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La PAC (política agraria común) es el instrumento de la Unión Europea para la regulación financiera y productiva de la producción agropecuaria de los estados miembros de la UE, si bien, desde sus inicios ha servido para desbaratar y precarizar las economías agrarias y ganaderas de la Unión en favor de los monopolios del sector agropecuario y las multinacionales de la alimentación y de los suministros agroalimentarios, privilegiando con sus subvenciones millonarias a más de 2.500 latifundios (se considera latifundio a partir de 300 hectáreas) que existen desde tiempos inmemoriales en la geografía española, al tiempo que se precariza y se arruina al campesinado, sometiéndolo a una férrea disciplina de abandono de cultivos y superficies destinadas tradicionalmente al pastoreo, la producción de cereales, la fruticultura, la industria agroalimentaria y la producción agropecuaria de alta calidad. Todo ello a cambio de imposiciones arbitrarias difíciles de cumplir y de subvenciones muy condicionadas al cumplimiento de medidas y cupos draconianos.

Semejantes restricciones y condicionamientos, de manera reiterada y sin paliativos, han condicionado al pequeño y mediano campesinado español a la confusión, a la precariedad de una forma de vida, al empobrecimiento y subsiguiente quiebra y cierre de multitud de explotaciones agrícolas y ganaderas que no han podido resistir la “competencia” exterior, por falta de protección aduanera, de financiación y de comercialización agropecuaria.

Como ejemplo paradigmático podemos referirnos a lo acontecido en la región aragonesa, de ámbito secularmente agrícola y ganadero sin industria alimentaria, todo ello altamente significativo; desde que España ingresó en la UE hasta nuestros días han desaparecido, por ruinas y abandono, por los efectos demoledores de la PAC, más de 35.000 explotaciones ganaderas, así como numerosas y tradicionales industrias agroalimentarias, de tal manera que hoy apenas subsisten unas 25.000 explotaciones sumidas en la precariedad, el endeudamiento y al borde de la quiebra; a todo lo cual tenemos que sumar los recortes en sanidad, educación, etc... que significa el descalabro del medio rural, el empobrecimiento y el éxodo acelerado.

Parece ser que en Bruselas se están pergeñando nuevas medidas y condiciones leoninas. La campaña en curso se prevé que abundará en exigencias de condiciones de difícil cumplimiento, ya que las ayudas estarán en función del abandono de superficies “poco productivas” o de cultivos y producciones excedentarias y poco competitivas, favoreciendo a los de siempre: especuladores y multinacionales del campo.

Por tanto, el campesinado español tiene que esforzarse en coordinar su protesta y su lucha reivindicativa con la lucha obrera y popular, en aras de un Frente Obrero y Popular por el Socialismo propiciado por el Partido Comunista de los pueblos de España (PCPE), como única manera de sacar al campesino español de su postración, precariedad y expolio.

Miguel Galindo