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Muchos son los estudiantes y las familias que piensan en el estudio de carreras con un alto nivel de prestigio y una relativa demanda social como una salida a su actual situación socioeconómica. Los estudios de medicina siempre han sido una opción a considerar ya que se trata de una profesión bien vista y con una necesidad incesante de nuevos trabajadores. Este artículo pretende explicar las dificultades del estudiante a la hora de emprender la carrera y la posterior realidad laboral a la que se va a enfrentar en la actualidad y en un futuro inmediato.

 

La primera traba para iniciar los estudios es la alta nota de corte. Esta nota se debe a la alta demanda de la carrera y las plazas relativamente limitadas. Debido a esto el acceso a la formación queda limitado solo a aquellos estudiantes con una mayor capacidad o recursos para el estudio. Por ello podemos diferenciar dos perfiles fundamentales de estudiantes: por una parte estudiantes de clase trabajadora que deben dedicar una gran cantidad de esfuerzo para alcanzar las calificaciones deseadas y, por otra, estudiantes provenientes de familias adineradas que pueden costearse academias y centros especializados para garantizar el acceso de sus hijos. Esta problemática se verá agravada con la LOMCE, que posibilita que las universidades hagan exámenes específicos de entrada, lo que permite buscar perfiles específicos que excluyan, de facto, a una gran parte de la población.

El segundo escollo a superar es económico. La carrera de medicina posee un alto grado de especialidad, lo que hace que los precios lleguen a rondar los 3000 euros por curso en algunas comunidades autónomas. Si a esto le sumamos que la duración de la carrera es de 6 años estamos hablando de un coste total de hasta 18000 euros, si no se ha suspendido ninguna asignatura. No solo eso, sino que la cantidad de prácticas y de periodos de estudio incesante hacen muy difícil compatibilizar el estudio con un trabajo. También debemos considerar que los gastos derivados del transporte y el alto precio de los materiales hacen necesario contar con un fuerte sustento económico sin el cual no se puede realizar este estudio.

Una vez superada la carrera el Estado obliga a realizar un examen para poder optar a una plaza de residente en el sistema sanitario español, esta prueba se conoce coloquialmente como el examen MIR y es la única manera de poder ejercer la medicina con garantías dentro del estado. La elevada dificultad y arbitrariedad de esta prueba hacen que la mayoría de los estudiantes se matriculen en academias privadas cuyo precio ronda los 1500 euros, con el único objetivo de sacar una nota suficiente para optar a la especialidad deseada.

El periodo de residencia es de 4 ó 5 años en función de la especialidad y se caracteriza por jornadas laborales de hasta 56 horas semanales. Debido a los recortes en sanidad la carga de trabajo que afrontan los residentes se viene incrementando de manera exponencial los últimos años, mientras que los salarios se han reducido e incluso se han suprimido algunas pagas. Ya se ha aprobado una reforma en el sistema de residencia que abre la posibilidad de aumentar el número de años de residencia y reducir el salario de los residentes.

La conclusión que podemos extraer es que para los estudiantes y las familias trabajadoras estudiar medicina supone un coste y un esfuerzo más que notable ya desde antes del inicio de la carrera. Además la tendencia actual a la privatización del sistema sanitario hace de los recientes titulados mano de obra barata y sobre-explotada. La lucha por una educación y una salud al servicio del pueblo trabajador pasa ineludiblemente por conocer esta realidad y poner medidas para apoyar a estos estudiantes y trabajadores.

Pau Román, licenciado en medicina por la UB