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La salida de la UE, sin romper con el capitalismo, no significa necesariamente una mejora de las condiciones de la clase obrera y el pueblo trabajador.

David Cameron, primer ministro británico, se comprometió en 2013 a plantear, en un futuro sin concretar, un referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea. La promesa, renovada antes de ganar en las Elecciones parlamentarias de mayo del año pasado, se concretó entonces en realizar una votación vinculante antes de que finalizase 2017, pero los acontecimientos se han precipitado y, finalmente, el referéndum se celebrará el jueves 23 de junio.

 

Diversas informaciones apuntan a que este adelanto, de casi año y medio, se debe a la petición de otros Gobiernos europeos, preocupados por la posible cercanía temporal de este referéndum con los procesos electorales ordinarios que habrá en Francia y Alemania en 2017, así como por el temor a una nueva oleada de refugiados durante el próximo verano, todo lo cual podría incidir, de manera determinante, en el resultado de la votación.

Sean cuales sean las verdaderas razones que están detrás del cambio de fecha, el referéndum británico sobre su permanencia en la UE debe ser analizado con atención, puesto que se está produciendo en unos términos tremendamente preocupantes desde el punto de vista clasista.

Los comunistas británicos mantienen una clara posición por la salida de la UE. En palabras del Secretario General del Partido Comunista Británico, Robert Griffiths: “como comunistas, nuestra oposición al capitalismo y al neoliberalismo y nuestro compromiso hacia la unidad de la clase obrera significa hacer campaña contra la permanencia en la UE”. Esta clara posición del Partido Comunista, que es de saludar, no significa, no obstante, que el debate ahora mismo en el Reino Unido se esté dando, a nivel general, en términos clasistas, de beneficio para la clase obrera.

Una bicicleta tirando de un elefante rosa...

Hay una imagen que ilustra a la perfección cómo se está planteando el referéndum por parte del que, ahora mismo, es el sector mayoritario en la defensa de la salida de la UE. Nada más entrar en la página web “Leave.eu” (que se puede traducir como “Abandonar la UE”), que centraliza la campaña por el Sí al Brexit desde posiciones capitalistas, se puede encontrar un dibujo que muestra al propio David Cameron y al laborista Andy Burnham (candidato a líder laborista en 2015 y actual responsable de Interior en el Gobierno laborista en la sombra) esforzándose por tratar de hacer avanzar una bicicleta tándem en el sentido que marca una señal que dice “libre comercio”, mientras la bicicleta está atada a un pesado elefante rosa sentado que viste una camiseta con la bandera de la UE. La imagen y el discurso, por tanto, son bastante simples: hay que salir de la UE porque la UE, con su burocracia y sus regulaciones, es una losa que impide el desarrollo del Reino Unido en la senda del “libre” comercio.

En la misma página web pueden verse otras imágenes, igualmente simples y aclaratorias, en las que se ve a un individuo muy sospechoso entrando sin problemas en el Reino Unido, mientras el guardia de fronteras duerme con los ojos tapados por un antifaz que luce la bandera de la UE; o el reparto de una tarta que representa el “comercio internacional”, donde Obama, Putin y Xi Jinping tienen cada uno un gran trozo de tarta, mientras varios presidentes europeos se pelean por un único pedazo que lleva la bandera de la UE. Sencillo y efectivo, hay que reconocerlo.

El discurso del libre comercio y de la crítica a las regulaciones de la UE es bien conocido y tiene una base objetiva de tipo económico y laboral: el Reino Unido es una de las principales potencias capitalistas mundiales, actor relevante en el comercio internacional capitalista y, por otro lado, su normativa laboral, por ejemplo, es bastante más favorable al patrón de lo que lo es la ya terriblemente anti-obrera legislación de otros países de la UE. En resumen, un sector de la burguesía británica piensa que la permanencia en la UE puede significar que se les impongan leyes laborales más parecidas a las de la “socialista” (nótese la ironía) Francia que a las de los EE.UU, alumno aventajado del modelo liberal de relaciones laborales, de origen anglosajón.

...mientras Patricia Botín grita “salvemos la UE”.

