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En este tris, ni quiero ni debo abstenerme de dedicarle unas zalameras y pelotilleras palabras a Rodrigo Rato y estampar aquí la tristeza que se adueñó de nuestros corazones cuando vimos cómo a un hombre de tan alta alcurnia y tan distinguido rango se lo llevaban detenido como si fuera un malhechor,  un carterista,  un mangante o un sinvergonzón.

 

Y... esa tragedia tuvieron que presenciar nuestros ojitos. El grácil cuerpo de un ex director gerente  del FMI, un Vicepresidente del Gobierno de España, ¡casi ná! trincado  por el cogote, hecho una “cocreta” y  acusado de fraude, alzamiento de bienes y blanqueo de capitales...

Por apremios de espacio, aceptamos lo del fraude y lo del blanqueo pero… ¿alzamiento de bienes? Por ahí sí que no pasamos. ¿Acaso el patrimonio del político estaba oculto? ¿Estaban los ahorrillos de Don Rodrigo escondidos en una diminuta huchita con cara de cerdito? ¿Los billetes de 500 hacían el mullido del colchón?   Lo peor de todo es esta indignante acusación. Nosotros no podemos tolerar tan manifiesta insolencia.

¡Hombre, por Dios! El señor Rato estaba fiscalmente amnistiado, además habíamos quedado en que los nombres de los defraudadores se mantendrían en secreto, y por arte de birlibirloque se  presentan en su domicilio (los ricos no tienen casa, tienen domicilio) unos policías judiciales con muy mala leche y se lo ponen  patas arriba, como si tener un patrimonio de unos cuantos millones creara alarma social. Los de Hacienda tendrían que respetar un poquito a quien ya en el 2012 solicitó la regularización fiscal y si los números no les cuadran que cambien al contable y contraten a un profesional en una ETT capaz de  entender que, en ocasiones, por pura discreción, en las declaraciones no se airean todos los detalles y que desviar algunos millones no tiene por qué generar sospechas. ¡Estaría bonito!

¡Qué malísima es la envidia! Vale que el gachó tuviera una vida grisecilla y de gustos muy exclusivos pero  los sacrificios que ha hecho este pibe por España ¿no cuentan?

Parece que ahora  despistar unos manojillos de billetes es fraude… ¿qué fraude ni fraude? ¿Dónde se ha visto que un  ex-Ministro de Hacienda defraudara al fisco?

¿Por qué no centran sus investigaciones en los parados que dispendian el subsidio en el bar del pueblo, o en las mujeres que dejan de pagar sus hipotecas por pura desidia, o en los afectados por EREs que someten a sus espléndidas empresas a situaciones de suma precariedad, o en las mujeres inmigrantes que aprovechan las consultas de sus hijos al pediatra para pedir recetas para consumo propio, o en los estudiantes que malgastan sus escuálidas becas en libros,  o en los huelguistas que reivindican derechos levantando barricadas y entorpecen el tráfico, o en los inmigrantes subsaharianos que saltan la valla con los bolsillos llenos de guita,  o en los niños que gorronean en los comedores escolares hasta “jartarse”?

¡No, hijos, no! no podemos actuar como verdugos y enemistarnos con un señor que entregó toda su sabiduría, en quilates, al servicio de España a cambio sólo de  234 míseros millones al año.

Los ricos también tienen derecho a ser tratados amorosamente por la Justicia.

Y… no vamos a  remontarnos a sus inicios  en política, en aquella plural y democrática Alianza Popular, cuando un  vigoroso y activo Rodriguín lucía 10 trajes para diario y muchos otros para los días feriados, queremos más bien, hacer alusión a los largos años de  paciente e intenso trabajo en las más afamadas instituciones financieras  en las que anotó despepitadores y pantagruélicos éxitos.

Hacía tiempo que nos olíamos la tostada pero ¿hay derecho a humillar al PP con este descrédito justo antes de las elecciones? ¿Va a terminar esta guerra con los huesines de Rato en una cruelísima cárcel?  La caída y el posterior rescate de Bankia y  lo de las tarjetas black nos olía a chamusquina, sabíamos que traería consecuencias y nos decíamos: “verás cómo a este alma cándida lo acaban chingando…”, pero por otro lado, nos daba confianza el hecho de que Telefónica y la Banca privada, que siempre fichan a personajes cumplidores y honorables, pusieran sus ojos en el imputado, deslumbrados por sus enredosos negocios y sus habilidades para multiplicar dinerito.

Por un barrigazo inofensivo e involuntario no se puede vapulear  a un hombre de tan buena familia y reputación y someterle a tan mal Rato y  al  repugnante bochorno de introducir en un coche a collejazos y golpetazos a un “serhumano” ¡caramba!