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La Iglesia Católica está plagada de casos de pederastia. De abusos sexuales a menores que la institución eclesiástica ha tratado o trata de ocultar por todos los medios. Pese a ello, el cine, en distintas ocasiones y en producciones de diferentes nacionalidades, los ha abordado con mayor o menor acierto e interés.

Por ejemplo, en “La mala educación” (2004) de Pedro Almodóvar, contándonos la escabrosa relación de un sacerdote con dos de sus alumnos, o más tarde, en la “La duda” (2008) del norteamericano John Patrick Shanley, sospechando de los posibles abusos sexuales cometidos en un colegio situado en El Bronx neoyorquino. Más recientemente, en 2015, el cineasta chileno Pablo Larraín nos sobrecogió con su impresionante “El club”, mejor film del último Festival de Cine de la Habana, donde, basándose en hechos reales, somos testigos del dramático retiro en un pequeño pueblo costero de cuatro sacerdotes acusados de pedofilia, para, en ese lugar, “expiar los pecados cometidos en el pasado”. Ahora “Spotlight”, nombre que recibe la unidad especial de investigación del periódico Boston Globe, plantea una trama de encubrimiento de centenas de casos de pederastia en la archidiócesis católica de Boston, y que el diario de la capital del estado de Massachusetts sacó a la luz en 2003. En su nueva película, Tom McCarthy (director de “Vías cruzadas” y “The Visitor”) reconstruye, en la línea de “Todos los hombres del presidente” (1976) de Alan J. Pakula sobre el escándalo Watergate, una minuciosa, incisiva y apasionante investigación periodística denunciando el sistema eclesiástico y la complicidad de todos los estamentos de la sociedad: la Archidiócesis de Boston, la policía, los políticos, el propio Boston Globe…, en tanto, durante décadas, ocurrían los hechos ahora desvelados. De ahí que en una secuencia importante del film: la entrevista de un periodista con el abogado de las víctimas, magníficamente interpretado por Stanley Tucci, el cineasta estadounidense ponga en boca del letrado el lema central de la historia: Se necesita a toda una ciudad para abusar de un niño.

Romper silencios

La película cumple sobradamente con su cometido: divulgar unos sucesos que la Iglesia pretende esconder, precisando que, gracias a la lucha de las víctimas y en algunas ocasiones gracias también a trabajos periodísticos honestos y valientes (tan escasos en nuestros días), se consigue romper silencios y que otras voces (en Estados Unidos y en otros países) denuncien abusos sexuales parecidos. En cualquier caso el reportaje del equipo Spotlight, que subyuga de principio a fin por su construcción detectivesca, su suspense y su ritmo fluido, generó una enorme reacción en cadena que sacudió los cimientos de la archidiócesis bostoniana. Por consiguiente, película para ver, recomendar, y también para exhibir en colegios e institutos como prevención ante la impunidad y la fosilización secular de la Iglesia Católica. Seguro que a McCarthy (vaya nombrecito) le satisfaría. También a nosotros, que no es poco.

Rosebud.