Por el otro costado, numerosos representantes de grandes monopolios se han posicionado claramente a favor de que el Reino Unido se mantenga dentro de la UE. El máximo responsable del banco HSBC, Stuart Gulliver; el jefe del monopolio de la comunicación WPP, Martin Sorrell; representantes de JP Morgan, de la banca Berenberg o el mismo Banco Santander, han expresado su preocupación sobre el Brexit en diversos momentos. Incluso el anterior presidente de Ford en Europa, Steve Odell, señalaba en 2014 que una hipotética salida de la UE significaría para el Reino Unido “poner en riesgo miles de puestos de trabajo en la manufactura”.

Esta fracción de la oligarquía es la que, con toda seguridad, está teniendo más en cuenta que el Reino Unido, en 2014, realizó el 45% de todas sus exportaciones al resto de países de la UE, mientras que recibió de los mismos países el 53% de sus importaciones; o que el 48% de las inversiones de capital recibidas en ese mismo año procedió de países de la UE; o que más de 3 millones de empleos en el país están vinculados al comercio con la UE. Afirman, pues, que todo ese tráfico de mercancías, capitales y mano de obra podría ponerse en riesgo si el Reino Unido rompe con la UE.

Quizás siguiendo estas claves, los máximos responsables de 36 de las 100 empresas que cotizan en el índice FTSE (el IBEX británico) firmaron una carta abierta publicada el 23 de febrero en el diario The Times apoyando con rotundidad la propuesta de David Cameron de mantenerse en la “UE reformada”, una vez alcanzado el acuerdo entre el Reino Unido y el resto de los 28 el pasado día 19. Sería ese un importante respaldo para Cameron si no tuviéramos en cuenta que la carta no la han firmado los restantes dos tercios de los monopolios británicos, incluyendo a empresas como Tesco's, Salsbury's, Royal Bank of Scotland o Barclays.

Al calor de estos datos se percibe con absoluta claridad que la oligarquía se encuentra seriamente dividida ante el referéndum. Hay poderosos argumentos para una y otra fracción capitalista, y el debate se está dando sobre esos argumentos, en los que se está atrapando a la mayoría trabajadora británica en buena parte, porque la posición del Partido Laborista está siendo claramente a favor de la permanencia en la UE.

El acuerdo entre Cameron y la UE quiere enfrentar a la clase obrera.

No podemos pasar por alto que el acuerdo que ha permitido que David Cameron haga campaña por la permanencia en la UE, cerrado en Bruselas el 19 de febrero, es una confirmación de la ya pre-existente “excepcionalidad británica”, que permitía que el Reino Unido se desvinculase de ciertos aspectos de la normativa comunitaria (por ejemplo de partes de la Carta Europea de Derechos Fundamentales). Este nuevo acuerdo, que configura lo que se está llamando la “UE reformada”, supone un serio golpe para los defensores de una mayor integración a nivel europeo, poniendo en duda algunos de los principios más cacareados por los adalides de la UE, como el de la igualdad de trato para trabajadores de otros países de la UE. Se constata que la “libertad” de la UE es para el capital, y nada más.

Un ejemplo meridiano: la limitación de las ayudas sociales y a la infancia, para los trabajadores inmigrantes procedentes de otros países de la UE durante sus primeros cuatro años en el país, afectará negativamente a los miles y miles de jóvenes españoles que se ven forzados a emigrar cada año al Reino Unido, generalmente para realizar trabajos mal pagados y con largas jornadas. La intención de confrontar a diferentes secciones de la clase obrera se vuelve así evidente, y en esa clave, entre otras, reside la gran trampa de este referéndum.

En resumen, salvo que las posiciones más consecuentes, expresadas por el PC Británico y apoyadas, por ejemplo, por el PC de Irlanda, consigan hacerse un hueco en los meses que restan hasta el referéndum, el planteamiento del debate sobre el Brexit se está haciendo en términos capitalistas, en términos de una mayor rentabilidad para el capital, y constituyen una vía muerta para los trabajadores y trabajadoras porque lo único que las unifica es su contradicción antagónica con los intereses obreros y populares.

La salida de la UE, sin romper con el capitalismo, no significa necesariamente una mejora de las condiciones de la clase obrera y el pueblo trabajador. Es necesario vincular absolutamente la lucha contra el capitalismo y la lucha contra las asociaciones estatales capitalistas, organizando a la mayoría trabajadora tras plantear el verdadero dilema: o con la mayoría obrera y popular, o con los monopolios.

Ástor García