En los numerosos debates habidos en las células y en nuestro entorno el X Congreso del P.C.P.E. nos ha posibilitado oportunidad para profundizar sobre diversos aspectos de nuestra actividad comunista: en lo relacionado con nuestra estrategia; en el carácter militante de nuestro estar en el p. (revolucionarios profesionales); también respecto a la intervención de masas y ahondar en nuestra concepción del mundo, así como afinar los procedimientos y términos que utilizamos en nuestro acercamiento a las masas en general y la clase trabajadora en particular.

Sobre esto último, la más cuidadosa intervención con las masas nos obliga a la mayor precisión en el conocimiento de los términos propiamente marxistas para que su aplicabilidad, o no, sea adecuada al nivel de conciencia y situación de combatividad del grupo al que nos dirijamos.

Con demasiada frecuencia llamamos desclasados a organizaciones, grupos o personas a los que aunque su situación de clase o procedencia sitúa dentro del conjunto amplio de clase obrera y popular, ostentan, sin embargo, una ideología bonachona y conciliadora , desviando su orientación más y más de los intereses de la clase obrera.

Está claro para los comunistas que afirmamos desclasamiento respecto a la clase trabajadora. Pero hemos de considerar que para quien nos escucha el término desclasado lo entienda muy previsiblemente en el sentido de no pertenencia a ninguna clase, al margen de ellas.

Sabemos que no es así. En el capitalismo en particular, en general en las sociedades clasistas, nada hay por encima, debajo, al margen o fuera de las clases y del conflicto entre ellas. Nada ni nadie se libra de esa situación ni de ese conflicto .

Por el contrario el sistema utiliza todo sus aparatos ideológicos, y también otros contundentemente más "persuasivos", para que vivamos con la convicción de lo contrario, de la no lucha de clases, incluso de la inexistencia de las mismas. Continuamente nos golpea el sistema del capital con el objetivo de que en nosotros arraigue tamaño desatino, asediándonos publicitariamente con lo que considera sus elementos más honorables y perdurables: El congreso, ese gemelo de Pinocho en el que todos se desgañitan afirmando su deber de legislar para toda la ciudadanía; la judicatura, lugar cuya densidad en la concentración de Tartufos es inigualable, nos alecciona que se hace justicia al aplicar la ley a todos los ciudadanos por igual (en estos días un eminente, ilustre y afamado ladrón de bienes del pueblo, Mario Conde. después de choricear millones y millones está en su casa, al tiempo que un oscuro hijo de la clase trabajadora permanece enchironado por el hurto de una bici sucedido hace ocho años).

Rotundamente: No existen espacios fuera de la lucha de clases. Directa o indirectamente todos accionamos, nos posicionamos hacia una u otra clase. Se interviene, o no, influyendo, más o menos, a favor de una u otra.

En un párrafo de una de nuestras tesis se escribió "sindicalismo desclasado". En el entorno del p. está claro el sentido de lo escrito, pero como decimos más arriba hay que cuidar los términos al dirigirnos a otros. La deriva de determinado tipo de sindicalismo -el que se presenta como "agente social" y se enfanga con fruición en la doctrina del pacto social y la impone, aquel que en sus conceptos no entra el de clase trabajadora y sólo entiende de afiliados-- no corresponde a un sindicalismo sin horizonte clasista. Su acción, su omisión benefician a una clase, a la de los propietarios de los medios de producción. Por su pasividad parece que estuvieran difuntos, pero la pasividad y la deriva ideológica facilitan al enemigo de clase la agresividad y dureza brutal que emplea contra la clase obrera.

SIN REVOLUCIÓN NO HAY CAMBIO

Un breve artículo de Lenin, ¿A quién beneficia? viene a propósito de algunas consideraciones que aquí decimos.

Julio Mínguez