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A muchos de nosotros ya ni siquiera nos sorprende el hecho de hablar de que las empresas buscan obtener el máximo beneficio a costa de los trabajadores y el resto de sectores populares. Un ejemplo claro y que muchas veces se pone es el de la industria farmacéutica, que encara sus líneas de investigación no a la curación de enfermedades si no que cronifican los tratamientos mediante el alivio de los síntomas para alargar sus beneficios de forma indefinida. En el artículo de hoy vamos a hablar de cómo otro sector de la oligarquía, en este caso la industria alimentaria no tiene escrúpulos en sacar beneficios a costa de enfermedades de la población. El ejemplo paradigmático en estos casos es la enfermedad celíaca.

 

La enfermedad celíaca es una intolerancia permanente al gluten del trigo, cebada, centeno y avena que se presenta en individuos genéticamente predispuestos, caracterizada por una reacción inflamatoria, de base inmune, en la mucosa del intestino delgado que dificulta la absorción de nutrientes. 

La prevalencia estimada en los europeos y sus descendientes es del 1%, siendo más frecuente en las mujeres con una proporción 2:1. Esto supondría que en España 400.000 personas podrían padecer la enfermedad, pese a que en muchos casos está infradiagnosticada, dada lo poco llamativo de la clínica en la mayoría de personas que la padecen.

Los síntomas más frecuentes son: pérdida de peso, pérdida de apetito, fatiga, náuseas, vómitos, diarrea, distensión abdominal, pérdida de masa muscular, retraso del crecimiento, alteraciones del carácter (irritabilidad, apatía, introversión, tristeza), dolores abdominales, gases y anemia por déficit de hierro. Estos síntomas han de tenerse en especial consideración en los niños, ya que los estados de malnutrición pueden conllevar a consecuencias permanentes tanto a nivel físico como mental.

El tratamiento consiste en el seguimiento de una dieta estricta sin gluten durante toda la vida. El celíaco debe basar su dieta en alimentos naturales: legumbres, carnes, pescados, huevos, frutas, verduras, hortalizas y cereales sin gluten, arroz y maíz. Deben evitarse, en la medida de lo posible, los alimentos elaborados y/o envasados, ya que en estos es más difícil garantizar la ausencia de gluten. En caso de mantener correctamente la dieta se produce una normalización clínica y funcional, así como la reparación de la lesión intestinal.

Dado que es una enfermedad que se diagnostica generalmente en edades tempranas de la vida y que, como hemos visto, se trata de una enfermedad que puede afectar a un gran número de personas.  No es de extrañar que las empresas alimentarias hayan visto en los productos sin gluten un negocio muy lucrativo, ya que estos productos son en muchas ocasiones más difíciles de encontrar, aunque los costes de producción son relativamente similares. Las empresas que optan por producir estos productos se aprovechan de la necesidad de los pacientes y colocan precios mucho más elevados.

Según estudios recientes, en España las diferencias de precios entre los productos con gluten y sin gluten son muy importantes. Así una familia con un celíaco en su seno tiene un gasto superior de 1.468,72 € en la cesta de la compra anual. Lo que ya supone un gasto significativo de por sí, que se dispara si se incrementan el número de celíacos en la familia, dado que la enfermedad tiene un componente genético, es probable que dentro de la misma familia haya varios casos.

De este modo las empresas ponen en jaque a los celíacos obligándoles a comprar productos más caros o a no poder llevar una vida normal sin verse afectado por una enfermedad que se soluciona con consumir productos que no contengan trigo, cebada centeno o avena.


Fuentes:

http://www.celiacos.org/enfermedad-celiaca/ique-es-la-enfermedad-celiaca.html

http://www.celiacos.org/images/stories/pdf/informe%20de%20precios%202015.pdf