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En los últimos días, asistimos en la prensa burguesa a un sinfín de noticias, debates y opiniones en torno a la situación de los refugiados sirios y la crisis migratoria que llega diariamente a las costas y fronteras de la UE. Este debate toma fuerza, durante los últimos días, como consecuencia de las imágenes de miles refugiados tratando de huir de la guerra, en las que se expresa el carácter reaccionario de la UE y sus políticas migratorias, que causan la indignación entre los trabajadores de todo el mundo.

Ante esta situación se ha producido la inmediata reacción de los diferentes gobiernos de la UE con el intento de controlar dicho debate y reorientarlo hacia parámetros que contribuyan a generar entre la opinión pública un clima favorable para el desarrollo de su estrategia de expansión en Oriente Medio, y evitar así, que se vaya generando, entre los trabajadores, la concepción de la UE como instrumento de la oligarquía, capaz de saquear un país con los medios más violentos y de expulsar a la lacra del paro y la marginación a más de 20 millones de trabajadores europeos.

Para ello hacen uso de todo su aparato mediático y de todas las posibilidades políticas a su alcance. Y de esta manera, a la vez que los diferentes gobiernos de la UE anunciaban la recepción de diferentes cupos de refugiados, azuzaban el miedo y la bestia del racismo y la xenofobia entre el pueblo trabajador, con declaraciones que abiertamente afirmaban que la entrada en nuestro país de estos refugiados suponía un peligro para nuestra seguridad, que provocaría un empeoramiento de las condiciones de vida de los trabajadores nativos al tener que atender las necesidades básicas de los inmigrantes, etc. La oligarquía está utilizando el drama de los refugiados para abonar el terreno al avance del fascismo. Pero no sólo esto, en un ejercicio de extrema mezquindad, utilizan la tragedia que ha provocado la guerra que las potencias imperialistas (UE y EEUU) han impulsado en Siria y en el resto de la región, para justificar ante las masas populares un ataque masivo contra el gobierno sirio de Assad, una vez visto que la estrategia de la intervención indirecta, armando y apoyando a grupos terroristas tales como el Estado Islámico, no ha sido suficiente.

Pero la oligarquía no ha puesto en juego sólo a la extrema derecha en su estrategia de exonerarse de la tragedia que sus políticas generan a un lado y al otro del Mediterráneo, sino que también se ha presentado ante el sonido del reclamo, el oportunismo con sus discursos sobre el respeto a los derechos humanos, el derecho a asilo, etc. Y de esta manera ya se completa el círculo, ante las posiciones más reaccionarias que generan rechazo entre los sectores populares, se genera una respuesta liderada por los oportunistas en las que se sitúa como único centro de la lucha política el cumplimiento de los derechos humanos, la humanización de la política, que es lo mismo que la humanización del capitalismo y del sistema imperialista internacional. Por el contrario ni una sola palabra sobre la guerra imperialista, sobre las causas que provocan que, en el 2015, más 350.000 personas hayan arriesgado sus vidas en su intento de llegar a Europa o de los intereses de los monopolios por el control de esas áreas de mercado en disputa.

No es posible entender los movimientos migratorios que se están produciendo hacia Europa, sin abordar y analizar el papel que las principales potencias imperialistas han jugado en los desarrollos políticos y sociales, que se han producido en Oriente Medio en los últimos años. El elemento central que se encuentra, tras las diversas intervenciones en la región por parte de las potencias imperialistas (EEUU y UE fundamentalmente), es la disputa por el control de las reservas energéticas y de las rutas del gas y el petróleo. El control por parte de los monopolios de la energía de estas reservas, que les aseguraría aumentar su rentabilidad, es la causa de que se concentre en Oriente Medio la agudización de las contradicciones entre potencias imperialistas.

La crisis capitalista que estalla en 2007 y que las economías capitalistas no ha superado, ha abierto el camino para los cambios en la correlación entre estados bajo la ley del desarrollo capitalista. La correlación en la economía capitalista internacional entre EEUU, UE, China, Rusia ha cambiado de manera significativa como consecuencia de la crisis capitalista de sobreacumulación. Ello ha traído consigo la inevitable intensificación de las contradicciones interimperialistas, al agudizarse la disputa por el control y nuevo reparto de territorios y mercados, especialmente por el control de recursos energéticos y rutas de transporte de mercancías. Lo que algunas mentes pensantes del oportunismo denominan nueva "arquitectura" y que vinculan al ascenso en la cadena imperialista de nuevas potencias que, según sus afirmaciones, dará fin a la hegemonía estadounidense y abrirá las puertas a la "multipolaridad", que garantizará la paz en el marco del capitalismo, no es más que la consecuencia de la acción de las leyes de desarrollo del capitalismo monopolista. Si el pasado nos recuerda que las contradicciones interimperialistas dieron lugar a multitud de guerras regionales y dos guerras mundiales, el presente afirma que "la guerra es la continuación de la política por otros medios" especialmente en situación de crisis y recomposición de la correlación de fuerzas en el sistema imperialista internacional.

