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 ….la clase obrera….deberá inscribir en su bandera la consigna revolucionaria:

¡"Abolición del sistema de trabajo asalariado!"

K. M.  Salario, precio y ganancia

 

Marx dejó asentado que toda lucha de clases era una lucha política. Una afirmación que de manera lamentable ha servido para justificar mil y una maneras del más persistente reformismo, al que ya Lenin combatió con la más firme posición teórica y de principios cuando apareció como "economismo" .

La  expresión de Marx  ha servido al reformismo  como roto y como   descosido. Desde el principio  prestó sus servicios para justificar el desaguisado político del reformismo más eminente expresado en el lema "el movimiento lo es todo, el objetivo final no es nada".

Además,  esta clara afirmación de Marx ha servido también, y muy especialmente, para justificar que exclusivamente  desde  la lucha por mejorar sus condiciones de trabajo y vida está ya justificado el discurrir del movimiento obrero. No hay que ir más allá.

Como decimos más arriba, ya Lenin combatió   firmemente está posición que impide a la clase trabajadora toda posibilidad de victoria. La mera lucha por motivos económicos es insuficiente para constituir un movimiento obrero fuerte e independiente, para construir la independencia política  de la clase obrera. La lucha por   mejorar las condiciones de trabajo y vida,  de forma natural se encuadra, se enmarca, en  una práctica de  lucha de clase. Es de clase, pero pertenece  a una lucha más primaria, más elemental, embrionaria, si se quiere. Claro que de no hacerlo “…veríase degradada en una masa uniforme de seres desgraciados y quebrantados sin salvación posible… Si en sus conflictos diarios con el capital los obreros cediesen cobardemente, se descalificarían sin duda para emprender movimientos de mayor envergadura". (K. M.) No podría capacitarse para otras acciones de mayor trascendencia, envileciéndose y miserabilizándose.  Sirve para asentar posiciones de clase sin ser suficiente para lograr la independencia de clase y conseguir el objetivo final.. Hay que elevar el nivel. El movimiento obrero, la clase trabajadora, debe   abarcar en sus demandas las de carácter  sociopolítico. Paso importante,  pero aún  insuficiente.

Efectivamente, hay que conseguir que la lucha de clase adquiera la mayor intensidad política, planteándose el problema del Estado.  La lucha de la clase trabajadora adquiere un carácter completo, eminente, desarrollado, corresponde plenamente a la independencia de clase y a una conciencia elevada cuando su planteamiento y actividad se dirige hacia el meollo del poder de Estado. El desarrollo de la clase y del propio movimiento obrero es más pleno, más consistente y se halla  más cerca de alcanzar otro tipo de reivindicaciones en tanto en cuanto sus planteamientos más se fortalecen  y más se acercan al meollo del poder del Estado.

Pasar por esos distintos estadios de la lucha de clases  —que no ocurren siempre de  manera lineal y consecutiva, en ocasiones se "revolucionan" y producen saltos imprevistos— requiere diversas maneras de organización y de lucha. En cuanto a estas últimas no se prescribe una sola manera. Se utilizarán los medios a disposición, correspondientes al nivel de conciencia y de organización adquiridos, sean legales o menos. Abarcará desde, por ejemplo, una huelga de empresa y sector, cajas de resistencia, solidaridad de otros sectores o huelgas generales y políticas llamando al resto del pueblo. Y desde la organización ya existen asambleas,  sindicatos, CUO's y otros posibles.

Especial atención merecen las células. No  han de limitarse a una acción meramente sindical.   Acercar a la clase en  su ámbito de actuación   a la conciencia de que hay que luchar contra todo el régimen del capital y su explotación, por la destrucción del Estado mantenedor del mismo  y la construcción de una sociedad sin clases ha de ser su principal objetivo político. Naturalmente, considerando siempre que la agitación hacia el objetivo final tiene sus gradaciones  "democráticas", que lo que hay que señalar en cada momento y reivindicación es el aspecto político no perteneciente al ámbito de las reformas.

Planteamiento último con sus limitaciones y cautelas, con sus grados intermedios, con consignas que señalen y acerquen al objetivo final.

Es muy correcto señalar la pertinencia de que la lucha por las mejoras de vida y trabajo es la primera y primaria a la que acceden la inmensa mayoría de trabajadoras/es y, en general, la primera que golpea su conciencia como clase. Pero hay que resaltar, poner en evidencia,  el otro aspecto: si las luchas de clase por el salario, en todas sus manifestaciones, constituyen un embrión de   lucha política, no podemos olvidar nunca, nunca, que el objetivo final de la clase es alcanzar la sociedad en que el salario sea abolido.

Conseguir que la clase trabajadora comprenda que ha de lanzarse a una lucha sin cuartel por lograr ese objetivo último ha de constituir un elemento permanente de nuestra actividad política.  

Julio Mínguez