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Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Indonesia (150 millones de habitantes en aquel momento) proclamó su independencia en 1945. Concluían así tres siglos y medio de colonialismo holandés y con ellos centenas de años de saqueo de sus recursos naturales: oro, cobre, petróleo, etc.

Ahmed Sukarno, gran líder de la lucha por la independencia, tras cuatro años de combates para impedir que holandeses e ingleses ocupasen de nuevo el territorio indonesio, se convierte en Presidente del país asiático en 1949. Se inicia entonces - con el apoyo del poderoso Partido Comunista Indonesio (PKI) -  una política popular y antiimperialista que a todas luces no gustó a los Estados Unidos, el nuevo amo del mundo. Disgusto que se concretizó, después de años de injerencias y provocaciones de la CIA, en un sanguinario golpe de estado militar que derrocó al Presidente Sukarno y exterminó a más de 1 millón de comunistas. Es precisamente de ese exterminio - de ese genocidio - que nos habla el espeluznante (y mido mis palabras) documental The Act Of Killing (El Acto de Matar), del cineasta tejano Joshua Oppenheimer (Texas, 1974), producido por Dinamarca y Noruega, rodado en 2012 y ahora disponible en formato DVD.  

Alucinante y pavoroso viaje

La película no escatima metraje (115 minutos en su versión comercial, 159 en versión extendida) para, y ahí reside la fuerza del filme, contarnos a partir del testimonio de algunos asesinos que aún viven las atrocidades que cometieron con los comunistas hace exactamente 50 años. Así, relajados, seguros de sí mismos y orgullosos de lo realizado, paramilitares, miembros de los escuadrones de la muerte y mafiosos sádicos y sin escrúpulos van recreando con las gentes del lugar los asesinatos, torturas, violaciones, decapitaciones, etc., sin que, ni los ciudadanos ni los homicidas,  manifiesten el menor sentimiento de culpabilidad. Al contrario, cuando se les pregunta sobre si tienen conciencia de que lo cometido son crímenes contra la humanidad, responden con cinismo inusitado que son los vencedores quienes determinan qué son crímenes contra la humanidad.

Dos momentos del documental me parecen particularmente odiosos, crueles y desconcertantes, uno cuando en una emisión de televisión donde se desarrolla un debate con estos asesinos -considerados hoy en Indonesia como héroes - la presentadora explica con toda naturalidad que estos individuos han perfeccionado la matanza de comunistas con métodos más eficaces y menos dolorosos. Y otro cuando en el transcurso de un discurso pronunciado por el actual vicepresidente indonesio ante paramilitares de Juventud de Pancasila este elogia el trabajo de la mafia e incita a que se apalee a todo oponente.

Al final del alucinante y pavoroso viaje y tras frotarnos los ojos para cerciorarnos que lo visto en la pantalla es verdad, uno se pregunta ¿cómo en nuestra época se ha podido construir una sociedad sobre el desprecio del ser humano, la ausencia de valores, la corrupción y el terror? ¿Por qué las instituciones internacionales defensoras de los derechos humanos, tan dispuestas a hacerlos respetar en otras latitudes, miren aquí para otro lado?, y sobre todo, ¿Por qué  estos crímenes contra la humanidad, cometidos por intereses espurios, permanecen impunes y no se condena a Estados Unidos verdadero artífice de tan enorme barbarie? Preguntas todas que, sin embargo, no plantea Joshua Oppenheimer. Una pena, pues si se hubieran abordado, incluidas las respuestas pertinentes, el extraordinario documental no tendría desperdicio alguno.

Rosebud