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Cada cuatro años se repite un espectáculo deportivo que ejemplifica las dinámicas sociopolíticas del mundo en el que vivimos, son los llamados Juegos Olímpicos modernos. Analizarlos políticamente nos ayuda a visualizar comportamientos que se expresan en lo deportivo y que se repiten en nuestra realidad diaria: lucha de clases, racismo, etc. Es obvio que a todos nos deslumbran los récords y hazañas del atletismo pero más allá de Usain Bolt, hay una realidad por entender y transformar.

Juegos e imperialismo

Desde su creación moderna en 1896, el imperialismo y sus políticas se han expresado en los JJOO. Los casos más conocidos probablemente sean los de Berlín en 1936, como ejemplo de propaganda nazi, y los boicots más notorios, el de Melbourne'56 y Moscú'80, con un claro carácter anticomunista que obviamente obtuvieron su respuesta.

Desde un punto de vista más reciente, el imperialismo sigue ejerciendo sus políticas en el deporte olímpico y lo ha hecho, una vez más, en Río de Janeiro. Es el caso, por ejemplo, de la humillación sufrida por los deportistas palestinos a manos de Israel impidiendo a miembros de la delegación palestina viajar y vestir sus propios equipajes.

Otro buen ejemplo de las prácticas capitalistas es la compra de atletas para garantizar medallas; práctica habitual con petrodólares, pero habitual también, para países como España. Recientemente cuatro atletas de élite cubanos han buscado venderse al mejor postor, en este caso a España, garantizándose ésta unos cuantos éxitos a costa de los métodos socialistas de deporte, nacionalizando, vía expresa, con un claro objetivo político. Muchos atletas ganan suculentos beneficios económicos por cada récord y/o medalla, práctica que cuestiona su "patriotismo" y los propios ideales de Pierre de Coubertin en favor del deporte amateur y altruista cuando fundó los modernos JJOO. La compra de atletas ha ganado más repercusión mediática por la denuncia del actor Guillermo Toledo y el consiguiente linchamiento y represión que está padeciendo. Las prácticas imperialistas se muestran en muchas formas y facetas y no sólo en casos como éste.

Prepotencia y machismo

El racismo es otra de las facetas a analizar. La actitud de muchos atletas de países imperialistas para con la población de Río ha sido denigrante. Constantemente se ha cuestionado la sede olímpica por no ser un país a la altura de las exigencias deportivas del capitalismo en cuanto a seguridad, espectáculo, condiciones, etc. Nadadores estadounidenses han inventado un robo y han explotado al máximo el cliché del país subdesarrollado altamente peligroso, dejando entrever que eso en EEUU no ocurriría.

El machismo también ha aparecido en escena. No son pocas las noticias de cabecera donde se sitúa, detrás de cada medallista olímpica, la imprescindible labor de un hombre, partiendo de la premisa de que una medalla olímpica se debe a la labor de un "gran" hombre y no al esfuerzo femenino. Además, este año, nos hemos desayunado con una realidad de las atletas desconocida y oculta hasta ahora para la prensa, ellas también tienen la menstruación e incluso les puede afectar en el rendimiento deportivo.

La corrupción y la especulación también acompañan a los JJOO y a las sedes olímpicas. Su explotación mediática genera miles de millones de beneficios y las infraestructuras no están pensadas para mejorar la vida de los habitantes de la ciudad, sino para el posterior acomodo de los más adinerados. Barcelona'92 es el ejemplo más cercano, pero no está lejos la candidatura de Madrid y sus millones invertidos para abrir un ciclo especulativo. Son constantes las filtraciones a la prensa en torno a los sobornos para elegir sedes olímpicas.

Otros modelos de Juegos

Llegados a este punto, nos debemos cuestionar si no existe la posibilidad de una alternativa competitiva a nivel mundial que rechace estos comportamientos tan nocivos para el deporte mismo.

La URSS participó por primera vez en unos Juegos en 1952, cierto es que, desde entonces y hasta su última participación, a principios de los 90, los países socialistas han copado el medallero olímpico demostrando la superioridad del deporte olímpico en el socialismo. Por ello, han desatado la maquinaria propagandística y todo se explica, según la "prensa libre", en el doping de los 80. A falta de más análisis y datos contrastados y objetivos, son muy pocos los que se aportan, es bastante dudoso que los países capitalistas no conocieran las técnicas de sobreestimulación deportiva en la misma época y que no las usaran. Además, la alteración de la competición deportiva con diferentes técnicas no sólo se circunscribe el doping sino, también, a los millones de dólares, recursos, presiones, etc., que permiten a un atleta situarse por encima del resto y, en este caso, los países socialistas competían en clara inferioridad.

La participación del campo socialista en los JJOO supuso un contrapunto a la práctica deportiva en el capitalismo, donde todo se compra y se vende.

Existen también otros modelos obreros y socialistas de competición deportiva que merecen la pena recordar, son las llamadas Espartaquiadas, impulsadas en los años 20 y 30 del siglo XX por países socialistas, y que supusieron un referente contra los comportamientos deportivos de los JJOO. Se fundaban en una concepción popular del deporte y en la práctica amateur del mismo, denunciando la visión capitalista, mercantilista y elitista del mismo. En definitiva, denunciaban la corrupción del espíritu deportivo, que tanto decían defender los JJOO, luchando por la paz, la fraternidad y la igualdad en la práctica deportiva.

Hay que matizar que las Espartaquiadas y las Olimpiadas Obreras no eran lo mismo. Éstas últimas estaban organizadas por una asociación deportiva vinculada a la Internacional Socialista que se disputaba con las Espartaquiadas la concepción obrera del deporte. Estás últimas estaban vinculadas al campo socialista, llegando a congregar después de la segunda Guerra Mundial, a más de 100 000 personas en Praga. Memorables, y todo un ejemplo de dignidad y fraternidad, fueron las Olimpiadas Populares de Barcelona en 1936, organizadas para hacer frente a la propaganda del III Reich y que no se llegaron a celebrar por culpa del golpe de estado fascista.

La celebración de los JJOO es un momento idóneo para recordar diferentes ejemplos de perspectiva socialista del deporte, y para seguir denunciando las prácticas capitalistas allá donde se den. La memoria es la relación activa con el pasado, y con ello contrarrestamos las constantes manipulaciones y mentiras.

A. Luque