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El 9 de mayo se conmemora el 70 aniversario de la Gran Victoria Antifascista de los Pueblos, efemérides imprescindible en la historia de los trabajadores y los pueblos de Europa. Ese día, el mariscal alemán Wilhelm Keitel firmaba ante el mariscal soviético Georgi Zhukov la rendición incondicional de la Alemania nazi, pocos días después de la toma de Berlín por las tropas soviéticas, inmortalizada gracias a la famosa foto de la bandera roja ondeando en el Reichstag.

 

Sólo unos días antes, Italia se había librado también de los restos del gobierno de Benito Mussolini y se había producido la rendición total de las tropas fascistas en el país; el mismo día 9, los partisanos comunistas liberaban Zagreb del gobierno pro-nazi croata de Ante Paveli?.

Con la rendición alemana ante los soviéticos se cerraba una de las páginas más negras de la Historia de la humanidad, que también ha sido fruto de posteriores deformaciones y tergiversaciones que han asentado en el imaginario colectivo de los países occidentales que la derrota del nazi-fascismo fue obra de EEUU y Gran Bretaña, minimizando así el papel del Ejército Rojo y asentando la idea de que los avances soviéticos hasta Berlín significaron una nueva ocupación de los países afectados y no una liberación, como efectivamente fue.

La guerra ideológica que se comenzó a librar inmediatamente después de la toma de Berlín presentó ante el público occidental una imagen distorsionada de todo el proceso que se inició tras la derrota nazi en Stalingrado (1943) y que puso fin a los diversos gobiernos aliados del Alemania en Hungría, Rumanía, Bulgaria, Polonia, Finlandia o Ucrania, muchos de ellos de carácter abiertamente fascista. Esta victoria popular, encabezada por el Ejército Rojo pero que contó siempre con el apoyo y colaboración de las fuerzas partisanas en cada país, fue la que permitió que, posteriormente, se fuesen constituyendo las diversas Repúblicas Populares que conformaron la parte sustancial del bloque socialista mundial en la segunda mitad del siglo XX junto con la Unión Soviética.

Defender y conmemorar el 9 de mayo como Día de la Victoria significa, por tanto, no sólo hacer frente a las manipulaciones históricas, sino también tomar partido en la lucha ideológica que se sigue librando y que tiene uno de sus episodios más lamentables en la campaña anticomunista que diversos centros ideológicos y de poder europeos desarrollan sistemáticamente.

Más allá de la interesada declaración del 9 de mayo como “Día de Europa”, tomando para ello la declaración Schumann de 1950, hoy la Unión Europea apoya el resurgimiento de los herederos de aquellos gobiernos aliados del nazi-fascismo en países como Ucrania, Hungría o Polonia, mientras tolera y alienta la ilegalización de los símbolos y organizaciones comunistas, equiparándolos con los nazis y fascistas. Podría parecer una broma macabra, pero es una operación que quiere destruir la memoria y el recuerdo de los millones de mujeres y hombres que lo dieron todo, hasta la vida, por luchar contra el nazi-fascismo, y de cuyo ejemplo debemos tomar fuerzas los y las comunistas de hoy para superar los enormes retos que tenemos por delante.

Á.G.