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Son ya más de veinte meses, desde enero de 2014, cuando las y los trabajadores de Coca Cola iniciaron su lucha para paralizar el ERE que los quería condenar al paro. Una lucha que ha mostrado la importancia de la constancia y las posiciones firmes en defensa de los intereses de los trabajadores como contrapuestos a los intereses de la patronal. No es de extrañar que, gracias a esa tenaz lucha, las y los trabajadores hayan logrado paralizar el ERE y abrir la fábrica el pasado 7 de septiembre.

Una lucha que ha demostrado la importancia de mantenerse erguido pese a todas las adversidades, como cuando la empresa ejecutó el ERE, despidiendo a todas y todos los trabajadores. Días duros en los que los obreros, lejos de sucumbir a la desesperación, organizaron la respuesta y una agenda de movilizaciones que situó la centralidad de su lucha en el conjunto del movimiento obrero de España. La movilización continua, con la presencia constante en el Campamento de la Dignidad, logró ir trasladando toda la lucha diaria de la calle a los tribunales, y se empezaron a suceder las sentencias favorables a los trabajadores:

  • 13 de junio de 2014: ERE nulo de Coca-Cola en la Audiencia Nacional.

  • 21 de noviembre de 2014: Ejecución Provisional del ERE nulo en Coca-Cola.

  • 7 de enero de 2015: confirmación de la Ejecución Provisional.

  • 15 de abril de 2015: ERE nulo de Coca-Cola en el Tribunal Supremo.

  • 13 de julio de 2015: auto-readmisión inmediata de los trabajadores.

Dadas todas estas resoluciones judiciales, lo lógico sería pensar que debieran estar trabajando desde mediados de junio de 2014. Nada más lejos de la realidad. No fue hasta el pasado 7 de septiembre cuando Coca-Cola abrió la embotelladora de Fuenlabrada. El Estado, con todos sus mecanismos, lejos de garantizar la legalidad a favor de los trabajadores, no solo la ignoró, sino que la violó. En la memoria colectiva de la clase obrera quedará ese 15 de enero en el que la empresa intentó desmantelar la fábrica con la ayuda de la Policía Nacional, con el objetivo de alegar la imposibilidad de abrir el centro de trabajo. Una “ilegalidad” que nos demostró hasta qué punto nuestro Estado “democrático” se sitúa, sin dudarlo, a favor de los intereses de los monopolios contra los trabajadores, con indiferencia a sus propias resoluciones judiciales. Por supuesto, si los tribunales hubieran dictado una sentencia contraria a los intereses de los obreros de Coca-Cola, su respuesta habría sido la rápida actuación en favor de Coca-Cola.

Sin embargo, a día de hoy, las y los trabajadores saben muy bien que todavía no han logrado sus objetivos. La nulidad del ERE tiene que suponer la apertura de la fábrica como centro productivo y no logístico, y la completa integración de todos los trabajadores de la plantilla que todavía hoy no ha entrado a trabajar. Sabiendo que la apertura de la fábrica ha sido un éxito fruto de su lucha, no pierden de vista el objetivo de la integración de toda la plantilla en sus funciones productivas. Mientras, la campaña de boicot a Coca-Cola sigue, y la referencialidad de estos espartanos y espartanas nos sigue iluminando en el camino de lucha sin fisuras que tenemos que emprender toda la clase trabajadora.

Roberto Guijarro López