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Ahora que la evidente crisis estructural del capitalismo y la gestión que de ella hacen todos sus gestores políticos, conducen a la clase obrera, a los sectores populares y a la juventud a una pérdida absoluta de derechos y a un grave deterioro de sus condiciones materiales de vida, son muchas las iniciativas políticas y sociales para “cambiar las cosas” que se generan en el seno de la errónea e interesadamente llamada “sociedad civil” y muchas las personas implicadas -en su mayoría trabajadores y trabajadoras-  en ellas con altas dosis de altruismo y compromiso político y social.

Siendo este un fenómeno interesante (el de abrir los ojos a la lucha) del que su máxima expresión fue el llamado 15-M y sus diversas derivaciones en el tiempo, es innegable que su existencia -bien tratada por el sistema y sus medios de propaganda, incluso en alguna de sus expresiones más radicales, p.ej. la PAH- no afecta en lo más mínimo a la estabilidad del sistema y éste se sigue reproduciendo  únicamente con sus propias dificultades y contradicciones.

¿La razón? Unos la verán en la invulnerabilidad del sistema y concluirán la imposibilidad de cambiarlo, con gran regocijo del capitalismo y, tal vez, de quienes dieron forma a este nuevo tipo de lucha interclasista, asamblearia y horizontal que rompía con todo el acervo anterior de lucha de clases existente y tiraba a la basura, por inútil, la experiencia acumulada por la clase obrera en más de 150 años de organización y lucha. Y otros la vemos, justamente en lo contario, en la inutilidad de plantear luchas ajenas al núcleo y epicentro de la principal contradicción existente -capital vs trabajo- y el carácter social de las personas en función de esa misma contradicción.

Sin lucha de clases no hay motor de la Historia y quien la niega pretende pararla para eternizar los privilegios de unos pocos y la explotación del resto. Conclusión lamentable y, en absoluto decimos que buscada y/o deseada por las personas que participan de estas “nuevas” formas de lucha “ciudadana e interclasista”, pero realidad, al fin y al cabo, sí vemos la facilidad y el alto consenso social con que, a pesar del paro, la precariedad y el desmoronamiento institucional fruto de la corrupción, el capitalismo sigue ejerciendo su dictadura en clase en España.

La solución apunta, sin duda, a la necesidad de volver a la poner el punto de mira nuevamente en la resolución de la contradicción material que está en la base de los problemas sociales y que, junto a la opresión patriarcal, establece el cuadro de dominación  institucional sobre el que vive un sistema basado en la explotación y la alienación de la mayoría por la minoría.

Esa es la batalla: que la clase obrera, acompañada de los sectores populares y la juventud, recupere la iniciativa en la lucha de clases y la oriente con claridad hacia la toma del poder político para construcción del Socialismo y el Comunismo.

Una contraofensiva que tiene una herramienta eficaz, testada en el tiempo, que se llama PARTIDO COMUNISTA y a la que todos los obreros y obreras, jóvenes trabajadores y de extracción popular y, en general, todas las personas obligadas a vender su fuerza de trabajo, deseosos de acabar con la explotación y la injusticia, deben unirse sin esperar a que, por el fracaso y los límites evidentes de las reformas propiciadas por los nuevos y viejos reformistas, una nueva ola de derrota y pesimismo anule por un tiempo la capacidad de reacción de quienes por el bien y la supervivencia de la Humanidad estamos llamados a conquistar el Poder.

Julio Díaz