solo ceremonias rituales en las que la palabrería sustituye a la política y a la vida misma.

Las encuestas apuntaron a lo largo de toda la campaña a la posibilidad de que la derecha perdiese por uno o dos escaños la mayoría absoluta. Este dato implicó que el “Voto útil” funcionase hasta poco menos que considerar el voto comunista como algo desperdiciable, incluso condenable en el argumentario del oportunismo de cualquier pelaje aplicando así “la táctica de la cebolla”: la capa superficial impide ver lo que hay debajo. La superficie de la política oportunista consistió una vez más en culpabilizar a la derecha de la mala gestión de la crisis afirmando que es posible salir de la crisis sin tocar los intereses de los poderosos y de los monopolios. Un discurso sobre la ineficacia y la incompetencia de “Feijoo”, que en la práctica sirve para encubrir la naturaleza bárbara y explotadora del propio sistema capitalista, hoy en descomposición y, consiguientemente, incapaz de satisfacer las necesidades de las clases trabajadoras y del que nada se puede ya esperar.

En este contexto de organizada confusión, y en los que como decía Bertolt Brecht “nada debe parecer imposible de cambiar”, Comunistas da Galiza-PCPE, salimos a dar el combate ideológico denunciando el empobrecimiento generalizado de una gran parte de la clase obrera gallega, de las miserables condiciones de trabajo que soporta, del incremento de la explotación y denunciando, en la medida de nuestras fuerzas, la “trapallada” que supone el discurso engañoso y falso del oportunismo y del reformismo en su conjunto y la inutilidad de sus propuestas, como no sean por aquello de cambiar algo para que todo siga igual....

En los mítines, asambleas y demás actividades propagandísticas que CG-PCPE desplegó a lo largo de los 15 días de campaña, situamos nuestros objetivos políticos y dejamos muy claro desde el principio, que el voto comunista no serviría para elegir a ningún diputado/a, pero no por ello era un voto inútil como pregonaba el oportunismo. Muy al contrario, cada voto comunista es un acto de rebeldía, una forma de lucha política más, un apoyo explícito al proyecto revolucionario que la clase obrera y el pueblo gallego necesitan hoy más que nunca. Un voto que ha de tener cuanto antes mejor, una expresión política organizada y consciente que impulse las luchas revolucionarias, cuyo retroceso permite a la clase dominante y a sus colaboradores imponer un modelo de capitalismo carente de protección social, de libertad, y regresivo con los derechos más elementales.

Lamentablemente, los resultados no impedirán que el “parlamentiño” continúe siendo una cueva de vagos impresentables que harán todo cuanto sea necesario para “tranquilizar a los mercados”, cosa que ocurrirá, mientras la fragilidad organizativa de la clase obrera gallega y la conciencia de clase no avance y se consolide para su necesaria intervención politica con propósitos revolucionarios.

Agradecemos su confianza a los trabajadores y trabajadoras que desoyendo el discurso del miedo de la gran derecha, y los cantos de sirena de la socialdemocracia y el oportunismo, nos honraron con su voto, y continuamos adelante con nuestra lucha con el objetivo de transformar esas expresiones de apoyo en organización obrera y revolucionaria en cada barrio y en cada centro de trabajo.