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Me encerraron los sin ley. Me esposaron los odiadores. Me amordazaron los codiciosos. Y, si hay algo que sé, es que un muro es sólo un muro y nada más que eso. Se puede derribar.

Nacida en 1947, su infancia transcurre con sus abuelos en el sur racista y segregacionista donde acude a escuelas segregadas y su abuela le inculca la importancia de salir adelante por sus propios medios. Se podía formar parte de una población negra burguesa y totalmente asimilada siempre que no se cuestionase el modelo. La experiencia posterior viviendo con su madre cuando ésta acabó sus estudios, no fue mejor en un norte hipócrita que no mostraba abiertamente su racismo. La condescendencia y superioridad blanca de aquellos colegios es definida por ella como “sonrisitas para negritos”.

Los sistemas de valores blancos, los estándares de belleza blancos y la segregación por razón de clase, pilares de la sociedad americana, van dejando huella en la mente de la joven inconformista y rebelde. Siendo menor se fugó de casa por diferencias con su madre y además de sobrevivir enfrentó con valentía y coraje no sólo a un baboso jefe manoseador sino un intento de violación en grupo. Es natural que al cambiar su nombre de esclava eligiera uno que significa “la que lucha”

El contacto con estudiantes africanos, volver a estudiar, los movimientos de derechos civiles, las organizaciones estudiantiles, la guerra de Vietnam… En definitiva, consciente de la dominación y el engaño que mantiene en marcha la sociedad, la llevaron a tomar las riendas de su vida, aunque sin una dirección clara, hasta convertirse en una revolucionaria negra. En sus propias palabras “de todas las cosas que yo había querido ser cuando niña una revolucionaria definitivamente no era una de ellas. Ahora es lo único que quería hacer”

En 1970 se integra en el partido Panteras Negras y posteriormente en el Ejercito de Liberación Negro. Esas organizaciones al igual que sus líderes son objeto de persecución, criminalización, acoso, montajes y exterminio por parte del FBI con la estrategia COINTELPRO, ilegal programa gubernamental para acabar con esos movimientos negros.

Acusada de atracos y asesinatos, permanece fugitiva hasta 1973 donde es tiroteada en un control de autopistas y será juzgada por matar a un policía aunque herida gravemente y sin pólvora en sus dedos las evidencias desmienten la acusación. A partir de ese momento sufrirá las más duras condiciones carcelarias, falta de asistencia médica y las torturas que la democrática amérika depara en sus prisiones. Y juicios amañados y jurados parciales… Hasta la libertad, hasta 1978. Después la clandestinidad y en 1984 el asilo político en Cuba.

Hoy sigue en la lista terrorista del FBI y ofrecen 2 millones de dólares por su captura. 2 millones de razones para defenderla.

Ana Muñoz