Los acontecimientos que se han desarrollado en la región, en los últimos años, guardan relación directa con este reordenamiento en la pirámide de la cadena imperialista y están a su vez vinculados entre sí. Las denominadas Primaveras Árabes, la intervención de EEUU y la UE en Irak y Libia y la más reciente intervención en Siria, responden a la pugna entre potencias capitalistas por el control y la influencia de los recursos y el debilitamiento de las posiciones de sus rivales en la región. Para ello han utilizado diferentes métodos, desde la intervención directa en estos países como en el caso de Irak, la financiación y abastecimiento armamentístico de grupos terroristas opositores a determinados gobiernos, hasta la organización y desarrollo de revueltas inicialmente populares, que no eran más que expresión de las luchas existentes entre diferentes sectores de las burguesías nacionales por el control del país. A pesar de los diferentes intentos, por parte del imperialismo, por hacer pasar estos acontecimientos en Oriente Medio como internos, no hay a estas alturas dudas que, tras ellos, se encontraba la mano del imperialismo norteamericano y europeo, impulsando las aspiraciones de uno de los sectores de la burguesía en disputa, para ejercer un mayor control en la región y debilitar a su competidor.

La intervención imperialista en Siria por parte de EEUU, la UE, Turquía, Israel, está estrechamente relacionada con los desarrollos que se producen tras la intervención de la OTAN en Libia y la situación de Irak. El imperialismo ha aprovechado los problemas internos que existen en Siria, consecuencia de las privatizaciones desarrolladas y de los ataques a los derechos de la clase trabajadora con reducción de salarios, etc., impulsados por el gobierno de Assad con el objetivo de promover los intereses de las fuerzas burguesas que lo sostienen, para desestabilizar y expulsar del poder a estas fuerzas burguesas que tienen estrechas relaciones con Rusia, que están en conflicto abierto con el aliado natural de EEUU en la región (Israel) y además el derrocamiento de las actuales fuerzas dominantes en Siria permitiría abrir el camino para atacar a Irán con el pretexto de las armas nucleares. La estrategia del imperialismo americano y europeo, pretende desplazar la creciente influencia ganada por Rusia y China en Oriente Medio, lo cual asegura el incremento de la pugna entre estas potencias y sin duda traería consigo más guerras e intervenciones imperialistas.

Aquellos voceros del imperialismo que, desde supuestas posiciones de "izquierdas", nos querían hacer creer que las Primaveras y revoluciones de colores eran movilizaciones populares de carácter interno, que pretendían impulsar la democracia en aquellos países sometidos a gobiernos tiranos, que son los mismos que justificaron la intervención de la OTAN en Libia con el argumento de "promocionar la democracia", y que ahora culpan al gobierno de Assad de la crisis de los refugiados, con el paso de unos pocos años se han revelado como auténticos colaboradores de los criminales imperialistas. Hemos podido comprobar los escasos o más bien nulos avances democráticos en los países protagonistas de las Primaveras Árabes (Túnez y Egipto), los resultados de lo que ellos llamaban "rebelión democrática" en Ucrania, el caos reinante en Libia e Irak por donde campan a sus anchas los terroristas del estado islámico financiados por el imperialismo, degollando y asesinando a mujeres y niños y asistimos en estos momentos al drama Sirio, que golpea ahora las fronteras de la UE.

Exigir que se preste ayuda humanitaria y se dé refugio a aquellos que huyen de la guerra imperialista es un deber internacionalista, pero cuando se hace sin atender a las causas que generan la necesidad de que miles de hombres y mujeres tengan que jugarse la vida para sobrevivir, revela una actitud hipócrita, falsa y una posición política de colaboración con la barbarie imperialista, ya que con ello se pretende desviar la atención de los trabajadores hacia otros problemas que son irresolubles en el marco del capitalismo (la democratización de las instituciones europeas, que sea garante de la paz, etc.) y apuntalar de esta manera al sistema imperialista internacional.

Una posición clasista respecto a lo que se ha denominado crisis migratoria de Europa, debe situar en primer plano la denuncia de la guerra imperialista y el papel de los monopolios en su necesidad de saquear los recursos de los pueblos, como causas fundamentales de la desestabilización y el derramamiento de sangre en Oriente Medio. Romper con los estrechos márgenes en los que la burguesía sitúa el debate, elevando una propuesta política que cuestione el poder de los monopolios, de ruptura con las uniones imperialistas que sitúe como objetivo la salida de la UE, la retirada de nuestro país de la alianza depredadora de la OTAN y la salida de las guerras de rapiña en las que está participando, que promueva e impulse una respuesta masiva a las cercanas maniobras militares que la OTAN va a desarrollar en nuestro país. La guerra y sus consecuencias no son un fenómeno natural sino que está estrechamente ligada a la sociedad en la vivimos, en este caso la sociedad capitalista donde la rentabilidad de los monopolios todo lo rige, incluso el futuro de los pueblos. La lucha contra el poder de los monopolios, por el control obrero y popular de los medios de producción, por una economía planificada que responda a las necesidades de las masas populares y no al incremento de los beneficios de un puñado de capitalistas, está estrechamente vinculada a la lucha contra las guerras imperialistas y la emancipación de los pueblos de la barbarie imperialista. Los trabajadores de nuestro país y los pueblos que están siendo saqueados cada día por los grandes monopolios, tienen intereses comunes en la lucha anticapitalista y antimonopolista. Los acontecimientos confirman la certeza de las posiciones de Lenin que afirmó: "las consignas de pacifismo, de desarme internacional en las condiciones del capitalismo, de los tribunales de arbitraje, etc., no son más que una utopía reaccionaria, un engaño a los trabajadores cuyo objetivo es desarmar al proletariado y distraerlo de su tarea de desarmar a los explotadores. Sólo la revolución proletaria, comunista puede sacar a la humanidad del callejón sin salida que han creado el imperialismo y las guerras imperialistas".

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