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El gran capital necesita un pacto, Podemos desmoviliza las luchas y el PCPE continúa a la ofensiva

Más allá de las ambiciones personales o gustos estéticos de los candidatos, la falta de acuerdo para la formación de Gobierno es más compleja de lo que quieren hacernos ver.

El PSOE se encuentra entre una vieja guardia, (instalada en la ajada Transición, que fue solución de compromiso entre las distintas capas y sectores de la burguesía, con sus implicaciones nacionalistas, y su necesidad común de conseguir eliminar cualquier oposición obrera al avance del neoliberalismo), y una posición de falsa renovación (que se niega a un gran pacto con el PP, que significaría el fin de la justificación izquierda-derecha que ha sustentado el edificio político del bipartidismo y, con él, a un PSOE alternante en el Gobierno).

 

El PP, que sigue siendo la opción genuina del gran capital, no consigue reunir en su entorno las fuerzas necesarias que se precisan, en el intento de legitimar las reformas político-económicas que le permitan reeditar una nueva Transición en forma de pacto entre burguesías. Las diferentes burguesías necesitan un pacto, pero no necesariamente con todo el mundo. El ciclo de crisis, tras el espejismo de la recuperación, vuelve a profundizar las necesidades de acumulación de capital y sobreexplotación de la fuerza de trabajo y, junto a ello, la necesidad imperiosa de sacar fuera de juego a los capitales más pequeños, menos productivos en el sentido de los dividendos y con peores condiciones para su internacionalización.

El puzle no encaja, hay demasiadas piezas para un tablero más pequeño. Las diferentes burguesías, las más nacionales y las más internacionalizadas, tienen en el terreno de juego a sus paladines. La clase obrera, como tal, está desarticulada; Podemos ha conseguido apartar de la agenda de la lucha de clases a gran parte de la clase obrera y pasarla al terreno castrante del electoralismo, cumpliendo a la perfección con la vieja tarea de la socialdemocracia en épocas de crisis capitalista. A su vez, a la gente más peinada, que ya no soporta la hedionda escena de un PP que se ahoga en la podredumbre de una corrupción ya innegable, se le ofrece, con Ciudadanos, una opción con que lavar su voto y poder mirar para otro lado, sin reconocer que la corrupción es intrínseca al propio modelo de desarrollo capitalista.

Por otro lado, la fagocitación de IU hace desaparecer definitivamente de lo que se considera el debate político real, (o al menos el que enfrenta las opciones a quienes se da posibilidad real de conseguir representación parlamentaria), el término “izquierda”. El nombre lo dice todo “Unidos Podemos”, pero Unidos ¿quiénes?, Podemos ¿qué?

Pero cuando los resultados de los balances no cuadran, los acuerdos de la Transición saltan por los aires, y las burguesías “periféricas” ante la situación enarbolan los sentimientos nacionales de la clase obrera como ariete político, mientras buscan alianzas con poderes extranjeros, fundamentalmente la catalana y su estrecha ligazón con el lobby sionista.

Mientras tanto, el Gobierno en funciones sigue gestionando los intereses de las compañías multinacionales españolas, en su imperiosa necesidad de incrementar su internacionalización con la que intentar cubrir las necesidades de incremento de la tasa de ganancia, yendo a invertir, o a desarrollar, en proyectos que van de la mano de la hipoteca de nuestra política exterior. Una política exterior que pasa por el refuerzo de nuestra aportación al eje militar con el que tradicionalmente España ha estado en alianza. Algo que nos acerca inexorablemente a un futuro de más guerra en el marco de las contradicciones existentes entre los grandes capitales, con sede en las potencias emergentes (más bien emergidas) de las que los capitales “de nuestra alianza” empiezan a ver que solo es posible defenderse mediante el chantaje de la fuerza armada, la intervención y, en último extremo, la guerra.

El pacto de la nueva Transición en España no va a ser tan fácil, aunque los de abajo no seamos todavía fuerza consciente y organizada con voluntad de no seguir permitiendo gobernar así, los de arriba no pueden seguir gobernando así ante la quebradiza fragilidad de un pacto (el de la Transición) que ha saltado hecho añicos.

En la batalla del 26-J cada sector jugará sus cartas, depende de nuestro Partido y de nuestra Juventud situar ante la clase trabajadora la posibilidad de romper la baraja, o al menos de que, por una vez, pinten hoces y martillos, en lugar de oros, para el capital, y espadas y bastos para la clase obrera.

Severino Menéndez